Con el mismo asombro

¿Y si perdemos el asombro qué nos queda?

Mes: septiembre 2014 (página 2 de 2)

Hasta en las mejores familias

Muy probablemente usted sea parte de esta historia, como padre, madre o hijo.

Me refiero a que en las últimas décadas el incremento de divorcios a nivel mundial viene escalando posiciones y por el otro lado, el descenso en los matrimonios también.

Hace 50 años era muy difícil, casi excepcional encontrar parejas en unión libre, sobretodo con hijos, o personas divorciadas de ambos sexos, que no manejaran una condenatoria social, implícita o explícita, ya que la gente se casaba “para toda la vida” y las “mejores familias” estaban integradas por una ceremonia, hijos reconocidos y apellidos compartidos.

Pero esto ya no es así y las posibilidades de que un matrimonio funcione – no digo se mantenga-, se van haciendo más limitadas por muy diversas razones. Una de estas, es que las mujeres a partir del uso de métodos anticonceptivos así como una mayor integración en distintos niveles de la sociedad han ganado una independencia que no tenían en las sociedades occidentales, u occidentalizadas, donde ya no requieren ser de alguien para ser ellas mismas y son mucho más dueñas de sus acciones y destino.

Otra es que, efectivamente, el ritmo de vida actual limita el tiempo y espacios de convivencia y comunicación, y ya sabemos que a lo largo de nuestras vidas pasaremos muchas más horas con nuestros compañeros de trabajo que con las familias. Además, con tanta tecnología disponible, ese espacio que puede tener el núcleo familiar, muchas veces se limita a estar sentados juntos, cada uno en lo suyo y comunicándose con otros, totalmente ajenos a los que están al lado.

Veamos algunas cifras que nos enfocan más directamente en este tema, y que son producto de un estudio bastante reciente de Business Insider, para responder la pregunta de en qué países del mundo occidental hay más divorcios.

Bélgica encabeza este poco alegre dato con un 70% , seguido por Portugal con 68%, Hungría con 67%, República Checa con 66%. España, a pesar del peso del catolicismo tiene un 61% de divorcios, y Estados Unidos registra un 53% de rupturas matrimoniales. En América Latina Cuba encabeza la lista con 56%, mientras Panamá y Venezuela comparten un 27%, Brasil un 21%, Ecuador 20%, México 15%; en el extremo opuesto, Guatemala y Chile se colocan entre las naciones con menos divorcios en el mundo con 5% y 3% respectivamente.

En Costa Rica la situación ascendente de los divorcios también es preocupante, ya que según datos del Tribunal Supremo de Elecciones y el Instituto Nacional de Estadística y Censo, entre el 2001 y 2011 los divorcios aumentaron un 43,74% mientras que los matrimonios solo un 4,89%. Esto significa que si en 2001 se divorciaron 100 parejas, en 2011 lo hicieron 144. El total de divorcios inscritos ante el TSE en el año 2001, fue de 7.084 y en el 2011 alcanzó los 12.592, duplicando la cantidad de separaciones en la última década. Mientras que en el 2001, por cada 10 matrimonios hubo 3 divorcios, en el 2011 esta tasa aumentó a 1 divorcio por cada 2 matrimonios.

Hace algún tiempo leí un estudio que señalaba que cualquier cosa en materia de relaciones de pareja y familia que se consideró negativa o disfuncional en el siglo XX  o antes será la norma en este que ya vivimos, y con esto no quiero decir que los matrimonios convencionales, las familias como las conocimos por muchas generaciones estén mal, al contrario, creo que mantener un núcleo de esa manera, sobretodo si se basa en el amor, respeto y cosmovisión compartidos, es un marco estupendo para las parejas e hijos.

Pero cada vez son menos los que lo logran y millones de personas en el mundo están viviendo otras modalidades de familia, así como otros millones viven solas, sin que esto deba ser calificado como disfuncional, fracaso o algún otro epíteto que reduzca la autoestima de quienes se encuentran en ese estado por distintas circunstancias.

Las aulas escolares, los colegios, universidades, empresas y gobiernos de estos días están llenos de personas divorciadas, otras vueltas a casar incluso varias veces, matrimonios o uniones libres del mismo sexo, y los hijos e hijas de distintas circunstancias familiares son cada vez más una norma, no una excepción.

Claro que un divorcio es traumático, pero en mi criterio lo es más una relación que se sostiene por las razones equivocadas y arrastra a los hijos a situaciones de inseguridad e incluso violencia doméstica. Las parejas que no pueden negociar una convivencia que sea beneficiosa para ellos y sus niños, deben separarse de la manera más amable, educada y civilizada que les sea posible, poniendo por delante la sanidad emocional de sus miembros.

Una vez que engrosan este ejército de matrimonios terminados, deben aprender la lección de por qué esto no funcionó y en la medida de sus posibilidades buscar la ayuda terapéutica que necesiten, para evitar que se repita la misma historia con otras personas, porque esto lesiona aun más su autoestima y puede traer serios perjuicios a sus hijos.

Divorciarse o separarse no está mal si luego de haber hecho el mejor esfuerzo posible para tener una buena relación esta no da más, y ser hijo de estas situaciones ya no es un pecado sino parte de una realidad social que se extiende en el mundo. Pero el camino para la recuperación emocional no está necesariamente en encontrar otra pareja lo antes posible, ya que todo proceso doloroso debe sanar y el tiempo es fundamental para esto. Los hijos de una ruptura se sentirán protegidos y seguros en la medida que sus padres y madres asuman que ellos son la prioridad y les den el soporte económico y psicológico que necesitan para adaptarse a ese cambio en sus vidas.

Las cifras presentadas anteriormente son apenas un reflejo de que “las mejores familias”, como las conocimos décadas atrás, son hoy las menos y el incremento de divorcios, las reducciones en los matrimonios convencionales y el surgimiento de otros esquemas distintos de las relaciones familiares, obligan a ver este entorno con una óptica distinta, desprovista de prejuicios y etiquetas que caracterizaron lo distinto en otros siglos.

Mientras antes comprendamos que esta es la nueva realidad, será más fácil lidiar con las vicisitudes que presenta, no peores que las de otras épocas, solo diferentes.

 

Quiero ser feliz

Esa fue mi respuesta que di a la pregunta de mi papá acerca de lo que quería ser cuando fuera grande. Yo tenía seis años y un fuerte acento mexicano porque vivíamos en el D.F: en ese momento, y así quedó el registro de mi reflexión la cual a vece escuchamos en el vejo tocacintas familiar, un aparato que para muchos de ustedes es tan anacrónico como la televisión en blanco y negro, el casete y otros avances tecnológicos que marcaron la vida de quienes pasamos los 50 años de edad.

No estoy segura si a la vuelta de casi seis década he logrado ser feliz porque este es un estado que generalmente se produce en distintos momentos y no una constante en la vida, digan lo que digan los libros de auto ayuda y otras teorías que en un mundo estresante nos tratan de guiar para que tratemos de ser felices en medio de todo lo que enfrentamos a diario.

Sin embargo, creo que, con los altibajos correspondientes, todos en algunos momentos nos hemos sentido felices ya sea porque realizamos sueños de distinta índole o simplemente nos embarga una sana sensación de paz interna y algo se nos ilumina en la mente y el corazón.

La felicidad sigue siendo una de las máximas aspiraciones del ser humano, y posiblemente una de las más paradójicas, porque no hay forma precisa de definir quién es feliz y quién no.

Si las condiciones socio económicas y la resolución de los problemas esenciales son elementos que permiten medir la felicidad, encontramos enormes contradicciones, ya que al personas con millones de dólares en sus cuentas bancarias, fama y prestigio, muchas veces son profundamente infelices al grado de poner fin  a sus vidas, dejándonos a todos boquiabiertos.

Por otra parte, también vemos que personas con apenas niveles de subsistencia mínimos o incluso sin llegar a estos se definen como felices, y uno ve sus rostros iluminados y serenos en medio de la mayor miseria, lo que también nos deja boquiabiertos.

Entonces, me pregunto si en lugar de una aspiración, que siempre se nos hace lejana por distintas circunstancias, debemos considerar la felicidad como una forma de ver la vida, y con esto me refiero a la utopía de que cada individuo se enfoque en vivir de una forma feliz , para que al sumar esas individualidades felices podamos tener naciones, continentes y un planeta feliz.

Pero por lo que vemos diariamente esto tampoco está cerca de cumplirse, sobretodo porque muchas veces la felicidad de uno consiste en atropellar la del otro, y sino solo basta ver las noticias.

¿Y si el colectivo en el que vivo se auto define como feliz, eso me hace feliz como individuo?

El Reporte Mundial de la Felicidad, publicado hace un año por The Earth Institute de la Universidad de Columbia, a cargo del prestigioso investigador Jeffrey Sachs, se analizaron los siguientes factores en 156 países:

  • El bienestar que los habitantes de una nación dicen tener
  • La esperanza de vida con la que cuentan
  • La huella ecológica de una nación

Este estudio se realizó tras la aprobación en  2011 de una resolución de las Naciones Unidas, para que en cada país se pueda “medir la felicidad de su pueblo y ayudar a guiar el desarrollo de sus políticas públicas”.

“La felicidad, que es una aspiración de todo ser humano, también puede ser considerada como una medida del progreso social”, aclara Sachs en el informe, que encabezan Dinamarca, Noruega, Suiza, Holanda, Suecia, Canadá, Finlandia, Austria, Islandia, Australia, Israel, Costa Rica, Nueva Zelanda, Emiratos Arabes y Panamá.

Otros países latinoamericanos como México(16) y Venezuela (20), Brasil (24), Chile (28), Argentina (29), Colombia (35), Uruguay (37), Suriname (40), Guatemala (47), Ecuador (49) y Bolivia (50), figuran al inicio de esta lista.

Veamos los resultados de otro estudio, de tipo cualitativo y que realizó en 2012 la encuestadora internacional Cid Gallup, donde midió los “sentimientos positivos”, de alrededor de 1000 personas en cada uno de los 148 países analizados.

Los 148000 encuestados en el mundo respondieron cinco preguntas sobre las experiencias positivas habían tenido el día anterior: si habían descansado bien, si habían sido tratados con respeto, si sonrieron o rieron mucho, y si habían hecho o aprendido algo interesante.

Uno de los datos más interesantes del estudio es que la bonanza económica no influye en esta sensación de felicidad, ya que en Singapur, una nación rica y pujante, sólo 46% de los entrevistados respondieron “sí” a esas preguntas, comparados con el 55% de las personas en Haití y Afganistán. Incluso en Siria, en donde el levantamiento civil que luego llevó a una guerra civil ocurrió en 2011, 60% de las personas respondieron sí a las preguntas de la encuesta.

Otro dato en este sentido que señala la encuesta es que economistas en Estados Unidos han encontrado que los ingresos sólo afectan la felicidad diaria cuando se gana hasta 75.000 dólares al año. Un mayor ingreso que eso no hace mayor diferencia para el bienestar de los estadounidenses, lo que podría generalizarse si vemos los resultados de este.

Quienes reportaron la mayor cantidad de sentimientos positivos fueron Panamá y Paraguay, con un 85%, países cuyo PIB per cápita no figuran en los primeros del mundo. De hecho, ocho de los diez países más felices en el sondeo están localizados en América Latina: El Salvador y Venezuela, 84%;Trinidad y Tobago, 83%; Guatemala, 82%; Ecuador y Costa Rica, 81%.

Como vemos,sea cual sea la forma de medir la felicidad lo que nos arroja son más preguntas que respuestas y probablemente acá entran en juego los valores culturales y religiosos, las expectativas personales y la forma de ver el vaso, medio vacío o medio lleno.

Yo aun no resolví si aquella respuesta hace casi 51 años obedeció a una precocidad intelectual y filosófica o solamente a que en ese momento no me sentía feliz y quería serlo. Pero sea como sea, a la vuelta de más de la mitad de la vida me sigo preguntando cada día donde está el secreto de las personas felices, y trato de encontrar las respuestas en mí, convencida que ser feliz es casi una obligación para quienes tenemos la inmensa dicha de estar vivos.

669 fotos

Hace unos meses revisando la página de BBC conocí la increíble historia de Sir Nicholas Winton, quien hoy tiene 105 años de edad y esa sola razón ya lo convierte en uno de los seres humanos más longevos.

Esta historia fue también tema central del prestigioso programa norteamericano 60 minutes hace pocos días, en el cual se le rindió homenaje a este héroe de la Segunda Guerra Mundial, cuya historia personal parece salida de la trama de una novela de suspenso.

Lo que hizo Nicholas Winton me hace reflexionar profundamente acerca de la bondad esencial que puede mover a las personas en medio del odio y la crueldad, cuando alguien asume una responsabilidad titánica, poniendo en riesgo su propia vida, solamente porque sabe que debe hacer lo correcto.

La retomo hoy que en Costa Rica se conmemora el Día Universal del Niño, cumpliendo así con la resolución de Naciones Unidas de 1954 en la que se recomendó instituir una fecha para que cada país miembro destinara un día especial “a la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo y destinado a actividades para la promoción del bienestar y de los derechos de los niños del mundo”. A partir de ese momento y en distintos años, los países miembros fueron adoptando el Día del Niño en fechas que consideraron oportunas, por lo cual no hay coincidencia en los días que realizan  las conmemoraciones, pero sí en la esencia del compromiso adquirido por las Naciones Unidas hace 60 años.

Cuando Nicholas Winton toma las decisiones que toma no existían los Derechos de los Niños, que recién fueron oficializados en 1959, 20 años después de lo que acaeció en la historia que estoy narrando, y posiblemente tampoco hubieran sido de ayuda si vemos cuántos infantes han muerto en guerras y otros actos de violencia extrema antes y después de estos compromisos mundiales.

Nicholas Winton tenía apenas 29 años de edad y la Segunda Guerra Mundial estaba por iniciar. Nacido en Inglaterra en el seno de una familia de inmigrantes judíos alemanes, su vida hasta ese momento fue tranquila y acomodada, ya que sus padres habían logrado una posición dentro de la burguesía inglesa. Por estas razones, el joven Winton pudo estudiar y en 1931, empezó a trabajar como agente de bolsa en Londres, su ciudad natal.

Para las vacaciones de 1938 Winton pensaba ir a esquiar a Suiza, pero su amigo Martin Blake le propuso que fuera a Praga y lo ayudara a trabajar en los campos de refugiados que existían en Checoslovaquia, en los cuales miles de personas, incluyendo muchos niños judíos, estaban viviendo en condiciones miserables.

Cuando el joven Winton, que había dejado sus esquís en casa, enfrentó esta nueva realidad que desconocía totalmente, algo en él se conmovió profundamente y su vida dio un giro totalmente inesperado.

En la soledad de su buen hotel en Praga, decidió elaborar un plan que le permitiera sacar de esa zona a la mayor cantidad de niños judíos, para darles un hogar en otras naciones y salvarles la vida. Esto sucedía en 1938, cuando aun no había iniciado la Segunda Guerra Mundial, pero el nazismo alemán estaba extendiendo su bota antisemita desde 1933 por el centro de Europa.

En muy en poco tiempo se perpetraría uno de los mayores genocidios en la historia humana, el Holocausto o Shoáh, que llevaría a la muerte a 6 millones de judíos, de ellos más de un millón de niños, quienes perderían la vida asesinados o cremados en hornos de campos de exterminio.

Aunque las principales víctimas del odio racial nazi fueron los judíos, cuya población en Europa para 1933 era de 9 millones y al finalizar la Segunda Guerra Mundial no alcanzaba los 3 millones, entre las otras víctimas se incluyen 200 mil romaníes (gitanos), una cifra igual de personas discapacitadas física o mentalmente, en su mayoría alemanes y que vivían en instituciones, opositores políticos, religiosos católicos que trataron de salvar vidas, presos de los movimientos de resistencia, Testigos de Jehová, homosexuales, entre otros.

Pero el joven Nicholas Winton no sabía que esto vendría, aunque algo en su fuero interno le hizo presentir que esos miles de niños que atiborraban los campos de refugiados checos no tendrían opciones para sobrevivir en poco tiempo, y tenía razón.

En medio del temor que ya rondaba a los judíos checoslovacos, muchos supieron de las intenciones de este desconocido joven inglés, que quería ayudar a sus niños, salvarles la vida y ofrecerles hogar en otras naciones, fuera del horror nazi. Por esta razón, centenares de familias empezaron a buscarlo para que incluyera a sus hijos en este plan que trataba de organizar, a sabiendas que muy probablemente nunca volverían a verlos.

Fue tal el alud de solicitudes que Winton debió abrir una oficina, con la ayuda de su amigo Trevor Chadwick, quien se ocupó personalmente de ese despacho. Viendo la enormidad de este problema decidió solicitar apoyo de distintas naciones acreditadas en Checoslovaquia para que proveyeran documentos y ayuda a los niños que pretendía sacar de ahí, pero de todos los embajadores contactados solamente el de Suecia accedió a ocuparse de un grupo de estos pequeños.

Por su parte, Gran Bretaña prometió aceptar a los que fueran menores de 18 años, pero sólo si antes encontraba a familias dispuestas a acogerlos y que además deberían comprometerse a abonar por anticipado un depósito de 50 libras por cada niño, para pagar su supuesta vuelta a casa, lo que nunca sucedió porque cuando finalizó esta hecatombe no tenían hogar ni familia a la cual regresar.

Nicholas Winton terminó sus llamadas vacaciones en 1938 y debió regresar a su trabajo en Londres, pero eso no le impidió  continuar su plan de rescate y ahí creó “El Comité Británico para los Refugiados de Checoslovaquia, Sección para Niños”, la cual al inicio solo contaba con él, su madre, su secretaria y unos cuantos voluntarios.

Bajo este nombre debieron buscar los fondos necesarios para pagar el transporte de los niños desde Checoslovaquia hacia Bretaña, además de encontrar familias que se hicieran cargo de ellos hasta que la guerra finalizara y pudieran volver a sus hogares, como se esperaba, además de pagar las 50 libras que reclamaba el gobierno.

Winton comenzó a publicar anuncios en los diarios británicos, en las iglesias y en las sinagogas solicitando ayuda, y tuvo una excelente respuesta de los londinenses, por lo que en unas semanas, centenares de familias aceptaron acoger a los niños y aportaron el dinero necesario como para iniciar los transportes desde Checoslovaquia hasta la capital inglesa.

El primer grupo rescatado pudo salir de Checoslovaquia en avión, el 14 de marzo de 1939 en avión, y en los.siguientes meses hubo otros siete transportes, todos por tren, los cuales llegaban a su destino final en Liverpool Street, donde los niños eran recibidos por sus familias de acogida. El último tuvo lugar el 2 de agosto, porque se esperaba que el octavo tren saldría de Praga el 1 de setiembre con otros 250 niños, pero ese mismo día Alemania invadió Polonia y cerró sus fronteras. Este último tren desapareció sin que se supiera nunca más de sus 250 menores ocupantes, quienes se sumaron así a más de 15000 niños asesinados en Checoslovaquia durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero la labor de Nicholas Winton, su hombría de bien, su decisión de oponerse a todos los obstáculos salvó de una muerte horrible a 669 niños judíos, y lo hizo sin esperar ninguna condecoración ni recompensa, solamente porque sintió que era lo correcto.

Luego de la guerra él continuó su vida, su trabajo, construyó su propia familia y nunca supo del destino de sus niños rescatados, esos que él condujo con amor y bondad fuera de las garras del nazismo. Pero en 1988, su esposa Greta encontró un viejo maletín de cuero escondido en el desván  de la casa, y al abrirlo se topó con las fotos de 669 niños, una lista con el nombre de todos ellos y algunas cartas de sus padres.

Por este motivo Nicholas Winton le contó la historia de salvación detrás de cada foto y ella tomó la decisión de que esto debía conocerse, contactando en ese momento a Elisabeth Maxwell, historiadora especializada en el la Shoáh y mujer del magnate de la comunicación Robert Maxwell, propietario de periódicos como el  Dayly Mirror y el Sunday Mirror.

Para Maxwell, cuyas raíces eran checas, la historia de Winton fue una verdadera sacudida emocional y la publicó en sus diarios, lo que llevó a que otros medios ingleses hicieran eco de sus acciones y pasó de ser un héroe anónimo a un personaje mundial, siendo condecorado tanto en su país como en la antigua Checoslovaquia, incluso fue nominado al Premio Nobel de la Paz y su historia inspiró dos filmes: uno checo, All my loved ones, y Nicholas Winton: The Power of Goodun documental que ganó un Emmy en 2002.

Pero nada de esto se le subió a la cabeza a este anciano, que en su juventud fue un héroe y luego calló porque nunca sintió que había hecho nada más que lo correcto.

Como comentaba al principio, hace apenas unos días, a sus 105 años de vida, fue invitado a una supuesta entrevista en el afamado programa norteamericano 60 minutes. Ahí,el periodista, se volvió hacia el auditorio y preguntó: ¿Alguno de los presentes le debe la vida a Nicholas Winton?

En un segundo, 669 sillas quedaron vacías y aquellos niños, hoy venerables ancianos, se alzaron en pie para ovacionar a aquel joven que logró sacarlos de la muerte y darles un futuro, junto a familias que los acogieron y los vieron convertirse en los hombres y mujeres que sus padres soñaron cuando los despidieron, por última vez, al borde de esos trenes salvadores.

Con la cara iluminada por la emoción Nicholas Winton mostró una gran sonrisa al decir: “Ahora sé que tengo miles de nietos y bisnietos”.

Escribo esta historia como homenaje a todos los niños y niñas que nunca pudieron subir a trenes salvadores y no vieron hijos, nietos o bisnietos, y para  todos aquellos que hoy tienen sus infancia secuestrada por guerras, hambre y falta de oportunidades, y sabemos que son millones en el mundo a pesar de su carta de Derechos del Niño.

Pero la cuento sobretodo para que siempre sepamos que, en medio del odio y la crueldad existen personas buenas, de corazón valiente, dispuestas a hacer el bien porque es lo correcto, sin dudarlo y sin esperar nada a cambio.

Aterrorizados

Con menos de 24 horas de diferencia antes de conmemorar los trece años del fatídico 11 de setiembre y los ataques de al Qaeda en Nueva York -que ocasionaron más de 3000 muertos por el derrumbe de las torres gemelas y la caída de tres aviones estadounidenses- el presidente Barak Obama anunció que su nación, con el apoyo de una coalición mundial, combatirá al llamado Estado Islámico (EI),  ISI en inglés, hasta destruirlo.

Ya sabemos que se trata de un movimiento islamista extremo que busca instaurar un califato musulmán en distintas naciones de Medio Oriente y extenderse por el mundo, un grupo tan violento que tiene pasmado a Occidente y a muchos en esa zona, por la crueldad con la que trata a sus oponentes y persigue a aquellos grupos con distinta orientación religiosa, crisitianos, kurdos y yizidíes, sobretodo en Irak y Siria.

A estas fechas se estima que han muerto al menos 1700 personas, entre ellos cientos de mujeres y niños, y cerca de un millón se han visto obligadas a abandonar sus hogares por el temor a ser víctimas de este horror que se va extendiendo en esa tan conflictiva zona.

Todos hemos visto los terribles videos que mostraron la decapitaciones de dos periodistas norteamericanos, y sabemos que las ejecuciones en masa se dan todo el tiempo, así como otras atrocidades, muchas de estas difundidas por el mismo EI en redes sociales y medios informativos para que no quede duda de la veracidad de estos sangrientos hechos.

También sabemos que muchos de sus integrantes provienen de naciones occidentales, y que el EI cuenta con miles de milicianos activos, su mayoría en Medio Oriente, pero una gran cantidad en muchos países europeos y se sospecha que también en el propio Estados Unidos y Canadá.

Pero no hay cifras exactas de cuántos miembros de este grupo están combatiendo actualmente, ya que mientras funcionarios de Estados Unidos creen que se trata de unos 15000, expertos en seguridad iraquíes señalaron a principios de agosto que podrían ser entre 30000 y 50000, de los cuales un 30% están por convicción, mientras que el resto están en el EI por coerción de los líderes del grupo. Además, se sabe que un considerable número de combatientes no son iraquíes o sirios y que al menos 12000 extranjeros integran las filas del EI, incluyendo unos 2500 provenientes de países de Occidente, que han viajado a Siria e Irak en los últimos tres años.

Lo cierto es que el EI es en estos momentos tan temible que hace palidecer a al Qaeda y  se sospecha con sobrada razón que Occidente está expuesto a atentados mayores a los que sufrió hace 13 años en Nueva York y otros que siguieron en Madrid y Londres. Una de las principales razones del temor que genera el EI y que lo hace sentir cerca y no como parte del conflicto en Medio Oriente, es su capacidad de reclutamiento en las naciones donde hay mayorías musulmanas importantes fuera de esa región. Nadie puede olvidar el excelente acento británico del verdugo de los periodistas Foley y Sotoloff…

En su anuncio, Obama habló de fortalecer las incursiones aéreas para atacar objetivos detectados como bases del EI, e insistió en que las tropas estadounidenses no entrarán en otra guerra en Medio Oriente, pero para muchos analistas internacionales esto es apenas cosmético y dará pocos resultados en la lucha contra un grupo que se extiende a sangre y fuego.

Una de las críticas más fuertes y comentadas la hizo Michael Hayden, director de la CIA bajo el mandato de George W. Bush, quien comparó el uso de los ataques aéreos contra el Estado Islámico en Irak y Siria con el “sexo ocasional”.

“La dependencia que produce el poder aéreo tiene toda la atracción del sexo casual: Parece ofrecer gratificación pero con muy poco compromiso”, dijo el general retirado a la publicación US News & World Report, al advertir que esta sola estrategia puede ser insuficiente para acabar con el grupo islamista.

El  EI ya estableció un califato, liderado por Abu Bakr al Baghd, una forma de Estado dirigido por un líder político y religioso de acuerdo con la ley islámica o sharia, que controla un territorio entre Siria e Irak y pretende recibir el apoyo total del mundo musulmán. Aunque por ahora sólo tiene presencia en estos dos países, el EI prometió “romper las fronteras” del Líbano y Jordania con el fin de “liberar a Palestina”.

Precisamente por el alcance que está teniendo el EI, Hayden apoya la incursión terrestre en la zona, al manifestar que “cuanto antes se comience la lucha en Siria contra el Estado Islámico, mejor estaremos.

Hayden estuvo en posiciones fundamentales de la defensa estadounidense tanto en la CIA como en la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) desde el 2001 al 2009, y por lo tanto debe conocer mejor los alcances terroristas del EI, ya que esta agrupación inicia su escalada en 2002, muy poco tiempo después de los atentados del 11 de setiembre de 2001, cuando el jordano Abu Musab al-Zarqawi, creó el grupo radical Tawhid wa al-Jihad.

Un año después de la invasión liderada por Estados Unidos en Irak, como represalia a los ataques del 11 de setiembre, Zarqawi juró lealtad a Osama bin Laden y fundó al Qaeda en ese país, pero cuando éste muere en 2006, al Qaeda creó una organización alterna llamada el Estado Islámico de Irak.

Este fue mermado por las tropas estadounidenses y por la creación de consejos Sahwa (Despertar), liderados por tribus sunitas que rechazaron la brutalidad de sus métodos. Pero en 2010, su nuevo líder Abu Bakr al-Baghdadi reconstruyó la organización y realizó múltiples ataques en el país y el año pasado se unió a la rebelión contra el presidente sirio, Bashar al Asad, junto al frente al Nusra.

 En la actualidad se calcula que el EI tiene un alcance territorial que puede ir de los 40000 a los 90000 kilómetros cuadrados, incluyendo las ciudades de Mosul, Tikrit, Faluya y Tal Afar en Irak, y Raqqa en Siria. Además, tienen bajo su dominio campos de petróleo, represas, carreteras y límites fronterizos.

Se estima que cerca de ocho millones de personas viven bajo el control parcial o total de EI, que ha implementado una estricta interpretación de la sharia, que fuerza a las mujeres a llevar velo, obliga a los no musulmanes a convertirse o a pagar un impuesto, e impone temibles castigos que incluyen ejecuciones.

Y el panorama no podría se más desalentador para quienes esperan que esta ola de violencia sea frenada de alguna manera por una coalición de países occidentales y árabes, menos aun después del anuncio de Obama que muchos califican de tibio o ingenuo.

Para el experto Jonathan Spyer, investigador principal del Center of Global Research in International Affairs Center (GLORIA) y miembro del Middle East Forum, el Estado Islámico no está amenazado estratégicamente al menos no en estos momentos o con las medidas anunciadas.

“Las fuerzas que quieren destruir al Estado Islámico no pueden, y aquellas que podrían no lo desean”, enfatiza.

La compleja situación de Medio Oriente, con  los conflictos específicos en Siria, Irak e Irán, hacen muy difícil que se pueda actuar de una manera tan precisa como espera el presidente Obama, y en su criterio, los ataques aéreos como única medida no pueden erradicar a los jihadistas de sus bastiones en Siria, o de sus conquistas iraquíes en general. Eso sólo puede lograrse mediante fuerzas terrestres y esto no parece que vaya a concretarse en el corto plazo.

Spyder considera que por una parte Estados Unidos carece de una estrategia clara sobre cómo tratar al Estado Islámico, y tampoco existe en este momento voluntad política para el tipo de compromiso de las fuerzas occidentales que podrían arrasar con el Estado Islámico.

Visto de esta manera, el EI podría extender su sharia hacia otros países, y los desplazamientos, muertes y brutalidades que conmueven a Occidente, el gran responsable de estas situaciones como expliqué en mi tema “La nueva guerra, la vieja guerra”, se volverán cada vez más parte de la rutina mediática. Pero además de esta terrible circunstancia, debemos visualizar esa bandera odiosa ondeando sobre las cabezas de miles de europeos, y por qué no, en este continente.

No es una película de terror, es una realidad que viene extendiendo un manto de muerte y cuyos alcances aun no se han medido y posiblemente no los sospechamos.

Lo único que puedo afirmar, es que el terror está lejos, muy lejos, de desaparecer.

¿Por qué el asombro?

16 AGOSTO, 2014 / EDITAR

La capacidad innata de los seres humanos es el asombro. Al momento de nacer nos deslumbra ese mundo físico inmediato que desconocimos en el vientre materno y que es ahora el espacio que habitaremos, aunque supongo que muchos quisimos quedarnos en la tibieza acuosa que nos sostuvo y alimentó durante la gestación.

El asombro nos mueve hacia afuera, hacia el otro, nos lleva a descubrir el entorno y los seres que serán parte de nuestra vida, algunos de ellos tan fundamentales que la definirán en muchos aspectos. Pero el asombro también nos lleva hacia nosotros mismos en  esa soledad que también será nuestra compañera de vida.

Sin el asombro no somos humanos, no podemos sorprendernos ante nada y vegetamos en el mundo.

Pero es casi imposible ser humano y no asombrarse ante algo o alguien, por lo que espero desde acá  compartir temas y reflexiones que provoquen reflexión y pensamiento crítico en quienes los lean.

Y lo más probable es que sea yo quien más se asombre, al menos eso espero.

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