En el principio de la mayoría de las culturas ancestrales fueron las mujeres deidades, hacedoras del mundo y veneradas de diversas formas. Ellas daban vida a los seres, eran nutricias y fuertes, cazadoras y agricultoras, encabezaban los clanes que fueron poblando las más recónditas zonas del planeta. Así lo cuenta cualquier texto de historia de la humanidad cuando describen los matriarcados que rigieron nuestros inicios, pero esta huella poderosa se disolvió en arenas, montañas y mares, cuando las sociedades empezaron a asentarse y los hombres fueron tomando posiciones de poder, dejando a sus compañeras al lado de fogones y críos.

En algún momento de esta historia antigua las mujeres se van diluyendo y deben ser parte de las posesiones maritales, dejan de decidir su destino y pasan a ser una especie de mercancía que se adquiere para fundar lazos que bajo la figura del matrimonio buscan proteger los bienes materiales que se heredarán, en la mayoría de las culturas, solo a los varones que sean procreados en esas uniones.

La figura femenina pierde su fuerza vital para ser vista más bien como un ser sumiso, manejable y cuyo mayor logro en la vida será la propia supervivencia y la de sus hijos. Mientras la ciencia, el arte y la cultura avanzan su rostro es mayoritariamente masculino y, salvo algunas conocidas excepciones, las mujeres son prácticamente borradas del avance planetario, Pasarán siglos, desaparecerán casi todas las culturas antiguas, y seguirán siendo los hombres quienes dicten las normas de convivencia, las leyes, las religiones…

Ejemplos de mujeres poderosas en siglos anteriores al XX los vemos solo en aquellas reinas,a emperatrices o princesas que llegaron a ejercer mando por herencia, con éxito importante en algunos casos o con pésimos resultados en otros.

Además, conforme las sociedades avanzaron hacia la industrialización, con el surgimiento de la burguesía y el proletariado, las mujeres y sus hijos deben incorporarse a la fuerza laboral, con jornadas extenuantes, pasando necesidades de todo tipo, lo que a millones les causará una muerte prematura.

Por eso podemos decir que recién hace poco más de 100 años las mujeres toman conciencia de que deben organizarse para luchar por sus derechos básicos como la reducción de la jornada laboral y la participación política.

Las sufragistas inglesas marcan un camino que con grandes obstáculos le ha permitido a millones de mujeres tomar conciencia de sus derechos y necesidades, propias de su género y de su rol dentro de las sociedades. En el siglo XX aparecen líderes femeninas como Indira Gandhi, Golda Meir, Margaret Tatcher, Benazir Buhto, que con muy diferentes historias personales y posiciones políticas son un referente de cómo esta lucha logra llevar a algunas féminas a los máximos cargos, y en puestos de elección popular.

Pero también es cierto que millones de mujeres en el mundo aun no tienen posibilidades de acceso a la participación política porque sus máximas aspiraciones se centran aun en su propia supervivencia y en la de sus hijos. Y esto no sucede solo en aquellas sociedades donde por razones culturales o religiosas las mujeres aun son vistas como mercancía negociable o peor aun,desechable. No, esto sucede en las sociedades avanzadas y en países como el nuestro, donde un 20% de hogares vive en pobreza extrema desde hace dos décadas, y estos son mayoritariamente liderados por mujeres con muy poco o ningún acceso a los beneficios de nuestra sociedad.

Algunas naciones en el mundo han elegido mujeres como presidentas, ministras, diputadas y otros puestos importantes, pero lo cierto es que estadísticamente resulta casi ridículo cuando se compara con la cantidad de hombres que acceden a los mismos cargos, y lo mismo sucede en las empresas ya que si bien hay algunas connotadas directoras o gerentes del más alto nivel, la mayoría de mujeres luchan aun  por su equidad en términos laborales y salariales.

Cuando hace cuatro años nuestro país eligió la primera mujer presidente muchas nos entusiasmamos con la posibilidad que esto representaba, sobretodo en términos de alcanzar mayores logros para aquellas en situación de pobreza extrema.

En lo personal creo que si bien el gobierno de doña Laura Chinchilla cometió errores importantes, estos no fueron mayores que los de otros presidentes, y sin embargo ella enfrentó críticas permanentes, hiciera bien o mal las cosas.

Algunas personas dijeron cuando finalizó su mandato que en muchos años Costa Rica no elegirá otra mujer presidente, castigando así no solo la labor de la señora Chinchilla sino cualquier posibilidad para quienes deseen aspirar a este alto puesto y tengan la desventaja de su sexo.

Estos argumentos, de por sí machistas y fuera de contexto, pueden frenar el avance de la equidad y las mejoras que las mujeres merecen y por las que siguen luchando día a día, desde trincheras políticas, mediáticas, empresariales, comunitarias y sobretodo personales.

Desde ese ángulo, podríamos entonces suponer que si toda mujer en gobierno es mala, todo hombre es bueno…Y bien sabemos que eso es una falacia total.

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Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
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