5779

 - by Mariana Lev

Esta cifra así en seco, probablemente no le dice nada a millones de seres humanos, pero es de gran trascendencia para una de las minorías del mundo, el pueblo judío.

El 9 y 10 de setiembre los judíos celebramos la llegada de un nuevo año, el 5779, a partir del nacimiento del judaísmo, entendido como la religión, tradición y cultura del pueblo judío. Su práctica religiosa se basa en cumplir con los preceptos bíblicos de la Torah o Pentateuco, uno de los tres libros que conforman el Tanaj o Antiguo Testamento.

El judaísmo es la más antigua de las tres religiones monoteístas, originadas en Medio Oriente y conocidas como “religiones del Libro o Abrahámicas”. Tanto el cristianismo como el islam, derivan del judaísmo, pero el judaísmo surge miles de años antes del cristianismo -basado luego de su muerte, en la vida y enseñanzas del judío Jesús de Nazaret, a mediados del siglo I d.C- y del Islam, fundado por  Mahoma en el año 622 en La Meca, actual Arabia Saudita.

Aunque fue la primera religión que rompió con el politeísmo, el pueblo judío está conformado actualmente por 14 millones y medio de personas, cerca de dos millones menos que en 1939 cuando la población judía mundial se calculaba en unos 16 millones. Con el genocidio causado por el régimen nazi entre 1939 y 1945, 6 de los 9 millones de judíos europeos fueron aniquilados.

Por otra parte, el cristianismo cuenta hoy con 2400 millones de fieles y el Islam con 1400 millones, siendo las dos religiones con más seguidores en el mundo.

En estos 5779 años de vida, el pueblo judío ha sufrido exterminios, persecuciones, rechazos, calumnias, infamias y otras enormes vejaciones, que se disfrazan con muchos nombres pero se resumen en antisemitismo.

El pueblo judío se estableció en Canaan y Judea durante miles de años, donde su religión y cultura floreció, teniendo como su centro espiritual a Jerusalén. Pero la tierra ancestral fue objeto de dominaciones asirias, griegas y romanas que los judíos enfrentaron a través de la historia.

Sin embargo, durante el  dominio romano del 66-73 d.C. el pueblo se sublevó contra los opresores, pero al perder la guerra éstos conquistaron Jerusalén, destruyeron el Segundo Templo y aniquilaron a más de un millón de judíos.

A pesar de esta catástrofe y de que muchos abandonaron Judea o fueron esclavizados, los judíos se mantuvieron en su tierra y del 132 al 135 d.C. nuevamente pelearon contra los romanos, pero esta vez el emperador Adriano los venció, expulsándolos de su patria. El imperio convirtió a Jerusalén en la colonia romana Aelia Capitolina y cambió el nombre de Judea por el de Siria Palestina, derivado de los filisteos, antiguos adversarios de los judíos.

Es en ese momento que la mayoría de los judíos son llevados a distintos confines del Imperio Romano y a duras penas empiezan a crear pequeñas comunidades en Medio Oriente y parte de Europa. Esta etapa se conoce como la diáspora, ya que se trata de una dispersión forzada y es a partir de ese momento que se genera un fuerte anhelo por retornar a su patria, lo que se transmite a muchas generaciones. De hecho, todos los años, al celebrar el año nuevo, los judíos decimos desde hace siglos: El año entrante en Jerusalén.

Al ir creciendo estas comunidades judías en Europa, los obligan a moverse básicamente dentro de éstas y se les denomina guetos. También les impiden poseer tierras o trabajar como agricultores. Al ser un pueblo acostumbrado a la lectura por la obligatoriedad del rezo, terminaron dedicándose a oficios como el comercio, peletería, sastrería, zapatería y otros.

Pero las persecuciones y asesinatos de judíos europeos fueron endémicas en Europa, donde debieron sufrir inquisiciones y pogromos, originados en el antisemitismo, que históricamente fue  tomando matices religiosos, políticos o económicos.

Aun así, en las naciones más avanzadas como Francia, Inglaterra o Alemania, los judíos empezaron a tener más derechos y con el tiempo pudieron asistir a escuelas, colegios y universidades del país, por lo que accedieron a profesiones como medicina, química, ingeniería, filosofía, arquitectura, leyes, literatura o artes plásticas; otros muchos también se incorporaron a los ejércitos de las que naciones donde fueron considerados ciudadanos.

Por otra parte, los judíos que se establecieron en Medio Oriente -en Turquía, Irán, Iraq, Siria,  Marruecos- no fueron perseguidos por muchos siglos, sino que se les permitió seguir con sus tradiciones al ser considerados uno de los “pueblos del libro”.

En 1947 y luego del horror del Holocausto donde murieron seis millones de judíos, la Liga de las Naciones aprobó la partición de Palestina en un estado judío y otro árabe, al dividir un territorio de unos 26000 kilómetros cuadrados y darle 14100 kilómetros cuadrados a los primeros y 11500 kilómetros cuadrados a los segundos. En ese momento no se hablaba de un pueblo palestino para denominar a los árabes que vivían en esa tierra, eso será mucho después.

No será hasta la década de los 1970 que se hablará del pueblo palestino como los habitantes árabes de esa zona.

Así decidieron repartir un territorio que luego de tres siglos de dominio otomano estaba bajo el Mandato Británico desde 1920, y donde vivían ahí algunos miles de judíos y árabes, siendo una región pobre, poco productiva y casi olvidada para el resto del mundo.

Pero no para los judíos, ya que desde finales del siglo XIX con el surgimiento del sionismo, definido como el retorno a Sión, cientos de jóvenes europeos estaban volviendo a la patria ancestral para desarrollar una nación socialista, lejos del antisemitismo. Con la ayuda de filántropos judíos estaban comprando tierras a los árabes, y en estas zonas desérticas empezaron a sembrar, a sacar agua de las piedras y a trabajar sin descanso para  concretar su sueño.

No eran religiosos, no llegaron con libros de rezos o esperaban que milagrosamente todo floreciera. Ellos creían en la igualdad social, en la libertad y en crear una nación donde no fueran perseguidos, una patria para ser ellos mismos.

Y no fue nada fácil porque las tierras estaban bajo el dominio británico y muchos entraron ilegalmente, además de que hubo enfrentamientos con los pobladores árabes.

Se dieron atrocidades por parte de todos y la tensión fue creciendo mientras más inmigrantes llegaban antes, durante y después de la Segunda Guerra mundial.

En este entorno difícil, tenso y lleno de incertidumbre, surgió el Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, poco antes de que concluyera el Mandato Británico sobre Palestina.

La partición no fue aceptada por los vecinos árabes y el Estado de Israel, a escasas horas de ser fundado, enfrenta su primera batalla militar, la Guerra de Independencia, la cual gana.

En los años siguientes vendrán otras guerras, la de Suez, la de Los seis días, la de Yom Kippur, las del Líbano, los enfrentamientos con los grupos terroristas como Hezbolah y  Hamas que gobierna Gaza, desde que Israel salió voluntariamente de esa zona, las amenazas de Irán…

Muchas de las situaciones que se viven hoy en esta zona del mundo están enraizadas en todo lo anterior y ese peso histórico hace muy difícil encontrar balance, equilibrio o soluciones.

Pero la historia se impone. El pueblo judío cumplirá 5779 años en estos días. A todas horas alguien que se reconoce como judío, ya sea religioso, laico, ateo, llega al Estado de Israel y de acuerdo a la Ley del Retorno se convierte en ciudadano de este país de manera inmediata. Judíos de Europa, de América, de India, de China, de Etiopía, de Sudán, conviven en este pequeño país del que también soy ciudadana hace casi un año.

Hoy la población de Israel supera los 8,9 millones de habitantes, de los cuales un 20,9% son árabes y un 4,7% pertenecen a otras comunidades y religiones. Yo convivo diariamente con personas muy distintas en esta sociedad pluricultural y democrática. Mi hija está iniciando estudios en la universidad de Tel Aviv y gran parte de sus compañeros son jóvenes árabes israelíes con quienes está entablando amistad, así como también con drusos o israelíes de distintas naciones como Etiopía y Francia.

En este Año Nuevo miles de judíos de distintas partes del mundo e israelíes religiosos rezarán en el Muro de los Lamentos, único vestigio del Segundo Templo destruido por los romanos. Pero otros miles de israelíes que no son religiosos aprovecharán estas fechas para viajar fuera del país.

Israel es un verdadero crisol que aglutina sentimientos y pensamientos diversos. No es un país perfecto, pero sabemos que ninguno lo es. Lo que sí es una pequeña nación llena de vida y personas que lo llaman patria.

Durante miles de años los judíos fueron perseguidos por ser eso, judíos.

Durante miles de años no tenían opciones, su patria estaba destruida, dominada por otros. Pero conforme renació la esperanza también surgieron las decisiones, intrépidas e incluso suicidas para muchos, pero gracias a quienes lograron retornar, a aquellos orgullosos sionistas que cambiaron rezos por azadas, el Estado de Israel es una realidad. Todo judío donde quiera que esté sabe que aquí siempre tendrá su hogar.

Cada día se descubre algún nuevo tesoro arqueológico que comprueba la existencia de vida judía en Israel hace miles de años y eso, para quienes no somos particularmente religiosos, es un símbolo fundamental de que vengamos de donde sea, esta es nuestra tierra ancestral.

Alguien me preguntó una vez qué significaba para mí ser judía y respondí in dudar un segundo: una identidad.

Feliz 5779

 

 

A la distancia

 - by Mariana Lev

Costa Rica acaba de elegir como su presidente 48 a Carlos Alvarado, en una elección sin precedentes, pero que sin duda ha sentado uno.

Una primera ronda electoral dejó fuera de circulación a los candidatos de los partidos tradicionales, llevando a una confrontación inédita en la historia política de esta democracia latinoamericana, entre el pastor evangélico Fabricio Alvarado de Restauración Nacional; y Carlos Alvarado, candidato del oficialista Partido Acción Ciudadana, PAC, ganador de ésta con más del 60% de los votos.

Hace cuatro años el país también vivió un viraje político inesperado, cuando el electorado percibió que el duelo final sería entre el Movimiento Libertario y Frente Amplio, a la derecha e izquierda del espectro electoral.

Este temor terminó con una segunda vuelta entre Luis Guillermo Solís, candidato del PAC y quien emergió de una posición distante para enfrentarse con el de Liberación Nacional, Johnny Araya, quien anticipando su derrota decidió retirarse de la contienda.

La segunda ronda fue también inusual ya que Liberación Nacional no tenía candidato pero pedía votos, mientras Solís salió por todo el país en busca del millón de votantes para validar su triunfo más allá del retiro de su contrincante, lo que finalmente logró.

Sin embargo, con una Asamblea Legislativa atomizada en nueve fracciones parlamentarias, entre estas la del partido evangélico Restauración Nacional,  y la inexperiencia de un primer gobierno ajeno al bipartidismo, el mandato de Solís no está terminando de forma feliz, sino que por el contrario, deja descontento y frustración, además de estar ensombrecido por uno de los más grandes casos de corrupción de la historia reciente del país, conocido como “el cementazo”.

La pregunta lógica en todo esto sería cómo llega el candidato del PAC en esta contienda, habiendo sido jefe de campaña de Solís y su ministro, a convertirse en el ganador de esta segunda ronda, cuando el gobierno sale mal parado en credibilidad, rendimiento y ejecución de obra.

Acá entra en juego su contrincante final, por un lado, y el enorme desgaste de los otros partidos, que no lograron sobrepasar los mínimos indispensables para la segunda ronda.

Repasemos rápidamente los últimos resultados de la primera ronda, emitidos por el Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica al finalizar el conteo de todas las mesas de votación el pasado 23 de febrero, donde se contabilizaron 2.182,764 votos, un 65,7% de votantes y un  34,3% de abstencionismo nacional.

Para asombro de la mayoría costarricense, el partido Restauración Nacional, encabezado por Fabricio Alvarado, pastor evangélico, cantante y periodista, obtuvo un 24,9% de votos; Acción Ciudadana, con el comunicador, politólogo y escritor Carlos Alvarado, un 21,6%; Liberación Nacional 18,6%, Unidad Socialcristiana 15,9%, Integración Nacional 9,5%, Republicana Socialcristiano 4,9%, Movimiento Libertario 1% y Frente Amplio 0,7%. Otros cinco partidos obtuvieron menos de esos porcentajes de votación.

Entonces, de esta primera ronda electoral lo más impresionante fue el ascenso de Restauración Nacional, luego el segundo lugar del PAC a pesar de las enormes críticas y denuncias, así como el descenso del bipartidismo tradicional representado por Liberación Nacional y la Unidad Socialcristiana durante más de treinta años, y el desplome del Movimiento Libertario y del Frente Amplio.

Con respecto a la conformación de la futura Asamblea Legislativa costarricense, en el último conteo del Tribunal Supremo de Elecciones del 23 de febrero se sumron 762,348 votos, con un 68,3% de votantes y 31,6% de abstencionismo.

De acuerdo a esos resultados, la nueva camada de diputados a partir del 1 de mayo próximo estará conformada por 17 legisladores de Liberación Nacional, 14 de Restauración Nacional, 10 de Acción Ciudadana, 9 de la Unidad Socialcristiana, 4 de Integración Nacional, 2 del Republicano Socialcristiano y 1 del Frente Amplio. Más del 10 partidos que participaron en las elecciones legislativas quedaron fuera del Congreso, incluyendo al Movimiento Libertario que tuvo representación durante los últimos cinco gobiernos.

Con este panorama político se enfrentaron durante los últimos dos meses los candidatos que comparten apellido pero nada más.

Fabricio Alvarado se fortaleció con una posición ortodoxa que es común a muchas iglesias que se oponen al matrimonio homosexual y también de muchas formas a los derechos de las personas de la comunidad LGTB, haciendo hincapié en el rol de la llamada familia tradicional y los valores de su fe. Por su parte, Carlos Alvarado llevó un mensaje enfocado a la apertura, la tolerancia, la reconciliación, abogando por un gobierno de unidad; lo que reforzó al recibir el respaldo del ex candidato del partido Unidad Socialcristiana, Rodolfo Piza, y manteniendo alguna distancia del actual gobierno.

Fue una campaña dura, difícil, que exacerbó los ánimos de muchos y preocupó a todos de distintas formas. Para unos se trató de una especie de guerra santa donde un pastor erigido en especie de mesías electoral venía a rescatar a una sociedad decadente; para otros, de dar una lucha contra la intolerancia y la discriminación de la que podrían ser objeto muchos ciudadanos, con un gobierno sesgado en términos de derechos, género y sexualidad.

Hoy Costa Rica ya tiene su decisión tomada y de una manera similar a como llegó Luis Guillermo Solís al gobierno en 214 lo hará su sucesor y amigo Carlos Alvarado. Solís triunfó donde el país quería un cambio pero no hacia los extremos; Alvarado lo hace donde el país impone la tolerancia.

Eso no quiere decir que lo que viene sea bueno. Si Alvarado no logra crear una verdadera unidad para gobernar, algo de lo que se habló profusamente en la campaña de 2014 y no se dio, es posible que enfrente serios problemas al tratar de poner en marcha su programa de gobierno.

Los líderes de Liberación Nacional en su mayoría le dieron su respaldo a Fabricio Alvarado y ambas fracciones parlamentarias suman 31 diputados, mientras que el PAC y el PUSC  apenas 19, lo que requerirá de negociaciones importantes con los 7 legisladores restantes y aun así serían 26 contra los dos grupos opositores.

Además, es posible que el caso del “cementazo” avance en los medios judiciales y esto podría llevar al enjuiciamiento de personas muy cercanas a este segundo gobierno del PAC.

Pero más allá de todo este periplo lectoral, que a la distancia a veces parecía una opereta de mal gusto, está un país cansado, con varias generaciones que han crecido bajo lo que el politólogo Rodolfo Cerdas llamó “el desencanto político”.

Desde el “porta a mí” que ha llevado a un abstencionismo arriba del 30% en la mayoría de las recientes elecciones y menor involucramiento en la vida política, hasta el que ahora en esta última campaña, con la primicia de un pastor candidato, miles de ciudadanos salieran a buscar un salvador, no un presidente, y esa es una señal sumamente peligrosa para una democracia.

Yo no pongo en duda que en las iglesias de todo tipo hay personas muy bien intencionadas, como otras que no lo son. En Costa Rica las grandes reformas sociales que se realizaron en la década de 1940 durante el gobierno del Dr. Rafael Angel Calderón Guardia tuvieron el respaldo del Arzobispo de San José, Víctor Manuel Sanabria, gran reformador social que llevó a la firma del artículo sobre las Garantías Sociales en la Constitución Política del país.

Y no debemos olvidar que el presidente Solís tuvo a su lado como jefe de campaña y ministro de la Presidencia al obispo luterano Melvin Jiménez, quien renunció por serias críticas en 2015.

Hay otros casos en la historia costarricense de políticos salidos del púlpito, aunque no son muchos. Pero cuando el púlpito se convierte en trinchera política y se mezclan los temas nacionales con la fe, estamos en problemas.

Esto sucedió en la reciente campaña, generando mensajes que distaban mucho de los que debe emitir un guía espiritual cuando está en ese rol. Y menos un candidato a la presidencia de un país.

Y dejo aquí algunas reflexiones elementales:

Los derechos de las minorías deben resolverse en las instancias políticas y judiciales correspondientes, no en el púlpito.

El déficit fiscal abrumador que se come al país, debe resolverse en las instancias políticas, económicas y financieras correspondientes, no en el púlpito.

El enriquecimiento ilícito, la corrupción, el tráfico de influencias, se resuelven en los tribunales, no en el púlpito.

La pobreza que enluta a casi 400 ooo costarricenses se resuelve en las instancias políticas, económicas y asistenciales, no en el púlpito.

Costa Rica se llevó un susto. El país vio cómo podía dividirse a partir no de las posiciones ideológicas que han sido la base de las votaciones históricas, sino por la fe, que debe quedar en los recintos religiosos.

Ojalá sea una lección aprendida.

En otras palabras

 - by Mariana Lev

Al conmemorase hoy el Día Internacional de la Mujer, comparto con ustedes los poemas acerca de nuestra hermandad y lucha constante, que se incluyen en mi libro “La galaxia de la nada”, EUNED 2015.

Otredad

1.

Cuántas mujeres fui

antes de ser yo?

De qué sombras,

de qué voces, de qué almas

nació ésta?

________________________

2.

Con la plegaria al viento

vas por el surco

hiriendo la hembra verde.

Sin detenerte

dejas que fluya

la gota bienhechora

por tu rostro

curtido de soles.

 

Eres campo

donde retoña

mil veces el alba.

Eres asombro transparente

y amasas estrellas

en la luna que crece.

_________________________

3.

Me pierdo y encuentro

en la hembra

luminosa

nutricia,

comunión de piel y savia.

_________________________

4.

Tengo un pacto

hecho en el silencio

de cada mañana.

Sin sangre

sin señas

sin promesas,

es solo un secreto

que compartimos

en la dulzura de los atardeceres

al final de un aguacero.

 

Hemos pactado

con tu tristeza valiente

con mi miedo,

y la esperanza

galopando en la sangre rebelde

porque soñamos los mismos sueños

estrujadas en milenios

de pesadumbre.

 

Mujer, mujer

hembra fecunda

infecunda

toma mi mano

-es la tuya-

y escucha

este eco de alas.

_______________________________

5.

Camino

desbocada

por un mundo impropio.

Sin fuerza en el alma

incapaz de comenzar

el vuelo solitario,

como un fantasma

disfrazado de mujer

me deslizo en el día.

___________________________________

6.

Puedo convertirme

en otra mujer de sal.

Con ojos vacíos de llanto

deshecha en el tiempo

inerte ante el horror

de todas mis preguntas.

 

El viento rasgará

este cuerpo

-estatua en el desierto-

pulverizando el alma

mientras callará por siempre

el grito de mis voces.

___________________________

7.

Al filo de un abismo

caminaré siempre.

Nada es seguro

para mí,

ni el amor

ni el dolor.

___________________________

8.

No hay candado

ni llave

pero intento salir

y no puedo.

Ahora vivo aquí

 - by Mariana Lev

Vine a Israel por primera vez a mis 18 años en 1976, en una visita de 12 días acompañando a mi mamá, que había sido enviada por el gobierno de Costa Rica a varios países europeos y también acá para conocer las emisoras de radio y televisión estatales, con el fin de establecer la Radio Nacional, que ella fundó y dirigió por varios años.

Fue un viaje un poco alucinante ya que nos incorporaron a un grupo de periodistas latinoamericanos y nuestro recorrido turístico incluyó mayoritariamente los sitios de importancia para la religión católica.

También pude encontrarme con varios amigos y amigas de Costa Rica que estudiaban acá y quienes trataron de convencerme de que me quedara, lo que pude haber hecho si problema, ya que mi papá me había dicho antes de viajar que si quería estudiar en alguno de los países que iba a visitar él me pagaría la universidad.

Pero bueno, ya tenía más de un año de carrera en Periodismo y una relación de noviazgo que ese mismo año terminaría en matrimonio, así que desistí, pero durante esos 12 días tuve un gran debate interno, porque una parte de mí quería quedarse en Israel.

En ese entonces, este país tenía apenas 28 años de existencia, era básicamente una nación agrícola basada en la filosofía de comunidades y cooperativas conocidas como kibutzim, produciendo para el auto abastecimiento, lo que en esa época era un modelo de desarrollo a escala mundial, donde la globalización aun no jugaba el rol que ha tenido en las últimas décadas.

Para ese momento Israel había librado las guerras de Independencia en mayo de 1948, la de los Seis Días en 1967, y la de Yom Kippur en 1973. En estas conflagraciones había recuperado territorios y también capturado otros a sus enemigos, que en ese entonces eran todos los países árabes circundantes.

Para 1976, también un comando israelí de élite había logrado liberar 103 pasajeros judíos, de los 248 secuestrados por terroristas palestinos en una aeronave de Air France, quienes la desviaron al aeropuerto de Entebbe en Uganda, donde contaron con la colaboración del ejército del dictador Idi Ammin. Los 145 pasajeros no judíos de la aeronave fueron liberados al aterrizar y los rehenes quedaron en manos de los terroristas bajo amenaza de muerte si no se cumplían sus demandas. Luego de una semana de secuestro y en una operación que duró 53 minutos el ejercito israelí pudo rescatar a la mayoría, ya que hubo tres rehenes muertos y el comandante de la operación, hermano del actual primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.

A Israel se le reconocía como un nación pujante, valiente y emprendedora, que ya contaba con uno de los ejércitos mejor entrenados y más estratégicos del mundo, en apenas 26 años de existencia.

Recordemos que el Estado de Israel había sido creado oficialmente por las Naciones Unidas luego del genocidio nazi contra el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial, pero que en realidad fue fundado por los judíos sionistas que retornaron a su tierra ancestral desde finales del siglo XIX y mayoritariamente a partir del siguiente siglo.

En mayo de 1948, luego de la salida de los ingleses de este minúsculo territorio, las Naciones Unidas decide partirlo en una nación judía y otra árabe, lo cual Israel acepta y sus vecinos no, librándose la llamada Guerra de Independencia.

Muchos de los que pelearon y murieron en esta primera guerra eran sobrevivientes del Holcausto, que habían llegado acá durante la Segunda Guerra Mundial o al final de esta, pensemos que no tenían ni 10 años de haber sobrevivido a una de las mayores hecatombes de la historia humana, y en su mayoría eran personas que habían perdido a todos sus familiares.

Volviendo a mi historia personal, luego de esa breve estadía y por muy distintas razones, no regresé a Israel sino en 2013, cuando mi hija menor pasaba un año aquí como parte de un programa mundial para jóvenes líderes.

El país que encontré luego de 37 años no tenía ningún parecido con el que conocí en mi juventud, que yo describía “como lleno de hermosas ruinas, muchos kibutzim y pocas ciudades”.

Me encontré una nación moderna, desarrollada en grado extremo, con ciudades hermosas y gente de muchísimos países radicada aquí  o como turistas.

Con pocos kibutzim, y un enorme enfoque hacia la educación y la creatividad, principalmente en el área de la alta tecnología, ya que de este pequeño y próspero país han salido algunas de las mayores innovaciones que el mundo utiliza hoy. Ni se diga de los avances científicos en medicina y otras áreas, que hacen de Israel una potencia en el conocimiento.

Ese viaje turístico me permitió relacionarme con el actual Israel y luego de que mi hija confirmara su decisión de vivir acá, los otros dos viajes que hice para verla, empezaron a alimentar nuevamente ese deseo de permanencia surgido a mis 18 años.

En Israel existe la llamada Ley del retorno, que le permite a toda persona que demuestre que uno de sus cuatro abuelos fue judío, vivir en este país mediante el proceso conocido como Aliah, implementado por el gobierno israelí desde la creación del Estado judío, como respuesta a las políticas antisemitas del nazismo, que utilizaron la misma fórmula para asesinar a seis millones de judíos.

Mi decisión de vivir en Israel tiene entonces muchas ramificaciones, que van desde lo muy personal hasta lo ideológico, y que me llevaron a hacer mi Aliah en noviembre del año pasado.

Aunque aun no he empezado a trabajar ni tengo idea de en qué lo haré, el próximo mes tomaré el curso de hebreo que el gobierno le da gratuitamente a cada nuevo inmigrante durante cinco meses, para que se familiarice con este hermoso idioma y pueda adaptarse a la sociedad israelí.

Mientras tanto, he estado acomodándome en mi nueva casa, disfrutando de pasear por las calles de la ciudad donde vivo, sorprendiéndome cada día con esta sociedad vibrante, abierta, diversa y única.

Israel sigue siendo fuente de noticias casi todo el tiempo, lamentablemente la mayor parte de este, se le retrata solo en función del conflicto con los palestinos, olvidando que como un país próximo a celebrar apenas 70 años de vida, le ha dado al mudo y le sigue dando, aportes invaluables que la mayoría desconoce.

Como actual ciudadana israelí, sé que esta sociedad no es perfecta y que ninguna lo es, pero en las calles la gente camina contenta, los niños van solos a la escuela en autobuses, y las casas no tienen una sola reja, no hay atentados con armas entre israelíes y mucho menos atacantes que entren a instituciones educativas, cines o sitios de culto o entretenimiento, dejando decenas de muertos entre sus conciudadanos.

No dudo que hay un serio conflicto con los palestinos y como muchos, apoyo una una solución de dos estados, pero el peso y repudio internacional que muchas veces recibe Israel acerca de este asunto es descomunal, si se ve lo que han tardado naciones con cerca de 250 años de vida en resolver otros que atañen a sus ciudadanos, como es el caso de la discriminación hacia los afroamericanos, por ejemplo.

Juzgar desde afuera es fácil, ver los errores de otros y señalar es muchas veces una especie de divertimento para no ver los propios. Como todo país, Israel tiene los suyos, pero también tiene mucho, mucho más que eso. Y como todo país tiene derecho a sus decisiones, para eso tiene un sistema democrático y parlamentario.

Ahora que vivo aquí cada día estoy más convencida de que mi decisión fue correcta.

 

 

 

 

No me feliciten

 - by Mariana Lev

La conmemoración del Día de la Mujer se ha convertido en tema de felicitaciones y cursilerías sin sentido que abundan hoy en las redes sociales.

Pero lo que recordamos cada 8 de marzo es la decisión valiente de un grupo de obreras de Nueva York que decidieron salir a las calles para protestar por las pésimas condiciones, de casi esclavitud, en las que trabajaban.

Estas pioneras alzaron sus voces y generaron un movimiento reactivo donde otras mujeres se sumaron a huelgas similares en los años siguientes.

El 5 de marzo de 1908, 51 años después de ese primer incidente y sin que aun se conmemorara nada, más de 100 obreras fallecieron en un macabro incendio dentro de una fábrica en Sirtwoot Cotton, el cual se atribuyó al dueño del inmueble como respuesta a los reclamos de las trabajadoras de su plantel.

Ellas pedían igualdad salarial, la disminución de la jornada laboral y un tiempo para amamantar a sus bebés.

Han pasado 109 años de esa fatídica fecha en que estas mujeres fueron asesinadas y 160 desde las primeras protestas de las trabajadoras en Nueva York.

En 1910, hace 107 años, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras celebrada en Copenhague, Dinamarca, más de 100 mujeres aprobaron declarar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Bonita fecha y nombre, pero no nos engañemos para nada y mucho menos nos demos palmaditas y besitos para sentirnos bien.

La inmensa mayoría de mujeres en el mundo sigue trabajando en condiciones deplorables y la igualdad salarial es aun inexistente, incluso para las féminas que ocupan cargos gerenciales o políticos del más alto nivel, ni hablar de los millones que sobreviven con menos de $1 diario.

El informe “Las Mujeres en el Mundo 2015”, de la ONU, divulgado en octubre pasado se suma a oros cinco emitidos por el máximo organismo mundial en estos 30 años, en el que se establecieron las estadísticas de género, antes inexistentes.

Uno de los datos positivos de este informe es que las mujeres tienen vidas más largas, con una media de 72 años con respecto a 68 años de los hombres.

Pero vivir más no significa necesariamente vivir mejor, si recordamos que millones de mujeres siguen en condiciones de salud deplorables, sin acceso a agua potable y otros servicios básicos, y mucho menos han alcanzado la mediana igualdad en el plano laboral.

Solo el 50% de las mujeres en edad de trabajar integran la fuerza laboral, en comparación con el 76% de los hombres, dice este reciente documento.

Además, el estudio indica que en la mayoría de las sociedades las mujeres no tienen las mismas posibilidades que los hombres, sea en el plano de la vida pública como en la privada.

Sólo 19 mujeres son jefas de Estado, una ligera mejoría en comparación con las 12 que ocupaban ese cargo en 1995.

Por otro lado, la ONU señala que persiste la violencia basada en el género y el matrimonio infantil, además, siguen siendo las mujeres quienes cargan con las onerosas obligaciones domésticas.

Siempre he considerado que la única vez que podremos celebrar este día es cuando deje de existir, cuando no necesitemos una fecha para recordar que la lucha por los derechos de la mujer trabajadora continúa más de un siglo después.

Solo podremos felicitarnos cuando se haya alcanzado la verdadera igualdad y este día desaparezca del calendario mundial, pero parece que el camino es largo y tortuoso.

De costillas y sombras

 - by Mariana Lev

Hoy, 8 de marzo de 2017, millones de mujeres en el mundo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, mientras otros tantos millones no tienen idea de su existencia.

La historia de la mujer está llena de injusticias, omisiones y tergiversaciones, que las mantuvieron y en muchos casos aun lo hacen, envueltas en vergonzosas sombras.

Para algunas culturas fueron diosas, amazonas, las matriarcas de las sociedades ancestrales; se les rindió culto identificando su poder supremo de fertilidad y procreación.

Pero para la cultura occidental, enraizada en los aportes del judaísmo y cristianismo,  Eva, la prima dona de la creación divina, salió de un pedazo de costilla de Adán, una situación de por sí desventajosa, y por si fuera poco fue la instigadora del Pecado Original, castigando con este hecho a sus descendientes y siendo ella la más vilipendiada.

De ahí en adelante, la historia de la mujer es prácticamente aniquilada, salvo pocas excepciones, por una escrita absolutamente por los hombres, donde las féminas se convierten en procreadoras o mercancía de cambio, lo que aun se mantiene con otros disfraces en muchas sociedades.

Si bien Occidente en primera instancia y luego otras muchas naciones avanzaron hacia regímenes más participativos,  donde las mujeres son parte de la fuerza laboral, siguen sobrellevando el peso de la discriminación salarial y humana.

Según las Naciones Unidas, este Día Internacional de la Mujer tiene como lema “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”.

Nuestro mundo actual fue definido por la revolución industrial, el evento histórico más transformador en términos económicos, tecnológicos y sociales de la historia de la humanidad desde el período Neolítico, que se inició en la segunda mitad del siglo XVIII en el Reino Unido y concluyó entre 1820 y 1840, sentando as bases del desarrollo de estas sociedades y las demás hasta la fecha.

A partir de ese momento, quedó relegada la vida rural, donde los agricultores eran en su mayoría, propiedad arte de feudos y señores, significando grandes masas de población en condiciones de pobreza y dependencia.

También perdieron fuerza las monarquías todopoderosas y surgieron burgueses y proletarios, como parte de una nueva fuerza laboral, generalmente urbana, donde los patronos pasaron a ser las pequeñas, medianas y grandes industrias.

Los hombres y mujeres que se incorporaron como trabajadores, dejaron de luchar las batallas de sus señores para pelear las propias.

Sin embargo, como es bien  sabido, las mujeres siempre han debido dar una doble pelea, siendo obreras al lado de sus compañeros, y como féminas muchas veces enfrentadas a estos, dadas las múltiples vejaciones que han sufrido en estas supuestas mejores condiciones de vida.

Hoy, lejos ya de las máquinas de vapor y cada vez más cerca de la total automatización de muchos procesos industriales, el mundo enfrenta los retos que ofrecen los grandes avances tecnológicos y la llamada globalización.

Pero este hecho tampoco ha representado mejoras para todos los trabajadores del planeta, sino que para millones de seres humanos son nuevas formas de esclavitud y discriminación, especialmente en naciones  cuya mano de obra es tan barata que atrae a las grandes compañías, sin que esto signifique un incremento en los ingresos o mejorías en la calidad de vida para la mayoría de ciudadanos

Y como ha sido usual en la historia, las mujeres son las más afectadas por estas condiciones, como responsables de llevar el sustento a sus hogares, ya sea al lado de sus parejas o en una infinidad de casos, solas.

Uno de los problemas más serios que enfrentamos hoy es la falta de equidad en la repartición de la riqueza, donde la concentración de capitales se contrapone a la pobreza de millones de personas, evocando las épocas del poderío monárquico y feudal.

Como hemos dicho, los avances tecnológicos presentan condiciones y oportunidades impresionantes para las naciones y personas que tiene  acceso a estas transformaciones, sobretodo dentro de un mundo global, pero las mujeres siguen siendo el grupo más afectado en términos de desigualdad y falta de equidad.

Según Naciones Unidas, hoy solo 50% de las mujeres en edad de trabajar están incluidas en la población activa mundial, en contraposición a 76% de los hombres. Además, la mayoría de mujeres es parte de la economía informal, sin garantías laborales o sociales, teniendo que subvencionar con sus escasos recursos el cuidado de sus hijos y el doméstico.

Si a esto sumamos que millones de personas no tienen acceso a educación, agua potable, medicamentos y otros beneficios de las sociedades más desarrolladas, podemos entender que, a pesar de tantas revoluciones, la de la mujer aun está en proceso.

Más aun, estas condiciones calamitosas afectan directamente su subsistencia, la de sus hijos y el desarrollo sostenible del planeta.

En ese sentido, es loable que Naciones Unidas haya señalado este 8 de marzo como “una fecha para acelerar la igualdad de género, por un planeta 50-50 en 2030, y  para garantizar que el mundo laboral beneficie a todas las mujeres”.

Sin embargo, estas son palabras bonitas, elocuentes y motivadoras, pero nada más.

La verdadera lucha de las mujeres debe iniciar desde su propio reconocimiento, como protagonistas y hacedoras de una historia donde se las condenó y sigue condenando a un rol secundario o nulo.

No salimos de un pedazo de costilla de nadie y jamás debemos inculcarles a nuestras hijas ese pensamiento.

La historia de la humanidad se viene escribiendo con letra de hombres y mujeres, ninguna más importante que la otra.

No debe haber sombras, ni silencios alrededor de lo que las mujeres han hecho y siguen haciendo por el desarrollo de este mundo.

El 8 de marzo es una fecha para recordarlo, pero nada más que eso.Sus luchas son cotidianas, muchas veces mortales. No lo debemos olvidar.

 

 

 

Patriotas y apátridas

 - by Mariana Lev

Hoy, 14 de setiembre de 2016, miles de niñas y niños costarricenses, jóvenes, padres y madres de familia, además de maestros y maestras, vivieron emotivos momentos al conmemorar 195 años de la independencia de Costa Rica de España, que marcó el camino hacia la democracia que todos vivimos, una de las más añejas y sólidas del mudo.

Mañana es la fecha oficial del Día de la Independencia, como lo llamamos, y habrá discursos y desfiles, pero mayoritariamente, fue hoy que las escuelas y preescolares celebraron esta fecha trascendental.

Cuando busqué a mis nietos luego de estas actividades, ella vestida de campesina y él con chonete, ambos estaban felices, radiantes, orgullosos de ser parte de esta nación.

A sus apenas tres años, mi nieto me dijo: “Vivimos en el mejor país porque somos libres”.

Y nadie puede decirlo con mejores palabras, a los costarricenses nos define la libertad.

Entonces, como siempre, esta breve reflexión de un adorado niño me hace pensar acerca de muchas otras cosas.

¿Qué es la patria? ¿Es el lugar físico donde nacemos o aquél al que llegamos por distintas circunstancias y se convierte en nuestro hogar?

Mis abuelos nacieron en Polonia y dejaron esa que era su patria, donde estaba su casa, su familia, su historia, por un lugar totalmente desconocido, con un idioma y costumbres ajenas a las suyas. Llegaron con sus apellidos judíos que a los costarricenses les sonaban extraños o chistosos.

Pero amén de algunos hechos antisemitas que tiñen la consabida tolerancia nacional, fueron bien recibidos y al igual que muchos otros inmigrantes de antes y después de la Segunda Guerra Mundial, sintieron que habían encontrado su patria en Costa Rica.

Sus hijos, como mi padre, fueron a las escuelas josefinas y muchos de sus amigos de infancia y del resto de sus vidas eran vecinos o compañeros de infancia.

También se convirtieron en parte de los primeros profesionales que graduó la Universidad de Costa Rica y se involucraron en la vida del país de muy distintas maneras, como hoy lo hacemos sus descendientes.

Costa Rica es un crisol de culturas e identidades que incluye chinos, afrodescendientes, inmigrantes de distintas naciones latinoamericanas, europeos y demás.

Nadie puede decir o permitir que le digan a otro ser menos costarricense, hayan llegado sus familias 500 años atrás o en los últimos seis meses.

Tan tico es el apellido castizo como el de cualquier otra identidad. Porque si nos ponemos de verdad serios los únicos dueños de estas tierras fuero los huetares, bruncas y chorotegas, que durante siglos ni siquiera fueron considerados ciudadanos de esta nación.

Y tan patriotas los pequeños que hoy desfilaron en pequeñas localidades del país y asisten a escuelas públicas, como aquellos que lo hicieron en centros privados. A todos los unió el mismo sentimiento de gratitud hacia la tierra que los vio nacer o los acogió a temprana edad.

El mundo vive hoy una de las mayores crisis de desplazamiento humano, la más grave desde la Segunda Guerra Mundial, cuando la naciente Naciones Unidas fundó la Agencia para los Refugiados, conocida como Acnur, precisamente para tratar de reubicar a los sobrevivivientes del genocidio nazi, en su mayoría judíos que habían perdido todo durante la hecatombe.

Millones de seres humanos deben dejar sus hogares, lo que consideraron hasta ese momento su patria y abandonar todo lo que hasta ese entonces fue su vida, saliendo hacia una enorme incertidumbre y angustia.

Millones de estos nuevos apátridas, como se denomina a los que carecen de una patria, son niños, y deberán crecer en campamentos de refugiados o tal vez, si las naciones se solidarizan, encuentren un sitio para optar a una nueva vida. Otros miles tal vez no lleguen a concluir la etapa adulta en medio de mudanzas y dolorosos rechazos.

Sea lo que suceda con ellos, cuyas historias llenan las noticias diarias, siempre tendrán a su espalda ese sentimiento de abandono, de dejar lo que les pertenecía para lanzarse a un mundo desconocido y muchas veces hostil.

Mis abuelos y cientos de apátridas judíos que llegaron a Costa Rica a finales de la Segunda Guerra Mundial tuvieron suerte, encontraron una tierra que los abrigó como nuevos hijos y les permitió empezar una nueva vida. Otros muchos no toparon con el mismo destino.

Por eso, cuando mi nieto me miró hoy con sus hermosos ojos verde azulados y con total aplomo me declaró su patriotismo, no pude menos que unirme a su sentimiento y decir: Gracias Costa Rica.

El arte de odiar

 - by Mariana Lev

Odiar es tan fácil como encender un fósforo y hacer arder una llamarada que se extiende y aniquila todo alrededor.

El odio que lleva a estas atrocidades, parte de la ignorancia, el rumor y otros factores, que aglutinan los nefastos sentimientos de una persona o grupo contra otros.

Cada segundo algún ser humano sufrirá ultrajes físicos, verbales o sicológicos que mancillarán su dignidad y lo catalogarán como ese algo que debe ser odiado o vilipendiado.

Estas agresiones que surgen de la intolerancia y la discriminación se denominan crímenes de odio, y se dirigen contra determinados grupos sociales sea por racismo, homofobia, xenofobia, etnocentrismo, religión, entre otros factores, todos absurdos y aberrantes.

Como mujer, judía y latina, tengo altas probabilidades de ser víctima de un crimen de odio, pero por suerte, hasta este día no he padecido agresiones de este tipo, y aunque me reconforta, me coloca dentro de una extraña minoría de no agredidos.

Pero lo cierto es que todos los días miles de personas mueren en el mundo por este tipo de crímenes, que en muchos casos  llevan a asesinatos masivos, violaciones y otras barbaridades que dicen poco del género humano o más bien, dicen mucho de la enorme capacidad que mantenemos de odiar visceralmente y sin explicación lógica a nuestros semejantes.

Como ejemplo, un informe del año pasado acerca de la discriminación e intolerancia en la Unión Europea, señala que los romaníes o gitanos siguen siendo víctimas de una gran intolerancia y las mujeres de este grupo humano son las más afectadas.

Recordemos que durante la Segunda Guerra Mundial los romaníes fueron una de las minorías étnicas más perseguidas y masacradas por el nazismo, con cerca de medio millón de víctimas mortales.

La Unión Europea aprobó en setiembre de 2015 acciones legales contra la República Checa, ya que esa nación no ha eliminado la segregación de los niños romaníes en las escuelas del país.

Los romaníes suman cerca de 12 millones y viven principalmente en el centro de Europa, pero también en Estados Unidos y América Latin

Por otra parte, en enero de este año, el Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa (CdE), Nils Muižnieks, advirtió del creciente antisemitismo en Europa, dados los incidentes acaecidos recientemente, que incluyeron el ataque armado en un museo judío en Bruselas que dejó cuatro muertos, y el asesinato en una tienda de comidas kosher en París.

También se ha señalado un aumento en las denuncias de violencia antisemita e incidentes en Alemania y el Reino Unido.

A estas situaciones que sufren las minorías en Europa, debemos agregar las constantes vejaciones que viven los hombres, mujeres y niños que por distintas razones, muchas de estas debidas al hambre, la guerra o falta de oportunidades, deben abandonar sus tierras natales.

Cerca de 150 millones de personas, un 3% de la población del mundo, según señala las Naciones Unidas, ONU, son las principales víctimas actuales o potenciales de estos crímenes de odio.

En el mundo de hoy, todos los continentes y regiones tienen migrantes, quienes mayoritariamente buscan asentarse en lugares distintos y muchas veces distantes de sus naciones de origen.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, la mayor cantidad de estas personas se concentra en Asia; Europa y América del Norte tienen más o menos el mismo número y les siguen, en orden decreciente, África, América Latina y Oceanía.

Además, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que unos 80 millones del número mencionado son trabajadores migratorios. Aunque la migración y sus dificultades no son recientes, la globalización que se vive lleva a una movilidad sin precedentes y la migración genera cada vez más presiones.

Según explica la ONU, las mujeres y los niños componen más de la mitad de los refugiados y desplazados internos. El 96% de los niños que trabajan y duermen en las calles son migrantes, y cerca de la mitad son niñas de 8 a 14 años de edad.

Aunque los grupos humanos de migrantes pertenecen a distintas etnias y religiones, por su sola condición de extranjeros sufren maltratos constantes y reciben múltiples ataques xenofóficos.

Millones de ellos son indocumentados, no hablan los idiomas y aceptan condiciones de vida que difícilmente pueden catalogarse como humanas, lo que genera círculos de violencia que a su vez llevan a repercusiones similares.

No  en vano grupos terroristas como Isis reclutan sus adeptos entre los millones de jóvenes musulmanes, frustrados por su falta de oportunidades en países donde nacieron o llegaron como niños de familias migrantes.

Sin justificación de sus actos debemos entender que el rechazo genera odio y puede tener terribles consecuencias como las que vivimos ya en casi todo el mundo con atentados de todo tipo.

En el caso de las mujeres todo se agrava, ya que son víctimas constantes de la intolerancia y discriminación, y millones caen en redes de trata de personas, prostitución y otras situaciones degradantes que las llevan a la miseria o la muerte.

La ONU estima que todos los años son introducidas clandestinamente de 300 000 a 600 000 mujeres en la Unión Europea y en algunos países de Europa central, y que el problema está muy generalizado también en África y América Latina.

Como mujeres y personas que migran, las trabajadoras son víctimas de violencia y abuso, tanto en el plano doméstico como en el laboral.

No menos terribles son los crímenes de odio por razones sexuales, los cuales se dirigen contra las personas y comunidades homosexuales, lésbicas y transgénero. Estos grupos humanos son víctimas de todo tipo de atrocidades homofóbicas y son uno de los que registran mayor cantidad de muertes en todo el mundo.

En la última década y con el respaldo de las llamadas redes sociales, se han incrementado la intolerancia, la discriminación, el racismo y la xenofobia, prácticamente en todas las regiones del orbe.

A la distancia de un click usted puede decidir a quién odiar y una vez que lo resuelve con otro sencillo click incita a otros que, como usted, están buscando canalizar sus frustraciones, ignorancia y estupidez hacia aquél o aquellos que decidieron victimizar.

Los casos de bullyng que llevan al suicidio de miles de adolescentes se desarrollan muchas veces en las redes sociales, que también están repletas de páginas xenofóbicas, homofóbicas, antisemitas, y demás.

Como dije al inicio, odiar es tan sencillo como encender un fósforo o y alzar una llamarada. Pero cada vez que usted se sienta tentado a dejarse llevar por estos sentimientos espantosos que pueden causar daño irreparable en la vida de otro, reflexione y trate de ponerse en ese lugar, el de su prójimo.

Luego, sencillamente, apague el fósforo.

 

¿Antisemita yo?

 - by Mariana Lev

Este 4 de mayo, tanto en Israel como en las comunidades judías del mundo se conmemora Yom Hashoá, traducido como Día del Recuerdo del Holocausto, en el cual se rinde tributo a los 6 millones de víctimas de este pueblo en manos de la barbarie nazi y sus cómplices durante la Segunda Guerra Mundial, de 1939 a 1945.

Cuando uno piensa en la tortura y muerte de cada una de esas personas, de las cuales casi dos millones fueron niños de todas las edades, es casi imposible entender las razones que tuvieron sus victimarios y el compromiso de odio que los unió para perpetrar estos crímenes contra los judíos.

Alguna vez leí que una de las razones pudo ser que dejaron de verlos como personas, gracias a las campañas mediáticas y los discursos incendiarios que equiparaban a los judíos con ratas y deshumanizaban así el acercamiento a estos.

Ya no eran sus vecinos, sus profesores, sus amigos de escuela y colegio, sus médicos, sus escritores o músicos, sus dentistas, sus costureras o panaderos, sus filósofos o sicólogos. Eran simplemente judíos que debían aniquilarse por el simple hecho de serlo.

Basta mirar los documentales de la época, con las multitudes hitlerianas hipnotizadas por los discursos antisemitas de su amado Fuhrer y sus secuaces, para entender esa alucinación colectiva que los llevó a canalizar todas sus frustraciones sociales y personales hacia un objetivo común.

Hago la salvedad que no fueron solamente los judíos las únicas víctimas del nazismo y que otros varios millones de seres humanos fueron asesinados por sus creencias religiosas, políticas, sus preferencias sexuales o discapacidades, bajo el lema de crear una “sociedad aria pura”, basada en estereotipos tan irreales que pocos realmente los cumplían, pero que mayoritariamente anhelaban.

Paradójicamente, la sociedad alemana era posiblemente la menos antisemita del centro de Europa, y en esa nación antes de la Shoá los judíos estaban plenamente integrados en todas las ramas del quehacer académico, científico, cultural, militar, económico y demás.

Los judíos alemanes se sentían mucho más alemanes que judíos, a diferencia de sus correligionarios rusos, polacos, ucranianos o húngaros, donde el antisemitismo era un mal crónico que acarreaba persecuciones constantes, muertes y discriminación durante siglos.

Ese antisemitismo se remonta al prejuicio y odio esparcidos esencialmente por la Iglesia católica y secundados por los intereses de zares y reyezuelos, que acusaban a los judíos de la muerte de Jesús, ritos inmorales y otras mentiras que se hicieron parte de la memoria colectiva y propiciaban atrocidades contra ellos.

Conste que esos mensajes antisemitas se siguen esparciendo a pesar de que en los últimos años la iglesia católica ha hecho un esfuerzo por borrar tan nefasto pasado y se refieren ahora a la filosofía judeocristiana como la fuente de su fe, cosa que negaron durante siglos.

Luego de la Segunda Guerra mundial y siendo el pueblo más castigado en víctimas mortales por el odio nazi, las Naciones Unidas acuerdan que los judíos tienen el derecho a una nación propia en la tierra ancestral de la que sus antepasados fueron expulsados por el Imperio romano en el año70 DC (después de Cristo).

Acuerdan también que esa tierra debe partirse en una nación judía y otra árabe (no palestina), y trazan la división geográfica que en ese momento divide Jerusalén y otras zonas. En ese momento, la llamada Palestina (nombre dado por los romanos a Judea para borrar toda raíz judía en la zona luego de su expulsión) estaba bajo mandato británico, y con la salida de los últimos soldados ingleses el 14 de mayo de 1948 se da la declaración de independencia del nuevo Estado de Israel.

Este acepta las condiciones de las Naciones Unidas, cosa que no hacen los países árabes de la zona y Egipto, Transjordania, Siria, Irak y Líbano invaden la nueva nación judía pocas horas después de su nacimiento, en la primera de varias guerras que se darían en los próximos casi 50 años.

Durante los siglos anteriores al surgimiento del Estado de Israel siempre hubo judíos en esa tierra, aquellos que se quedaron a pesar de la expulsión romana y los que fueron llegando al huir de las persecuciones europeas o los que querían fundar una nación socialista judía.

También había árabes y todos estaban bajo el dominio de algún imperio, fuera el otomano durante varios siglos y finalmente el británico. La entonces Palestina, desértica y poco productiva, empezó a ser cultivada muchas veces de manera conjunta, por los habitantes judíos y árabes, y hubo tiempos de relativa paz y convivencia, pero tanto los unos como los otros consideraban que, en última instancia, esa diminuta geografía les pertenecía y no necesariamente se podía compartir.

Es también por eso que durante los siglos de otras dominaciones se dieron enfrentamientos entre ellos, aunque en otros momentos se unían para pelear contra el enemigo común del momento.

La gran diferencia radicó en que al darse la partición geográfica por las Naciones Unidas, los judíos aceptaron tener un país minúsculo pero propio en su tierra ancestral, y los árabes no.

Si se busca cualquier referencia histórica a lo sucedido durante esos años se verá que tanto esa primera guerra como las siguientes fueron entre judíos y árabes, no hay un pueblo palestino peleando en ellas, porque en realidad los palestinos de esas épocas eran los habitantes de la antigua Palestina romana, árabes o judíos.

De hecho, con el surgimiento del Estado de Israel, casi un millón de judíos que durante siglos habían vivido en los países árabes fueron perseguidos, expulsados o asesinados en la década de 1950.

Los que sobrevivieron buscaron refugio en la nación judía, que entonces se convirtió en un crisol de culturas, a las que se unieron otros perseguidos en épocas más recientes, como los rusos que huyeron del estalinismo, y más recientemente los franceses o belgas que dejan Europa por los ataques terroristas contra judíos y el renacer de un antisemitismo impulsado por la extrema derecha y los extremistas musulmanes.

Pero no seamos ingenuos y queramos pensar que en medio del surgimiento del Estado de Israel y los recientes acontecimientos el antisemitismo desapareció, porque lejos de ser así encontró un nuevo disfraz para esparcir su odio atávico.

Con el inicio del terrorismo de la llamada Organización para la Liberación de Palestina a partir de los años 70, el mundo empieza a escuchar de un pueblo que antes no conocían, el palestino, que surge esencialmente de los árabes expulsados por el Estado de Israel durante los conflictos iniciales, y de otros que no fueron aceptados por las naciones vecinas.

Se empiezan a formar campamentos de refugiados alrededor de la frontera israelí y como una olla en ebullición esos jóvenes que nacen en condiciones tan difíciles, y que se sienten rechazados por unos y otros, empiezan a formar células terroristas con el apoyo de los mismos países árabes que no los quisieron como ciudadanos, pero los necesitan para tratar de destruir a la nación judía que es el enemigo común.

Entonces el antisemitismo que trae los vestigios del odio religioso y las absurdas mentiras promovidas por otras religiones contra el judaísmo, encuentra ahora una forma política y que permite calar de otra manera en las mentes de millones de personas, que abiertamente se declaran antiisraelíes, pero no antisemitas… como si de esta manera se pudiera obviar que el Estado de Israel es judío y por tanto ser antiisraelí es ser antisemita, así de sencillo.

Israel pasa de ser un país admirado y un ejemplo en el mundo en muchos aspectos a ser una nación repudiada, donde solamente se la relaciona de manera negativa con el llamado, ahora sí, conflicto palestino.

Paralelamente durante el siglo XX se dan enormes migraciones de musulmanes a Europa, promovidas inicialmente por las naciones con sus ex colonias, y  que bajo el emblema de apertura esconden razones más terrenales. El continente está dejando de reproducirse, sus habitantes no quieren tener niños del todo o quieren muy poquitos, por lo que en unos años y no tantos, no habrá suficiente mano de obra en la mayoría de países.

Claro, esta promoción se hace con los estándares europeos de respeto a las culturas (al menos así lo indican sus declaraciones republicanas), pero a la vuelta de los años, y hablamos de menos de 50, Europa está llena de musulmanes, muchos de los cuales se han integrado a las culturas de los países que los acogieron y llevan su fe como parte de sus vidas.

Pero otros se han ido al extremo y hoy están plenamente involucrados en grupos terroristas como Isis, encabezando sangrientos atentados como los recientes de París y Bélgica, que tanto conmovieron a Occidente, aunque sabemos que todos los días se dan otros similares o peores en Siria, Iraq, Pakistán y otras naciones de la zona de beligerancia.

Estos grupos buscan establecer un imperio musulmán, lo que llaman una yihad, y en este no hay lugar para católicos, protestantes, evangélicos, judíos o cualquiera que no abrace su fe por nacimiento o, en pocos casos, por conversión. Para ellos, todos somos infieles y debemos morir.

Isis se vale de las redes sociales para reclutar a sus seguidores, y de estos miles provienen de lo que muchos llaman Eurabia. Y en sus mensajes también prevalece el antisemitismo, el odio al judío solo por serlo.

Así las cosas, podemos pensar que las muertes, las atrocidades, el exterminio de seis millones de judíos hace menos de 80 años, no nos han enseñado nada, y en mi criterio, lo único que hace la diferencia es la existencia del Estado de Israel.

Las permanentes campañas de desprestigio en foros internacionales y universidades, el boicot a sus productos y otras situaciones que parten de posiciones antiisraelíes- antisemitas son difíciles de entender, cuando por otro lado nada se dice de las atrocidades de Hamas que gobierna Gaza, o de la Autoridad Palestina incitando a apuñalar judíos.

Las Naciones Unidas hace mucho dejó de ser imparcial u objetiva cuando se trata de Israel y rápidamente se compra los argumentos contra esta nación, muchas veces sin  hacer las consultas correspondientes y respondiendo a intereses de otras naciones que tienen un rango de influencia mayor y que, esencialmente son musulmanas.

Yo no dudo que hay un conflicto importante, casi un estado de guerra permanente entre Israel y Hamas, tampoco dudo que debe buscarse una negociación con la Autoridad Palestina para el establecimiento de un estado palestino, porque es de los males, el menor.

Pero estoy convencida que detrás de todos los argumentos políticos contra el país, Israel, sigue imponiéndose el antisemitismo que se esparció por el mundo hace ya muchos siglos y que aun está sembrando odio todos los días.

Hoy el Estado de Israel tiene más de seis millones de habitantes judíos en su territorio, pero le llevó casi 80 años recuperar si es que vale ese término, las vidas que se perdieron en la Shoá.

Esta pérdida es terrible y por eso cada año el pueblo judío se enluta por el recuerdo de cada una de estas víctimas, para muchos sus abuelos, padres o hermanos.

Por eso, quiero dejarle acá unas pocas preguntas para que las responda con la debida honestidad:

  1. ¿Cree que los judíos son malos?
  2. ¿Cree que los judíos mataron a Jesús?
  3. ¿Cree que el Holocausto es un invento?
  4. ¿Cree que el Holocausto existió por algo que hicieron los judíos?
  5. ¿Cree que el Estado de Israel no debe existir?
  6. ¿Cree que está bien que apuñalen judíos?
  7. ¿Cree que los judíos no son ciudadanos de su país?

Si usted respondió afirmativamente al menos una de esas preguntas le tengo noticias: es antisemita.

Y como usted, millones de otras personas ayudan a perpetuar el odio irracional contra los judíos. Espero que este escrito le ayude a informarse y si es posible, cambiar.

 

Nostalgia de teclas

 - by Mariana Lev

En la elegante sala de su palacete madrileño, la joven escritora se dispone a dar rienda suelta a su imaginación. Es 1913 y la chica abre con placer el estuche que encierra su más preciado tesoro: una pequeña máquina de escribir, que le permitirá iniciar una nueva novela y con ello seguir labrando su carrera en España.

Esta es la escena de una novela de época que me gusta ver, porque además de su trama, me lleva a un pasado no tan lejano.

Veo a la escritora de principios de siglo y casi inmediatamente me visualizo, saliendo de la niñez y escribiendo mis primeros poemas en la máquina de escribir de mi casa. Y no mucho tiempo después de eso, en la universidad y mis primeros empleos como periodista, la máquina de escribir seguía ahí.

De hecho, las horas de cierre de los medios escritos se caracterizaban por los sonidos atronadores, producidos por los reporteros y jefes terminando sus notas con la presión del tiempo, para no retrasar la impresión del diario que llegaría a miles de hogares la madrugada siguiente.

Las máquinas de escribir manuales eran las nuestras, las eléctricas pertenecían a la minoría privilegiada de secretarias y oficinistas de los medios, o de las empresas.

Para ese momento, entre los setenta y ochenta, las máquinas de escribir tenían cerca de 270 años de existencia, porque la primera patente para fabricar una la otorgó la reina María Estuardo de Inglaterra en 1714.

Entonces, para cuando el personaje de mi novela en 1913 usaba una maquinita de escribir ésta ya tenía casi 200 años, y en ese momento, como a mí en 1980, nos parecía insustituible.

Fue precisamente el modelo de las máquinas de escribir que inundaron el mundo e hicieron famosas marcas como la italiana Olivetti, la japonesa Brother o la norteamericana Remington, lo que dio paso a las computadoras, el fax, las PC y laptop, inventos que se sucedieron como jinetes invencibles a partir de las décadas finales del siglo XX, y que hoy se consideran imprescindibles para la educación, el trabajo y la vida personal.

Como antes sucedió con las máquinas de escribir, que empezaron a comercializarse masivamente a partir de 1800 e incluso hasta 2011, en plena era de alta tecnología, se fabricaban en la India.

Fueron indispensables en las oficinas de todo el mundo, en la literatura, el cine, el teatro y cualquier actividad que requiriera escribir desde finales del siglo XIX y casi todo el siglo XX.

El primer modelo industrial, fabricado en 1873 por Remington, estaba montado sobre una máquina de coser estándar que era lo que producía esta compañía, y al producirlas supusieron que solo las usarían en oficinas.

Por eso se dirigieron a una nueva fuerza laboral, esencialmente femenina, diseñando sus primeros modelos con flores decorativas para hacerlos más atractivos a las nuevas mecanógrafas y oficinistas.

Y no se equivocaron, ya que para 1910 el 81% de los mecanógrafos eran mujeres. De hecho, ser secretaria o mecanógrafa fue una especie de profesión femenina porque eran muy pocas las que llegaban a cursar estudios universitarios en esa época y millones ya se habían incorporado a las fuerza laboral.

Pero si el deceso de las máquinas de escribir se dio por un hecho a partir de la década de 1980, parece que este muerto goza de buena salud y camina hacia una reinvención.

 Ya empezamos a llevarnos algunas sorpresas, relacionadas algunas con el deseo por lo retro y la nostalgia que conlleva, o bien por apasionantes temas de espionaje mundial y seguridad.

Porque claro, el avance tecnológico y la súper comunicación entrelazada de esta nueva era, han traído también serios inconvenientes y filtraciones de información que viajan por todo el mundo, en las redes y que burlan códigos y claves, como han demostrados los hackers en demasiadas ocasiones.

En el 2013 el presidente ruso Vladimir Putin puso de relieve la importancia de las consideradas extintas máquinas de escribir al hacer pública la decisión del Kremlin de volver a su uso para evitar las molestas filtraciones de secretos de estado y otras molestias.

Las máquinas de escribir hacen ruido cuando se aporrean sus teclados, pero son mudas, especialistas en guardar lo que se escriba en el papel, sin redes o hackers. Así que si se trata de desaparecer un archivo pues es muy sencillo: se tira o se quema lo escrito… a la antigua

Y ojo que esta tendencia del rescate de las máquinas de escribir no quedó solo en Rusia, el gobierno alemán también anunció hace poco que adquirirá una cantidad no mencionada de estas con el mismo fin: guardar fuera del alcance de los terroristas cibernéticos sus documentos más valiosos.

Además de estos temas de seguridad mundial que marcan un sonado retorno de las máquinas de escribir, aspectos como la calidad de la impresión y de los teclados están generando mucho interés por su retorno, sobretodo en las nuevas generaciones que nunca conocieron una.

La gran paradoja de este tema es que mientras los avances tecnológicos han llevado a un exceso de comunicación e interacción en redes, las personas empiezan a sentirse saturadas por tanto mensaje y muchos añoran ese espacio solitario donde nada se interpone entre el sonido del teclado y el de la propia mente.

Algo que muchos conocimos como parte de nuestra vida por muchos años, y de generación en generación por varios siglos.

En la actualidad, ya se han creado procesadores de texto que imitan las sensaciones de la máquina de escribir, ese sonido que permite aislar el cerebro de lo demás, porque al ritmo de cada letra resonante surgen las ideas.

Estos inventos solo permiten escribir, no se puede añadir nada que lleve al mundo de las redes.

Y hay más.

Hoy se está desarrollando un prototipo de una máquina de escribir similar a los primeros modelos, llamada Hemingwrite en honor al Premio Nobel de Literatura norteamericano Ernest Hemingway. Al parecer se trata de un modelo convencional en su exterior, con teclado mecánico y que ofrece esa sonoridad y tacto insustituibles.

Solo que en lugar de papel cuenta con una pantalla de tinta electrónica y almacena los documentos en la nube.

No creo que sea apta para quienes buscan seguridad extrema como Putin o Meckler… pero sería genial para aquellas personas que quieren recuperar o iniciar ese romance inolvidable con una máquina que como las de antes, permite escribir y solo eso.

Como la protagonista de la novela hace 100 años, o yo hace un poco menos.

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