Con el mismo asombro

¿Y si perdemos el asombro qué nos queda?

Month: Septiembre 2014 (page 1 of 2)

Silencio peligroso

Silencio peligroso.

¿Y el amor?

Para quienes crecieron viendo las películas de Hollywood de los años 40 y 50, o incluso anteriores, el amor se presentaba casi siempre como algo que debía conquistarse o sufrirse de alguna manera, impregnado de sentimientos y romance, ojalá al ritmo de melódicas piezas de baile o canciones, dentro de un romanticismo extremo que venía arrastrándose desde el siglo XIX.

El amor era una conquista, algo que las parejas debían alcanzar luego de vencer todos los obstáculos del caso, o bien perecer en el intento, dejando un recuerdo imperecedero en quienes los habían amado.

El amor era para siempre, con finales felices o trágicos, pero sellado de eternidad…

Nuestros padres se amaron con ese criterio, y aunque muchos matrimonios lograron una saludable vida de pareja y familias bastante funcionales, otro tanto fueron crónicas de fracasos anunciados que se sostuvieron para mantener un juramento de amor eterno, a sabiendas de que este no cristalizó.

Tal vez por eso, las generaciones venideras desarrollamos un sentido más crítico con respecto al amor y la capacidad humana de vivir en pareja durante una vida entera a partir del acepto, o de la decisión de formar un algo común.

Los años 60 trajeron la llamada liberación femenina, la píldora anticonceptiva y modificaciones en las relaciones de pareja, las cuales se han ampliado en estas décadas para llevarnos a modelos que antes no habrían cabido en el imaginario colectivo.

Lo interesante de todo esto es que a pesar de tanto descalabro y fracasos en los matrimonios, millones de personas se unen de alguna manera cada día amparados al sentimiento de amor, y lo hacen por lo menos hasta que la vida los separe, que pareciera más adecuado a estos tiempo que el juramento tradicional.

Las bodas siguen siendo una ilusión que mantienen ese romance casi intacto, donde las mujeres sobretodo sueñan desde niñas con ese día mágico, su vestido, pastel, invitados, ah sí, y aveces también con el novio.

Pero mantenerse casados sigue siendo una tarea ardua, continua y llena de altibajos, que cada vez menos parejas logran si vemos las cifras mundiales acerca del divorcio, como señalé en mi tema “Hasta en las mejores familias”.

El amor en este siglo pareciera más volátil, menos profundo y casi desechable, porque de alguna manera el ritmo de la vida actual y los avances tecnológicos están marcando la pauta de las relaciones de pareja, y es por eso que en gran medida los jóvenes de estas nuevas generaciones duran cada vez menos tiempo en sus relaciones y tienden a tener más de estas a lo largo de sus vidas que las siquiera soñadas por sus abuelos.

Para el psicoanalista argentino Óscar Zack, quien ha dedicado gran parte de sus investigaciones al tema de las relaciones amorosas en este siglo, se está observando la llamada teoría de ‘El amor líquido’, en la que se considera que el amor es como una mercancía.

“En el mundo actual el amor se constituye casi que en un objeto tecnológico”, sentencia.

Y va más allá al señalar que la influencia de este mundo tecnológico es tan fuerte que muchos hombres y mujeres prefieren tener objetos de última generación a una pareja, máxime que estos les permiten acceder a sexo virtual, sin compromiso de ningún tipo:

“Para muchos hombres  es mejor tener un iPad a una pareja que hable; o la mujer prefiere el notebook de última generación porque la obedece. El mundo moderno tiende a hacer de los individuos seres autistas que creen que se bastan a sí mismos, porque ahora a través de estos elementos se puede tener sexo virtual”.

Pero Zach no ataca a la tecnología por sí misma, por el contrario, considera que esta ha permitido acercamientos de las personas en términos de la comunicación, pero no en el emocional.

“Internet es solo una forma de conocerse, pero no puede reemplazar el lazo social”, enfatiza.

Dadas estas nuevas realidades, Zach agrega que “aquellos que defienden el tema del enamoramiento, el amor romántico y la constitución de la familia, así como nadan contra la corriente, deben seguir adelante en ese mismo propósito con una regla básica en el hogar: amar”. Sí, amar a los hijos, enseñarles sobre el respeto, la delicadeza.”

Para él, no se trata de privar a estos niños de la computadora o el televisor. Si un niño se cría en un mundo y en una familia donde hay respeto y amor, crece sabiéndose amado y no como un estorbo de sus padres, que siempre lo manden a ver la televisión o jugar en su computador”, aclara el psicoanalista,

Muchos expertos en relaciones amorosas, al ver estos cambios y la influencia de nuevas herramientas tecnológicas como sitios de citas en Internet y demás, se vienen preguntando acerca del destino de estas con respecto de aquellas que se conocieron de manera más tradicional.

Para su sorpresa, un estudio de la Universidad de Chicago en Estados Unidos concluye que estas parejas surgidas al calor de nuevas tecnologías han resultado más duraderas y exitosas que sus pares tradicionales, además de reflejar una menor tasa de divorcios.

El estudio siguió a casi 20.000 personas casadas por siete años, del 2005 al 2012, y es el primero que indaga metodológicamente en el tema. De estas, una de cada tres había conocido a su actual pareja por Internet.

Entre los que se habían encontrado online, 45.01% lo hizo en sitios de citas, 20.87% en redes sociales, 9. 51% en salas de chat y 6.68% por mensajes instantáneos.

Por otra parte, entre quienes se conocieron cara a cara, 21.66% lo hizo en el trabajo, 19.06% por amigos, 10.97% en el colegio, 6.77% en la familia, 8.73% en un bar o club, 7.57% crecieron juntos, y 2.66% en una cita a ciegas.

Y ojo con este dato: Al finalizar el recuento, los investigadores encontraron que los matrimonios que se conocieron en línea reportaron 25% menos rupturas en comparación con los que se conocieron en otras instancias, además de un 3% más de felicidad.

Para John Cacioppo, profesor de sicología de la Universidad de Chicago: “Estos datos sugieren que Internet puede estar alterando la dinámica y los resultados del mismo matrimonio”.

Si esto es así, la preocupación mayor con respecto a la supervivencia del amor en este siglo no será entonces mantener juramentos eternos, sino elegir muy bien a la persona con la que se espera convivir la mayor parte de la vida, teniendo presente que en un mundo altamente tecnológico y globalizado, esa pareja puede estar en cualquier parte, y no necesariamente en el mismo vecindario, aunque nadie niega que también esté ahí.

Según Zack, es importante en términos de relación de pareja y la permanencia o duración de la misma, “enseñar o transmitir que estamos juntos mientras nos elijamos, y hoy tenemos que hacer lo posible para que nos elijamos todo el mayor tiempo que se pueda”.

Zack concluye que cada individuo “debe encontrar su elección teniendo en cuenta que el estado amoroso es el mejor estado para vivir”.

Y de eso se trata precisamente el amor en este siglo, que nos obliga a desterrar prejuicios y comprender no solo que existen muchos tipos de parejas, sino que estas tienen el derecho de escoger entre múltiples alternativas para buscar su otra mitad.

Pero lo importante es que las personas realmente se conozcan antes de emprender una vida juntos, o al menos intentarlo.

Definiciones esenciales

¿Cómo se define usted, cuál es su primera impresión acerca de sí mismo?

¿Lo hace por su apariencia física, por su género, por su religión,por su estado civil, por su profesión, por su posición política, por alguna causa que defiende o ataca, por sus calidades humanas?

Es probable que un autorretrato incluya alguna o todas las posibilidades anteriores, porque nadie escapa a estas que podemos llamar definiciones esenciales, muchas de las cuales vienen como un sello cuando nacemos, y otras las vamos adquiriendo conforme avanzamos en la vida.

Cada ser humano es la suma de una serie de circunstancias que lo van a definir desde el inicio de sus días. Los patrones culturales, el lugar donde se nace, la educación y las posibilidades de tener una vida decente, marcan a millones de niños que nacen cada segundo en este planeta.

Es casi seguro que aquellos nacidos en condiciones de pobreza extrema tendrán pocas oportunidades en términos generales, y si logran sobrevivir sus primeros años de vida también es muy probable que no superen las condiciones de miseria existentes cuando nacieron, y se definirán como pobres día con día, por encima de cualquier otra opción.

Claro que como en todo hay excepciones a esta triste regla, y los gobiernos, entidades no gubernamentales y demás organizaciones, enfrentan esa lucha constante contra la pobreza extrema, que sigue siendo un flagelo inexplicable en un mundo que por otro lado derrocha opulencia, y es escaparate de situaciones tan banales que deberían darnos vergüenza colectiva.

Si por otra parte, uno de esos recién nacidos crece en un medio menos hostil, es mucho más probable que sus definiciones esenciales se centren en otros aspectos como su apariencia física, género, nacionalidad o religión.

En ese sentido esa persona crecerá viéndose a sí misma como un resumen de distintas circunstancias que se acrisolan en su ser, dándole un  sentido de existencia, de pertenencia y aceptación, aunque también pueden enfrentarlo a quienes se definan de manera opuesta a la suya, y sabemos que el mundo está repleto de prejuicios e intolerancia que llevan, y han llevado a través de la historia, a espantosos crímenes, guerras y otras atrocidades.

El exacerbamiento de las definiciones religiosas nos tiene hoy al borde de una conflagración y muchas otras se han dado en capítulos anteriores de la humanidad, algunos para nada lejanos.

Las definiciones de género también han sido objeto de ultrajes, desigualdades y enormes injusticias. En algunas sociedades, nacer mujer involucra una vida de hostigamiento, falta de derechos esenciales e incluso muertes prematuras por el solo hecho de no ser hombres. Y ni se diga de las definiciones de homosexualidad o transexualidad, que tantos prejuicios acarrean, y cuyos protagonistas muchas veces también pagan con sus vidas por ser como son.

Poder definirse con libertad, poder decirse a uno mismo y a los demás lo que uno es, en cualquiera de las alternativas que nos plantea el abanico existencial, es un privilegio que millones de seres humanos no tienen en este siglo XXI.

Quienes sí podemos decir abiertamente lo que somos, tenemos la obligación moral de defender que esto siga siendo así y que muchos otros también puedan hacerlo, sin miedo.

Silencio peligroso

En el reciente conflicto entre el Estado de Israel y el grupo terrorista Hamas que controla la Franja de Gaza, el cual lamentablemente dejó muchas víctimas, sobretodo del lado palestino, se dijeron en los medios de comunicación y redes sociales alrededor del mundo inexactitudes, mentiras y falsedades que llevaron a manifestaciones antisemitas y anti israelíes en muchos países.

Quiero aclarar que no pongo en duda la dureza de los ataques llevados a cabo por el Estado de Israel para destruir armamento y bases militares en la Franja de Gaza, así como los túneles que Hamas construyó para invadir territorio israelí, dentro de un planeamiento terrorista que llevó mucho esfuerzo y dinero, respaldado por Qatar e Irán, sus grandes patrocinadores.

Tampoco pongo en duda la muerte de mujeres y niños en estos ataques, a pesar de las advertencias hechas por el ejército israelí antes de cada incursión.

Pero sí dudo de las cifras de muertos reales dadas por Hamas durante el conflicto, las cuales fueron desmentidas posteriormente por muchos de los medios internacionales, cuyos periodistas afirmaron al salir de Gaza, que muchas de sus informaciones fueron hechas bajo coacción y con amenazas a su integridad física. Hoy se sabe que de los casi 1800 palestinos muertos, una importante mayoría eran varones entre 19 y 30 años de edad, y este grupo etario reúne a gran parte de los milicianos de Hamas.

Otra de las noticias que llenó titulares e inflamó ánimos antisemitas durante el conflicto fue que el Estado de Israel estaba atacando escuelas y hospitales, cuando al finalizar este también se pudo constatar que muchos de los misiles lanzados al territorio israelí tenían sus bases precisamente en esos lugares, lo cual además era de conocimiento de las autoridades de organismos de Naciones Unidas que operan centros educativos en Gaza.

Así, mientras una nación establecida desde 1948 como tal por las Naciones Unidas, lucha para detener un ataque permanente por parte de Hamas a su territorio y a sus ciudadanos, este grupo terrorista parte de la consigna de su carta constitutiva que apela a la destrucción del Estado de Israel y todos los judíos.

Pero al parecer nadie leyó esta carta fundamental, o peor aun, sí la leyeron, y por eso durante el conflicto en el mundo se agitaron banderas palestinas y, entre otras cosas se llamó genocida al Estado de Israel y asesinos a los judíos.

Si bien la mayoría de estas incendiarias manifestaciones se dieron principalmente en naciones con una gran población de origen árabe musulmán, lo cierto es que en otras como Costa Rica, donde los judíos y árabes somos minorías, se vieron actos de protesta contra el Estado de Israel pero que fueron más allá, uniéndose al coro de la maledicencia y blasfemia antisemita.

Durante los años que tengo de ejercer el periodismo y sentirme orgullosa de ser parte de una de las democracias del mundo, me dolió profundamente ver que en mi país no solo no se apoyaba a otra democracia, con la que además existen lazos de hermandad y cooperación más que cincuentenarios, y sí se salia a defender a un grupo terrorista. No digo que todo el mundo apoyara a Hamas, pero no salieron los defensores del Estado de Israel, salvo honrosas excepciones.

Hace pocos días el periodista israelí Gabriel ben Tasgal, experto en temas de terrorismo y conferencista internacional, dio una charla acerca de este conflicto, sus alcances y lo que sucede ahora en Medio Oriente con la escalada del Estado Islámico.

Mientras trataba de explicar la complejidad de Medio Oriente a los estudiantes de Ciencias Políticas para quienes era su charla, fuera del auditorio se escuchaban nuevamente las consignas contra el Estado de Israel y a favor de lo que los manifestantes llamaban Palestina.

No me malinterpreten ni crean que carezco de conocimiento acerca de la historia de ese territorio a la que me referiré más adelante. La duda que me surge cuando escucho esas consignas anti israelíes y pro palestinas es a qué se refieren precisamente, porque hay varias opciones que, en su simplismo vociferador, los manifestantes ni se las plantean.

Si estamos a favor de un Estado Palestino, y creo que en el mundo muchos lo estamos -y en el Estado de Israel la mayoría de la población también lo quiere- la primera definición es cuál estado debe ser, si uno liderado por la Autoridad Palestina o uno liderado por Hamas y por ende con sus conexiones terroristas hacia otros grupos de Medio Oriente como Hezbolá, los Hermanos Musulmanes o el Estado Islámico.

Porque no es probable que el Estado de Israel negocie nada con una organización que busca su destrucción en lugar de la convivencia como vecinos, algo que al menos con la Autoridad Palestina es menos drástico; para decirlo sencillamente, no es que se quieran, pero pueden tolerarse e incluso visualizar el futuro juntos.

La otra interrogante, la más peligrosa y que inflama ánimos en el mundo, es que muchos consideran que la existencia de un Estado Palestino pasa por la desaparición del Estado de Israel, así de fácil, una nación debe morir para que otra nazca.

Esta barbaridad que no recuerdo se haya dado en la historia reciente del mundo es precisamente el meollo de esta cuestión.

En ese pedazo de desierto sin petróleo ni nada codiciable más que la huella ancestral del ser humano, no hay un espacio que no tenga algo judío, y mientras más se excava más se encuentra historia de este pueblo milenario. Fue con la intención de borrar esa huella que el Imperio Romano cambió el nombre de esa tierra, que se llamaba Judea, por Palestina – como referencia a los filisteos- y luego de la expulsión de la mayoría judía así como la destrucción de su templo, quedó bautizada de esta forma por muchos siglos.

Pero no había ahí un pueblo palestino milenario o algo así, ese era un pedazo de desierto ruinoso con grupos árabes, muchos de estos nómadas, y algunos judíos que permanecieron o fueron regresando a lo que llaman la Tierra Prometida, por la referencia bíblica.

Y así fue durante varias centenas de años, mientras que los judíos en la llamada Diáspora que es el exilio fuera de Israel sufrían persecuciones, matanzas y oleadas constantes de antisemitismo.

Ya desde finales del siglo XIX estaban llegando a esa zona miles de jóvenes sionistas judíos, provenientes de Europa y Estados Unidos, lo que se intensifica con la resolución de la Sociedad de Naciones que antecedió a las Naciones Unidas, cuando al término la Primera Guerra Mundial aprobó el Mandato Británico de Palestina, con la intención de la creación de un hogar nacional para el pueblo judío. Estas inmigraciones crecen en esos años pero se incrementan más durante la Segunda Guerra Mundial.

Luego del Holocausto durante ésta y el genocidio de 6 millones de judíos, en 1947 una naciente Naciones Unidas aprobó finalmente la partición de Palestina en dos Estados, uno judío y uno árabe. Para ese momento, miles de sobrevivientes de esta tragedia trataban de llegar a su Tierra Prometida, pero eran devueltos a campos de refugiados en Chipre, ya que el gobierno inglés no permitía una inmigración judía masiva a pesar de esta resolución.

Finalmente, los ingleses dejaron Palestina y el 14 de mayo de 1948 el Estado de Israel declaró su independencia, siendo reconocido como integrante de las Naciones Unidas desde ese momento hasta la fecha. Pero los países árabes vecinos no aceptaron la resolución de la ONU y atacaron, dándose la primera de varias guerras entre Israel y éstos.

De hecho, durante casi 50 años se habló del conflicto árabe-israelí, y es a partir de los años 70 con el surgimiento de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), grupo terrorista dirigido por Yasser Arafat, que inicialmente declaraba la destrucción del Estado de Israel y el establecimiento de una nación palestina en todo el territorio, que empieza a cambiar esta terminología y el pueblo palestino aparece como tal.

Quiero aclarar algo. No es que el pueblo palestino no existiera, es que antes de 1948 se hablaba de palestinos al referirse a los judíos y árabes que habitaban Palestina, lo que cambia con la declaración del Estado de Israel, ya que sus habitantes pasan a ser israelíes, lo cual se mantiene para los judíos, árabes y cristianos que lo conforman actualmente.

Ya para los años 90 la OLP deja las acciones terroristas y busca ser reconocida como un movimiento político con credibilidad para asumir las riendas de un futuro estado palestino, y se dan una serie de negociaciones con Israel, que culminan con la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993.

Estos Acuerdos fueron firmados por Mahmoud Abbas, de la OLP (actual presidente de la Autoridad Palestina), el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Shimon Peres, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Warren Christopher, y el canciller Andréi Kozyrev por Rusi. Están presentes el representante de la OLP, Yasser Arafat, el Primer Ministro de Israel, Yitzhak Rabin, y el presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, en una ceremonia oficial y pública en Washington, que llenó de esperanzas al mundo acerca de una solución definitiva para este conflicto.

La Declaración cuenta con un principio de acuerdo que prevé la creación de un autogobierno interino palestino, la Autoridad Nacional Palestina (ANP), transfiriéndole a estos los poderes y responsabilidades en Cisjordania y la Franja de Gaza. Las competencias transferidas a la Autoridad Palestina en determinadas áreas de estas dos regiones consistían en materia educativa, cultura, salud, bienestar social, tributación directa, turismo y el establecimiento de una policía palestina.

Todo esto se ha dado, además de que Israel se retiró voluntariamente de Gaza en 2005 y no hay actualmente asentamientos judíos en esa zona, y menos aun presencia militar.

Sin embargo, quedan mucho por resolver, y para complicar las cosas que no iban tan mal, aparece Hamas, un grupo originado en Egipto a finales de los años 80 y afiliado a los Hermanos Musulmanes que se establece en Gaza e inicialmente realiza obras benéficas y educativas, pero poco tiempo después sus líderes y militantes se involucra en una cadena de atentados suicidas que causan muchas muertes en Israel, ganando de esta forma poder y control en contraposición a la OLP que se ha convertido en un movimiento político, mientras Hamas es un grupo musulmán que busca implantar la sharia de acuerdo a la Yihad islámica.

Precisamente en 2006 gana la mayoría de escaños en el Parlamento palestino que dominaba la Autoridad Palestina (OLP) y a partir de ahí asume control político y militar en Gaza, lo que viene ocasionando los últimos conflictos con el Estado de Israel que, en otros términos, mantiene relaciones bastante positivas con Egipto, Jordania y Arabia Saudita, además de un relativo entendimiento con Abbas.

Traje toda esta historia a colación porque como señalé al inicio, no recuerdo en ninguno de los momentos históricos más difíciles de la historia reciente que salieran a manifestarse masivamente en el mundo para pedir la desaparición de un estado soberano y democrático. Y más aun, porque cuando surja un Estado palestino deberá ser con pleno reconocimiento de los derechos de su vecino más próximo, el primero de estos, su existencia.

No voy a hacer una apología de los logros del Estado judío en estos 66 años de existencia porque no viene al caso. Aunque se tratara del mismo desierto ruinoso que encontraron los sionistas en los años 20 y no la nación de primer mundo que es hoy, nadie tiene derecho a decir algo así.

No lo hacen los judíos cuando hablan de los palestinos y no se debe permitir que suceda.

Cuando en países como Costa Rica se alzan voces de odio, ignorancia y prejuicio, amparadas a curules, medios o docencias, solo puedo pensar que algo muy malo está pasando hoy.

No solo porque esas voces se alzan, sino porque no escuchamos con la misma fuerza a las de la razón, la tolerancia y el respeto.

Ese silencio es mucho, mucho más peligroso que todo lo demás.

Los mediocres y la política

Debo reconocer que soy bastante adicta a la televisión y estoy viviendo un romance con una serie policial francesa que me tiene prendada no solo por su buena trama y actuaciones de primer nivel sino por la seriedad de sus reflexiones acerca de la vida, el mundo y las personas en general.

Hace un par de días, en uno de sus capítulos un periodista que es interrogado se deja decir en medio de su parlamento una frase que me dejó totalmente asombrada por su claridad: “La política les da a los mediocres una impunidad que me enferma”.

La relación directa entre el quehacer político y la mediocridad es un tema que se las trae y toca muchas aristas en la descomposición de las sociedades actuales, pero para no irme muy lejos hablaré de las democracias, y para ser más específica me referiré a la nuestra, a esa supuesta democracia de las que aun nos jactamos aunque la vemos caerse a pedazos todos los días.

No quiero entrar en detalles de cuándo fue que la mediocridad se adueñó de la vida política nacional o para decirlo de otra manera, cuándo un ejército de mediocres empezó a tironear las riendas del poder, pero sucedió hace ya tiempo y tiende a agravarse minuto a minuto.

Y ojo que no hablo de corrupción sino de mediocridad, pero para efectos prácticos muchas veces termina siendo lo mismo, porque quien no hace su trabajo en un Estado que pagamos todos, está robando de una u otra forma y eso de la manera más impune porque, como dijo este personaje, la política se lo permite… Los ejemplos sobran.

Las mujeres y el poder

En el principio de la mayoría de las culturas ancestrales fueron las mujeres deidades, hacedoras del mundo y veneradas de diversas formas. Ellas daban vida a los seres, eran nutricias y fuertes, cazadoras y agricultoras, encabezaban los clanes que fueron poblando las más recónditas zonas del planeta. Así lo cuenta cualquier texto de historia de la humanidad cuando describen los matriarcados que rigieron nuestros inicios, pero esta huella poderosa se disolvió en arenas, montañas y mares, cuando las sociedades empezaron a asentarse y los hombres fueron tomando posiciones de poder, dejando a sus compañeras al lado de fogones y críos.

En algún momento de esta historia antigua las mujeres se van diluyendo y deben ser parte de las posesiones maritales, dejan de decidir su destino y pasan a ser una especie de mercancía que se adquiere para fundar lazos que bajo la figura del matrimonio buscan proteger los bienes materiales que se heredarán, en la mayoría de las culturas, solo a los varones que sean procreados en esas uniones.

La figura femenina pierde su fuerza vital para ser vista más bien como un ser sumiso, manejable y cuyo mayor logro en la vida será la propia supervivencia y la de sus hijos. Mientras la ciencia, el arte y la cultura avanzan su rostro es mayoritariamente masculino y, salvo algunas conocidas excepciones, las mujeres son prácticamente borradas del avance planetario, Pasarán siglos, desaparecerán casi todas las culturas antiguas, y seguirán siendo los hombres quienes dicten las normas de convivencia, las leyes, las religiones…

Ejemplos de mujeres poderosas en siglos anteriores al XX los vemos solo en aquellas reinas,a emperatrices o princesas que llegaron a ejercer mando por herencia, con éxito importante en algunos casos o con pésimos resultados en otros.

Además, conforme las sociedades avanzaron hacia la industrialización, con el surgimiento de la burguesía y el proletariado, las mujeres y sus hijos deben incorporarse a la fuerza laboral, con jornadas extenuantes, pasando necesidades de todo tipo, lo que a millones les causará una muerte prematura.

Por eso podemos decir que recién hace poco más de 100 años las mujeres toman conciencia de que deben organizarse para luchar por sus derechos básicos como la reducción de la jornada laboral y la participación política.

Las sufragistas inglesas marcan un camino que con grandes obstáculos le ha permitido a millones de mujeres tomar conciencia de sus derechos y necesidades, propias de su género y de su rol dentro de las sociedades. En el siglo XX aparecen líderes femeninas como Indira Gandhi, Golda Meir, Margaret Tatcher, Benazir Buhto, que con muy diferentes historias personales y posiciones políticas son un referente de cómo esta lucha logra llevar a algunas féminas a los máximos cargos, y en puestos de elección popular.

Pero también es cierto que millones de mujeres en el mundo aun no tienen posibilidades de acceso a la participación política porque sus máximas aspiraciones se centran aun en su propia supervivencia y en la de sus hijos. Y esto no sucede solo en aquellas sociedades donde por razones culturales o religiosas las mujeres aun son vistas como mercancía negociable o peor aun,desechable. No, esto sucede en las sociedades avanzadas y en países como el nuestro, donde un 20% de hogares vive en pobreza extrema desde hace dos décadas, y estos son mayoritariamente liderados por mujeres con muy poco o ningún acceso a los beneficios de nuestra sociedad.

Algunas naciones en el mundo han elegido mujeres como presidentas, ministras, diputadas y otros puestos importantes, pero lo cierto es que estadísticamente resulta casi ridículo cuando se compara con la cantidad de hombres que acceden a los mismos cargos, y lo mismo sucede en las empresas ya que si bien hay algunas connotadas directoras o gerentes del más alto nivel, la mayoría de mujeres luchan aun  por su equidad en términos laborales y salariales.

Cuando hace cuatro años nuestro país eligió la primera mujer presidente muchas nos entusiasmamos con la posibilidad que esto representaba, sobretodo en términos de alcanzar mayores logros para aquellas en situación de pobreza extrema.

En lo personal creo que si bien el gobierno de doña Laura Chinchilla cometió errores importantes, estos no fueron mayores que los de otros presidentes, y sin embargo ella enfrentó críticas permanentes, hiciera bien o mal las cosas.

Algunas personas dijeron cuando finalizó su mandato que en muchos años Costa Rica no elegirá otra mujer presidente, castigando así no solo la labor de la señora Chinchilla sino cualquier posibilidad para quienes deseen aspirar a este alto puesto y tengan la desventaja de su sexo.

Estos argumentos, de por sí machistas y fuera de contexto, pueden frenar el avance de la equidad y las mejoras que las mujeres merecen y por las que siguen luchando día a día, desde trincheras políticas, mediáticas, empresariales, comunitarias y sobretodo personales.

Desde ese ángulo, podríamos entonces suponer que si toda mujer en gobierno es mala, todo hombre es bueno…Y bien sabemos que eso es una falacia total.

Viejos y pobres

Costa Rica envejece aceleradamente y se prevé que en un par de décadas o antes el país contará con más personas de la llamada tercera edad que niños en las aulas. Ya algunos expertos han señalado que los gobiernos deben abocarse desde ya a crear los mecanismos necesarios para atender una población adulta mayor, teniendo en cuenta que el promedio de vida actual en el país es de casi 80 años, uno de los más altos en el mundo como comenté en un artículo anterior.

Pero lo cierto es que estamos más que cortos en la atención integral de un gran grupo de costarricenses que ya pasan hoy de los 70 años y en algunos casos que son de curiosidad mundial sobrellevan más de 100, la mayoría de ellos viviendo con sus familias si las tienen, solos en gran parte o en instituciones públicas y privadas destinadas a este tipo de ciudadanos.

Con la edad vienen una serie de inconvenientes mayores porque la salud se deteriora en la mayoría de casos, dando paso a necesidades específicas para el tratamiento de enfermedades como cáncer, Parkinson o Alzheimer, entre otras, que requieren medicación específica y cara, además de cuidados médicos y paliativos.

Vivir más no significa vivir mejor, máxime si consideramos que el régimen de Invalidez, Vejez y Muerte, IVM, de la Caja Costarricense del Seguro Social, CCSS, viene de picada desde hace varios años y con suerte los fondos alcanzarán para el 2037 que está a la vuelta de la esquina. Nada justifica que estos fondos se hayan escurrido en medio de culpas recírprocas de varias administraciones, ineficiencia y corrupción, en un arrastre de al menos 20 años. La Caja debe hacer lo imposble para garantizar que los fondos no se extingan en uno de los momentos en que Costa Rica contará con muchos más adultos mayores que hoy.

Ya muchos pensionados actuales sobreviven con pensiones que parecen dádivas, mientras otros funcionarios estatales se jubilan antes de tiempo con millones mensuales en sus bolsillos.

Lo más doloroso de esto es que el IVM se creó precisamente para garantizar que quienes trabajaron toda su vida, lleguen a la vejez en condiciones de decencia mínima para sobrellevar sus últimos años sin ser una carga para sus familias o la sociedad, pero todo parece indicar que lejos de esto, el país se llenará cada vez más de personas viejas y pobres.

Por si fuera poco las inversiones gubernamentales en espacios para este segmento poblacional son pocas y en general no responden a los criterios de tener la mejor calidad de vida posible en la recta final, sino que son más asistenciales que otra cosa.

Sin dejar de darle a los niños las condiciones idóneas para el aprendizaje y la recreación, tema en el que también andamos más que rencos, el país debe considerar seriamente la atención de los adultos mayores como una prioridad inmediata, porque si no tendremos en pocos años las calles saturadas de mendigos ancianos y habrá sido una irresponsabilidad nacional.

La vejez merece un trato digno.

¿Informados o abrumados?

Usted o yo abrimos el diario en la mañana, si es que aun recibimos el impreso, y en un rato de lectura casi siempre apurada por la salida al trabajo, corroboramos lo que por diversas fuentes recibimos durante el día anterior o bien antes de sentarnos a leer.

Hace unos años una salsa (me refiero al baile latino) decía en un estribillo “tu amor es un periódico de ayer”, lo que para quienes en aquel momento teníamos esto como referencia noticiosa nos dejaba clarísimo que la relación estaba atrás, como el pedazo de papel impreso que se desactualizaba cada día.

Posiblemente si tuviéramos que extrapolar esa comparación a lo que vivimos hoy en términos informativos diríamos que es un tweet de hace 30 segundos. Y no exagero, porque las noticias son parte de la cotidianidad de millones de personas, que tienen acceso a la información en vivo y directo desde sus teléfonos celulares, computadoras o bien por los medios más tradicionales, que respondiendo a esta efervescencia también han desarrollado sus espacios cibernéticos complementarios,

Pero todo exceso tiene su precio y este abrumador peso de la información, buena, mala, verdadera o falsa, puede llevar al extremo contrario que es precisamente estar desinformados.

Repase un minuto lo que usted buscó o recibió este día o ayer en materia informativa y trate de retener las principales noticias que lo impactaron. Es probable que se sorprenda con la escasa retención que tuvo de temas trascendentes, sobretodo de contenidos, versus un desfile de titulares que le quedaron grabados en su memoria.

No es que me oponga a la información, sería ir contra el avance de las tecnologías que permiten llevarla a más personas, pero sí me cuestiono lo que tantas y tantas noticias, de toda índole, terminan causando en la psique colectiva.

Ejemplos recientes de notas falsas o fotos trucadas han generado manifestaciones inflamadas porque se dan por ciertas, aunque los medios reconozcan luego que las pusieron bajo amenazas de muerte o situaciones similares.

Además, vivir los acontecimientos en directo impacta de tal manera que muchas veces se genera una insensibilidad ante los mismos, se los ve como si fueran programas de televisión pero con muertos reales, a los que nos acostumbramos y eso también es peligroso.

En el último mes, solo para citar algunos ejemplos, hemos visto a los enfermos de ébola, la guerra entre Ucrania y Rusia, el conflicto entre Hamas e Israel, el avance de ISIS y los ataques estadounidenses, la muerte del adolescente negro en Ferguson y las manifestaciones, y el suicidio de Robin Williams, todo al mismo tiempo y con la misma intensidad, principalmente en las cadenas de televisión norteamericanas.

En el caso de los conflictos internacionales se trata de temas tan complejos que tienen implicaciones severas para la llamada paz mundial, si es que esta ha existido alguna vez, por lo que deben ser analizados con seriedad y no convertirlos en la actividad circense del momento, que será reemplazada por otra en el próximo tweet.

Los medios informativos mantienen su responsabilidad histórica de ofrecer noticias que sus seguidores puedan comprender y formar su criterio basados en información seria y confiable, pero si se comportan como grandes twiteros terminarán perdiendo el espacio que aun tienen en esta vorágine que al parecer se los está llevando por delante.

 

 

 

La nueva guerra, la vieja guerra

No nos engañemos, el mundo tal y como lo conocemos está en guerra, aunque sintamos lejanas las batallas y creamos que esos protagonistas no tienen nada que ver con nosotros.

Esta nueva guerra, para llamarla de alguna manera, tiene resabios de unas muy viejas y otras que no terminaron del todo, aderezada con misiles, drones, ejecuciones sumarias y asesinatos en masa. Hoy está en Oriente Medio pero es muy probable que se extienda y nos toque las puertas si no se logran acuerdos fundamentales para evitar una conflagración mundial.

Se trata del reto de supervivencia de la cultura occidental que se enfrenta hoy a la Yihad islámica y sus distintos brazos, pero que, en resumidas cuentas, pone en jaque el mundo como lo hemos conocido por muchos siglos.

Si repasamos brevemente la historia de la humanidad veremos que en diferentes momentos hubo desapariciones de las culturas más importantes y el surgimiento de otras. Fenicios, sumerios, caldeos, egipcios, griegos, romanos, vikingos, incas, mayas, aztecas,  son solo algunos de los pueblos que sucumbieron a la historia total o parcialmente. Y todas estas desapariciones fueron violentas y crueles, solo que el hombre desarrolló armas cada vez más sofisticadas, hasta llegar a las que conocemos actualmente y otras que posiblemente veremos pronto.

Millones de seres humanos murieron desde que unos decidieron imponer su supremacía sobre otros, ya fuera por territorios, religión o riqueza, ya que la mayoría de los conflictos en la historia humana se vinculan a estos factores y casi todas las conquistas o desapariciones de culturas responden a alguno o a los tres.

Occidente, como lo conocemos históricamente, se fue conformando en Europa en una mezcla de valores heredados de varias culturas, principalmente la greco-romana y judeo-cristiana, donde la filosofía y códigos de unos se amalgamaron con los principios religiosos de los otros.

Las guerras europeas  se dieron más que nada por territorios, ya que la religión católica se impuso a sangre y fuego, sobretodo con la Inquisión y el poder político de la Iglesia que termino expulsando a moros y judíos, los mismos que anteriormente dejaron sus tierras ancestrales bajo el dominio de romanos y cruzados. Caso aparte fue Inglaterra, la isla que abominó del catolicismo para crear el protestantismo que permitió a Enrique VIII divorciarse.

Los europeos no se conformaron con las riquezas de su continente y en prácticamente todo el resto del mundo, con lo cual, conforme avanzaron los movimientos colonialistas de esas naciones en el planeta  se fueron desdibujando las culturas autóctonas, dando paso a una cosmovisión occidental de la política, educación y religión, lo que osa, se mantuvo en términos generales cuando surgieron los movimientos independentistas y las naciones en la mayoría de continentes.

Lo cierto es que durante varios siglos Occidente impuso sus valores de alguna u otra forma y conforme las naciones europeas evolucionaron hacia sistemas más representativos como democracias presidenciales o regímenes parlamentarios, se dio por un hecho que así debía funcionar el planeta, o al menos hasta donde alcanzaba la llamada cultura occidental.

Pero a inicios del siglo XX se dieron dos circunstancias que sacudieron profundamente esos cimientos, ya que con muy pocos años de distancia Europa enfrentó el comunismo de la Unión Soviética y el temor de una expansión al resto de las naciones, sumidas en la gran depresión de la posguerra llevó a que una Alemania derrotada se rindiera al discurso racista del nazismo hitleriano.

Occidente unió sus fuerza para enfrentar en una segunda guerra mundial al Tercer Reich y sus aliados, dejando de lado el temor general de una expansión comunista, pero casi finalizada la conflagración se entró de lleno a una Guerra Fría que ha ido calentando el planeta durante los últimos 60 años.

Pareciera que en este período Occidente centró su lucha contra el comunismo y preservar los valores que lo caracterizan,algunos muy positivos y otros no tanto, pero a fin de cuentas, son los que han regido la mayor parte del planeta.

Pero se olvidó de poner verdadera atención a lo que sucedía en otros territorios no occidentalizados, aunque aparentemente estuvieran de acuerdo con los patrones impuestos por Europa y Norteamérica.

En Africa y Asia se gestaron movimientos políticos, algunos de inspiración comunista, pero también otros que buscaban retomar los valores del Islam, y el mundo empezó a tener cada vez más musulmanes, en su mayoría pacíficos, apegados a leyes que respetan la vida humana y otras religiones, pero un sector de estos se fue yendo hacia posiciones extremas y peligrosas porque consideran infieles a todos quienes no comulguen con estas posiciones, sean cristianos, judíos, laicos, incluso otros musulmanes no radicales.

Muchas  naciones de Medio Oriente y Africa, creadas de manera artificial por sus colonizadores, también adoptaron valores occidentales en algunos aspectos, pero en su mayoría fueron o son gobernadas por herederos de jeques con los que Europa negoció la repartición del territorio, defendiendo por encima de todo sus propios intereses económicos y políticos.

Además, como parte de su relación con las ex colonias, durante el siglo pasado y hasta la fecha Europa viene recibiendo grandes oleadas de inmigrantes que hoy constituyen una gran parte de la población de ese continente, lo que ha llevado a algunos analistas a referirse a este continente como Eurabia, y esto además ha generado movimientos xenófobicos por parte de grupos neonazis que vienen escalando políticamente en muchas de esas naciones.

Recordemos que, además, a partir de los años 70 Occidente vive una crisis en el abastecimiento de hidrocarburos, lo que da mayor relevancia a los países productores, en su mayoría árabes, los cuales aprovechan esta situación para sacar ventaja en el tratamiento de otros asuntos mundiales. Uno de estos temas es el llamado conflicto israelí- palestino, en el cual la posición de naciones occidentales que habían apoyado la existencia del Estado judío empieza a variar como resultado de estas presiones.

Además, con la caída del muro de Berlín y la reunificación alemana en 1989, así como la ruptura de la Unión Soviética en 1991, Occidente, se enfoca ahora más en el crecimiento de China o la amenaza de Corea del Norte, sin prestar debida atención a la gestación del islamismo radical y sus consecuencias.

Sin embargo, países como Afganistán, Líbano, Irak e Irán se vuelven explosivos  focos de tensiones y conflagraciones, donde la lucha contra estos nuevos enemigos de Occidente empieza a cobrar fuerza y a tener nombres y apellidos como Osama bin Laden, Al Qaeda, Hezbolá, Hamas, o más recientemente Boko Haram o Isis, que buscan instaurar califatos o repúblicas islámicas, destruyendo las fronteras y valores que Occidente impuso  en la zona hace más de doscientos años.

Hay que comprender que en esa zona las relaciones se dan por castas o tribus, así que cuando vemos un conflicto como el de Siria o actualmente el de Iraq con las persecuciones y matanzas que realiza Isis, nos cuesta comprender ese odio, pero son situaciones ancestrales que pasan por encima de sus nacionalidades.

Está claro que Occidente enfrenta una nueva guerra, esta vez de carácter esencialmente religioso contra la llamada Yihad islámica que agrupa ya millones de seguidores en todo el mundo, sobretodo en Medio Oriente. Sus adeptos están dispuestos a matar y morir en nombre de una serie de principios que son incomprensibles para la cultura occidental y atentan contra los valores básicos de esta civilización a la que pertenecemos.

El fin de esta guerra no está cerca, por el contrario, es probable que en los próximos años el mundo viva una mayor polarización entre ambas cosmovisiones y sean más frecuentes las escenas que vemos en los medios informativos. Por todo esto, lo que está en juego es mucho más serio que los conflictos presentados erróneamente como situaciones aisladas, cuando son parte de este mismo enfrentamiento.

Se trata de una guerra de civilizaciones, parece nueva, pero no lo es.

El derecho al respeto ajeno

No, no me equivoqué en el título.

Solamente creo que la famosa frase del prócer mexicano Benito Juárez,”el respeto al derecho ajeno es la paz”, debe revisarse a la luz de lo que sucede en este siglo XXI.

Cuando Juárez, presidente y caudillo mexicano de origen indígena que gobernó esa nación en varias ocasiones hasta su muerte en 1872, expresó rotundamente que la paz se basa en el respeto a los derechos del otro, tenía absoluta razón y la sigue teniendo hasta hoy.

Lo que sucede es que en este mundo guiado por tecnologías que invaden la privacidad a niveles nunca antes vistos, y que promueven odios mediáticos por infinidad de razones inhumanas, surge el imperativo de merecer, cada uno de nosotros, el respeto ajeno.

Para muchos esta puede parecer una verdad de Perogrullo, algo que debe darse por sentando, pero lo cierto es que cada día, de alguna manera específica, las personas irrespetan a otras por las más diversas razones, y como dije antes, en algunos casos generan con estas actitudes reacciones mediáticas escalofriantes.

Desde la invasión de la privacidad con la publicación de fotos y videos no autorizados de famosos o no tanto, hasta situaciones de bullying que han llevado al suicidio de muchos niños, adolescentes y adultos, el despliegue del poder de las tecnologías termina por avasallar a los seres humanos, o al menos aparentemente.

Y digo esto porque no hay tecnología sin una persona detrás, no hay tweet, selfie, correo, foto o video que no haya sido realizado al menos inicialmente por alguien. Claro está que muchos han perdido el control de sus acciones, hasta llegar a extremos de poner en riesgo temas de seguridad mundial como son los casos de Assange y Snowden.

Pero aun en las cosas más cotidianas en las que involucramos el uso de tecnologías o nos dejamos llevar por las informaciones mediáticas, todos merecemos respeto, no solo respetar los derechos de los otros.

Por supuesto que, en ambas vías, debe privar el que mis derechos y mi derecho al respeto no involucren la agresión a los otros de una u otra forma.

Mas volviendo al tema inicial que motiva estas líneas, acá van algunos temas en que todos merecemos respeto en medios y redes:

1. El respeto a la privacidad: Nadie merece ser expuesto a situaciones indecorosas, así se trate de un delincuente común o el Presidente de la República, la vida privada de las personas debe tratarse con respeto.

2. El respeto a la veracidad:Nadie merece ser informado falsamente o desinformado porque los medios y personas en estos responden a sus propias agendas, y dan noticias sin confirmar u omiten otras, generando situaciones fuera de control que incluso han cobrado vidas.

3. El respeto a la identidad: Nadie merece ser vejado, insultado o amenazado por su identidad sexual, religiosa, política u otra.

4. El respeto a la muerte: Nadie merece ser tratado como un cadáver anónimo o que sus familiares deban mostrar el dolor de la pérdida sin ser consultados previamente al respecto.

Si repasamos cada una de estas situaciones comprobaremos que todos los días millones de personas son irrespetadas por sus prójimos, sin que exista siquiera un sentimiento de constricción al respecto.

En un mundo donde muchos cobardes se escudan detrás de las tecnologías, deben alzarse las voces valientes que denuncien estos hechos y los visibilicen, para que las nuevas generaciones no crezcan creyendo que tienen todo el derecho de irrespetar a los demás.

 

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