16 AGOSTO, 2014 / EDITAR

La capacidad innata de los seres humanos es el asombro. Al momento de nacer nos deslumbra ese mundo físico inmediato que desconocimos en el vientre materno y que es ahora el espacio que habitaremos, aunque supongo que muchos quisimos quedarnos en la tibieza acuosa que nos sostuvo y alimentó durante la gestación.

El asombro nos mueve hacia afuera, hacia el otro, nos lleva a descubrir el entorno y los seres que serán parte de nuestra vida, algunos de ellos tan fundamentales que la definirán en muchos aspectos. Pero el asombro también nos lleva hacia nosotros mismos en  esa soledad que también será nuestra compañera de vida.

Sin el asombro no somos humanos, no podemos sorprendernos ante nada y vegetamos en el mundo.

Pero es casi imposible ser humano y no asombrarse ante algo o alguien, por lo que espero desde acá  compartir temas y reflexiones que provoquen reflexión y pensamiento crítico en quienes los lean.

Y lo más probable es que sea yo quien más se asombre, al menos eso espero.

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Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
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