No nos engañemos, el mundo tal y como lo conocemos está en guerra, aunque sintamos lejanas las batallas y creamos que esos protagonistas no tienen nada que ver con nosotros.

Esta nueva guerra, para llamarla de alguna manera, tiene resabios de unas muy viejas y otras que no terminaron del todo, aderezada con misiles, drones, ejecuciones sumarias y asesinatos en masa. Hoy está en Oriente Medio pero es muy probable que se extienda y nos toque las puertas si no se logran acuerdos fundamentales para evitar una conflagración mundial.

Se trata del reto de supervivencia de la cultura occidental que se enfrenta hoy a la Yihad islámica y sus distintos brazos, pero que, en resumidas cuentas, pone en jaque el mundo como lo hemos conocido por muchos siglos.

Si repasamos brevemente la historia de la humanidad veremos que en diferentes momentos hubo desapariciones de las culturas más importantes y el surgimiento de otras. Fenicios, sumerios, caldeos, egipcios, griegos, romanos, vikingos, incas, mayas, aztecas,  son solo algunos de los pueblos que sucumbieron a la historia total o parcialmente. Y todas estas desapariciones fueron violentas y crueles, solo que el hombre desarrolló armas cada vez más sofisticadas, hasta llegar a las que conocemos actualmente y otras que posiblemente veremos pronto.

Millones de seres humanos murieron desde que unos decidieron imponer su supremacía sobre otros, ya fuera por territorios, religión o riqueza, ya que la mayoría de los conflictos en la historia humana se vinculan a estos factores y casi todas las conquistas o desapariciones de culturas responden a alguno o a los tres.

Occidente, como lo conocemos históricamente, se fue conformando en Europa en una mezcla de valores heredados de varias culturas, principalmente la greco-romana y judeo-cristiana, donde la filosofía y códigos de unos se amalgamaron con los principios religiosos de los otros.

Las guerras europeas  se dieron más que nada por territorios, ya que la religión católica se impuso a sangre y fuego, sobretodo con la Inquisión y el poder político de la Iglesia que termino expulsando a moros y judíos, los mismos que anteriormente dejaron sus tierras ancestrales bajo el dominio de romanos y cruzados. Caso aparte fue Inglaterra, la isla que abominó del catolicismo para crear el protestantismo que permitió a Enrique VIII divorciarse.

Los europeos no se conformaron con las riquezas de su continente y en prácticamente todo el resto del mundo, con lo cual, conforme avanzaron los movimientos colonialistas de esas naciones en el planeta  se fueron desdibujando las culturas autóctonas, dando paso a una cosmovisión occidental de la política, educación y religión, lo que osa, se mantuvo en términos generales cuando surgieron los movimientos independentistas y las naciones en la mayoría de continentes.

Lo cierto es que durante varios siglos Occidente impuso sus valores de alguna u otra forma y conforme las naciones europeas evolucionaron hacia sistemas más representativos como democracias presidenciales o regímenes parlamentarios, se dio por un hecho que así debía funcionar el planeta, o al menos hasta donde alcanzaba la llamada cultura occidental.

Pero a inicios del siglo XX se dieron dos circunstancias que sacudieron profundamente esos cimientos, ya que con muy pocos años de distancia Europa enfrentó el comunismo de la Unión Soviética y el temor de una expansión al resto de las naciones, sumidas en la gran depresión de la posguerra llevó a que una Alemania derrotada se rindiera al discurso racista del nazismo hitleriano.

Occidente unió sus fuerza para enfrentar en una segunda guerra mundial al Tercer Reich y sus aliados, dejando de lado el temor general de una expansión comunista, pero casi finalizada la conflagración se entró de lleno a una Guerra Fría que ha ido calentando el planeta durante los últimos 60 años.

Pareciera que en este período Occidente centró su lucha contra el comunismo y preservar los valores que lo caracterizan,algunos muy positivos y otros no tanto, pero a fin de cuentas, son los que han regido la mayor parte del planeta.

Pero se olvidó de poner verdadera atención a lo que sucedía en otros territorios no occidentalizados, aunque aparentemente estuvieran de acuerdo con los patrones impuestos por Europa y Norteamérica.

En Africa y Asia se gestaron movimientos políticos, algunos de inspiración comunista, pero también otros que buscaban retomar los valores del Islam, y el mundo empezó a tener cada vez más musulmanes, en su mayoría pacíficos, apegados a leyes que respetan la vida humana y otras religiones, pero un sector de estos se fue yendo hacia posiciones extremas y peligrosas porque consideran infieles a todos quienes no comulguen con estas posiciones, sean cristianos, judíos, laicos, incluso otros musulmanes no radicales.

Muchas  naciones de Medio Oriente y Africa, creadas de manera artificial por sus colonizadores, también adoptaron valores occidentales en algunos aspectos, pero en su mayoría fueron o son gobernadas por herederos de jeques con los que Europa negoció la repartición del territorio, defendiendo por encima de todo sus propios intereses económicos y políticos.

Además, como parte de su relación con las ex colonias, durante el siglo pasado y hasta la fecha Europa viene recibiendo grandes oleadas de inmigrantes que hoy constituyen una gran parte de la población de ese continente, lo que ha llevado a algunos analistas a referirse a este continente como Eurabia, y esto además ha generado movimientos xenófobicos por parte de grupos neonazis que vienen escalando políticamente en muchas de esas naciones.

Recordemos que, además, a partir de los años 70 Occidente vive una crisis en el abastecimiento de hidrocarburos, lo que da mayor relevancia a los países productores, en su mayoría árabes, los cuales aprovechan esta situación para sacar ventaja en el tratamiento de otros asuntos mundiales. Uno de estos temas es el llamado conflicto israelí- palestino, en el cual la posición de naciones occidentales que habían apoyado la existencia del Estado judío empieza a variar como resultado de estas presiones.

Además, con la caída del muro de Berlín y la reunificación alemana en 1989, así como la ruptura de la Unión Soviética en 1991, Occidente, se enfoca ahora más en el crecimiento de China o la amenaza de Corea del Norte, sin prestar debida atención a la gestación del islamismo radical y sus consecuencias.

Sin embargo, países como Afganistán, Líbano, Irak e Irán se vuelven explosivos  focos de tensiones y conflagraciones, donde la lucha contra estos nuevos enemigos de Occidente empieza a cobrar fuerza y a tener nombres y apellidos como Osama bin Laden, Al Qaeda, Hezbolá, Hamas, o más recientemente Boko Haram o Isis, que buscan instaurar califatos o repúblicas islámicas, destruyendo las fronteras y valores que Occidente impuso  en la zona hace más de doscientos años.

Hay que comprender que en esa zona las relaciones se dan por castas o tribus, así que cuando vemos un conflicto como el de Siria o actualmente el de Iraq con las persecuciones y matanzas que realiza Isis, nos cuesta comprender ese odio, pero son situaciones ancestrales que pasan por encima de sus nacionalidades.

Está claro que Occidente enfrenta una nueva guerra, esta vez de carácter esencialmente religioso contra la llamada Yihad islámica que agrupa ya millones de seguidores en todo el mundo, sobretodo en Medio Oriente. Sus adeptos están dispuestos a matar y morir en nombre de una serie de principios que son incomprensibles para la cultura occidental y atentan contra los valores básicos de esta civilización a la que pertenecemos.

El fin de esta guerra no está cerca, por el contrario, es probable que en los próximos años el mundo viva una mayor polarización entre ambas cosmovisiones y sean más frecuentes las escenas que vemos en los medios informativos. Por todo esto, lo que está en juego es mucho más serio que los conflictos presentados erróneamente como situaciones aisladas, cuando son parte de este mismo enfrentamiento.

Se trata de una guerra de civilizaciones, parece nueva, pero no lo es.

Sígueme

Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
Sígueme

Latest posts by Mariana Lev (see all)