Con menos de 24 horas de diferencia antes de conmemorar los trece años del fatídico 11 de setiembre y los ataques de al Qaeda en Nueva York -que ocasionaron más de 3000 muertos por el derrumbe de las torres gemelas y la caída de tres aviones estadounidenses- el presidente Barak Obama anunció que su nación, con el apoyo de una coalición mundial, combatirá al llamado Estado Islámico (EI),  ISI en inglés, hasta destruirlo.

Ya sabemos que se trata de un movimiento islamista extremo que busca instaurar un califato musulmán en distintas naciones de Medio Oriente y extenderse por el mundo, un grupo tan violento que tiene pasmado a Occidente y a muchos en esa zona, por la crueldad con la que trata a sus oponentes y persigue a aquellos grupos con distinta orientación religiosa, crisitianos, kurdos y yizidíes, sobretodo en Irak y Siria.

A estas fechas se estima que han muerto al menos 1700 personas, entre ellos cientos de mujeres y niños, y cerca de un millón se han visto obligadas a abandonar sus hogares por el temor a ser víctimas de este horror que se va extendiendo en esa tan conflictiva zona.

Todos hemos visto los terribles videos que mostraron la decapitaciones de dos periodistas norteamericanos, y sabemos que las ejecuciones en masa se dan todo el tiempo, así como otras atrocidades, muchas de estas difundidas por el mismo EI en redes sociales y medios informativos para que no quede duda de la veracidad de estos sangrientos hechos.

También sabemos que muchos de sus integrantes provienen de naciones occidentales, y que el EI cuenta con miles de milicianos activos, su mayoría en Medio Oriente, pero una gran cantidad en muchos países europeos y se sospecha que también en el propio Estados Unidos y Canadá.

Pero no hay cifras exactas de cuántos miembros de este grupo están combatiendo actualmente, ya que mientras funcionarios de Estados Unidos creen que se trata de unos 15000, expertos en seguridad iraquíes señalaron a principios de agosto que podrían ser entre 30000 y 50000, de los cuales un 30% están por convicción, mientras que el resto están en el EI por coerción de los líderes del grupo. Además, se sabe que un considerable número de combatientes no son iraquíes o sirios y que al menos 12000 extranjeros integran las filas del EI, incluyendo unos 2500 provenientes de países de Occidente, que han viajado a Siria e Irak en los últimos tres años.

Lo cierto es que el EI es en estos momentos tan temible que hace palidecer a al Qaeda y  se sospecha con sobrada razón que Occidente está expuesto a atentados mayores a los que sufrió hace 13 años en Nueva York y otros que siguieron en Madrid y Londres. Una de las principales razones del temor que genera el EI y que lo hace sentir cerca y no como parte del conflicto en Medio Oriente, es su capacidad de reclutamiento en las naciones donde hay mayorías musulmanas importantes fuera de esa región. Nadie puede olvidar el excelente acento británico del verdugo de los periodistas Foley y Sotoloff…

En su anuncio, Obama habló de fortalecer las incursiones aéreas para atacar objetivos detectados como bases del EI, e insistió en que las tropas estadounidenses no entrarán en otra guerra en Medio Oriente, pero para muchos analistas internacionales esto es apenas cosmético y dará pocos resultados en la lucha contra un grupo que se extiende a sangre y fuego.

Una de las críticas más fuertes y comentadas la hizo Michael Hayden, director de la CIA bajo el mandato de George W. Bush, quien comparó el uso de los ataques aéreos contra el Estado Islámico en Irak y Siria con el “sexo ocasional”.

“La dependencia que produce el poder aéreo tiene toda la atracción del sexo casual: Parece ofrecer gratificación pero con muy poco compromiso”, dijo el general retirado a la publicación US News & World Report, al advertir que esta sola estrategia puede ser insuficiente para acabar con el grupo islamista.

El  EI ya estableció un califato, liderado por Abu Bakr al Baghd, una forma de Estado dirigido por un líder político y religioso de acuerdo con la ley islámica o sharia, que controla un territorio entre Siria e Irak y pretende recibir el apoyo total del mundo musulmán. Aunque por ahora sólo tiene presencia en estos dos países, el EI prometió “romper las fronteras” del Líbano y Jordania con el fin de “liberar a Palestina”.

Precisamente por el alcance que está teniendo el EI, Hayden apoya la incursión terrestre en la zona, al manifestar que “cuanto antes se comience la lucha en Siria contra el Estado Islámico, mejor estaremos.

Hayden estuvo en posiciones fundamentales de la defensa estadounidense tanto en la CIA como en la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) desde el 2001 al 2009, y por lo tanto debe conocer mejor los alcances terroristas del EI, ya que esta agrupación inicia su escalada en 2002, muy poco tiempo después de los atentados del 11 de setiembre de 2001, cuando el jordano Abu Musab al-Zarqawi, creó el grupo radical Tawhid wa al-Jihad.

Un año después de la invasión liderada por Estados Unidos en Irak, como represalia a los ataques del 11 de setiembre, Zarqawi juró lealtad a Osama bin Laden y fundó al Qaeda en ese país, pero cuando éste muere en 2006, al Qaeda creó una organización alterna llamada el Estado Islámico de Irak.

Este fue mermado por las tropas estadounidenses y por la creación de consejos Sahwa (Despertar), liderados por tribus sunitas que rechazaron la brutalidad de sus métodos. Pero en 2010, su nuevo líder Abu Bakr al-Baghdadi reconstruyó la organización y realizó múltiples ataques en el país y el año pasado se unió a la rebelión contra el presidente sirio, Bashar al Asad, junto al frente al Nusra.

 En la actualidad se calcula que el EI tiene un alcance territorial que puede ir de los 40000 a los 90000 kilómetros cuadrados, incluyendo las ciudades de Mosul, Tikrit, Faluya y Tal Afar en Irak, y Raqqa en Siria. Además, tienen bajo su dominio campos de petróleo, represas, carreteras y límites fronterizos.

Se estima que cerca de ocho millones de personas viven bajo el control parcial o total de EI, que ha implementado una estricta interpretación de la sharia, que fuerza a las mujeres a llevar velo, obliga a los no musulmanes a convertirse o a pagar un impuesto, e impone temibles castigos que incluyen ejecuciones.

Y el panorama no podría se más desalentador para quienes esperan que esta ola de violencia sea frenada de alguna manera por una coalición de países occidentales y árabes, menos aun después del anuncio de Obama que muchos califican de tibio o ingenuo.

Para el experto Jonathan Spyer, investigador principal del Center of Global Research in International Affairs Center (GLORIA) y miembro del Middle East Forum, el Estado Islámico no está amenazado estratégicamente al menos no en estos momentos o con las medidas anunciadas.

“Las fuerzas que quieren destruir al Estado Islámico no pueden, y aquellas que podrían no lo desean”, enfatiza.

La compleja situación de Medio Oriente, con  los conflictos específicos en Siria, Irak e Irán, hacen muy difícil que se pueda actuar de una manera tan precisa como espera el presidente Obama, y en su criterio, los ataques aéreos como única medida no pueden erradicar a los jihadistas de sus bastiones en Siria, o de sus conquistas iraquíes en general. Eso sólo puede lograrse mediante fuerzas terrestres y esto no parece que vaya a concretarse en el corto plazo.

Spyder considera que por una parte Estados Unidos carece de una estrategia clara sobre cómo tratar al Estado Islámico, y tampoco existe en este momento voluntad política para el tipo de compromiso de las fuerzas occidentales que podrían arrasar con el Estado Islámico.

Visto de esta manera, el EI podría extender su sharia hacia otros países, y los desplazamientos, muertes y brutalidades que conmueven a Occidente, el gran responsable de estas situaciones como expliqué en mi tema “La nueva guerra, la vieja guerra”, se volverán cada vez más parte de la rutina mediática. Pero además de esta terrible circunstancia, debemos visualizar esa bandera odiosa ondeando sobre las cabezas de miles de europeos, y por qué no, en este continente.

No es una película de terror, es una realidad que viene extendiendo un manto de muerte y cuyos alcances aun no se han medido y posiblemente no los sospechamos.

Lo único que puedo afirmar, es que el terror está lejos, muy lejos, de desaparecer.

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Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
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