¿Cómo se define usted, cuál es su primera impresión acerca de sí mismo?

¿Lo hace por su apariencia física, por su género, por su religión,por su estado civil, por su profesión, por su posición política, por alguna causa que defiende o ataca, por sus calidades humanas?

Es probable que un autorretrato incluya alguna o todas las posibilidades anteriores, porque nadie escapa a estas que podemos llamar definiciones esenciales, muchas de las cuales vienen como un sello cuando nacemos, y otras las vamos adquiriendo conforme avanzamos en la vida.

Cada ser humano es la suma de una serie de circunstancias que lo van a definir desde el inicio de sus días. Los patrones culturales, el lugar donde se nace, la educación y las posibilidades de tener una vida decente, marcan a millones de niños que nacen cada segundo en este planeta.

Es casi seguro que aquellos nacidos en condiciones de pobreza extrema tendrán pocas oportunidades en términos generales, y si logran sobrevivir sus primeros años de vida también es muy probable que no superen las condiciones de miseria existentes cuando nacieron, y se definirán como pobres día con día, por encima de cualquier otra opción.

Claro que como en todo hay excepciones a esta triste regla, y los gobiernos, entidades no gubernamentales y demás organizaciones, enfrentan esa lucha constante contra la pobreza extrema, que sigue siendo un flagelo inexplicable en un mundo que por otro lado derrocha opulencia, y es escaparate de situaciones tan banales que deberían darnos vergüenza colectiva.

Si por otra parte, uno de esos recién nacidos crece en un medio menos hostil, es mucho más probable que sus definiciones esenciales se centren en otros aspectos como su apariencia física, género, nacionalidad o religión.

En ese sentido esa persona crecerá viéndose a sí misma como un resumen de distintas circunstancias que se acrisolan en su ser, dándole un  sentido de existencia, de pertenencia y aceptación, aunque también pueden enfrentarlo a quienes se definan de manera opuesta a la suya, y sabemos que el mundo está repleto de prejuicios e intolerancia que llevan, y han llevado a través de la historia, a espantosos crímenes, guerras y otras atrocidades.

El exacerbamiento de las definiciones religiosas nos tiene hoy al borde de una conflagración y muchas otras se han dado en capítulos anteriores de la humanidad, algunos para nada lejanos.

Las definiciones de género también han sido objeto de ultrajes, desigualdades y enormes injusticias. En algunas sociedades, nacer mujer involucra una vida de hostigamiento, falta de derechos esenciales e incluso muertes prematuras por el solo hecho de no ser hombres. Y ni se diga de las definiciones de homosexualidad o transexualidad, que tantos prejuicios acarrean, y cuyos protagonistas muchas veces también pagan con sus vidas por ser como son.

Poder definirse con libertad, poder decirse a uno mismo y a los demás lo que uno es, en cualquiera de las alternativas que nos plantea el abanico existencial, es un privilegio que millones de seres humanos no tienen en este siglo XXI.

Quienes sí podemos decir abiertamente lo que somos, tenemos la obligación moral de defender que esto siga siendo así y que muchos otros también puedan hacerlo, sin miedo.

Imagen de perfil de Mariana Lev
Sígueme

Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
Imagen de perfil de Mariana Lev
Sígueme

Ultimos artículos de Mariana Lev (Ver todos)