Con el mismo asombro

¿Y si perdemos el asombro qué nos queda?

Month: Octubre 2014

SOS por la democracia

Solamente 25 naciones fueron consideradas como democracias plenas por el Indice de Democracia de The Economist para el 2012. La mayoría de estas, encabezadas por Noruega, se encuentran en  el centro y norte europeo, y se suman Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, Canadá, Uruguay y Costa Rica.

El Indice de Democracia evalúa a los 167 países del mundo, y resulta dramático constatar que solo una minoría se califica suficientemente democrática, mientras que en el medio figuran 54 naciones señaladas como democracias defectuosas, y otras 36 denominadas regímenes híbridos.

Dentro de las democracias defectuosas encontramos la mayoría de naciones latinoamericanas como Argentina, Brasil, Colombia, México, Panamá y Perú. Como parte de las híbridas tenemos a Nicaragua, Venezuela, Honduras, Bolivia y Ecuador.

Al final del índice se listan los regímenes autoritarios que suman 52 países y que culmina con Corea del Norte como el peor de todos, pero incluye a otros como Irán, Afganistán, Siria, Emiratos Arabes, Arabia Saudita, Rusia, Cuba y Haití.

Viendo estos datos la simple matemática nos permite afirmar que en este siglo XXI el mundo no avanza hacia la consolidación de la democracia, sino que por el contrario, retrocede, a menos que consideremos ingenuamente que este régimen se sostiene con votaciones.

Pero la democracia es mucho más que cumplir con el deber ciudadanos de elegir a nuestros gobiernos, aunque esto sea sumamente importante sabemos que en muchos casos las votaciones no garantizan siquiera la vida democrática, más bien se usan para encubrir regímenes autoritarios que toman las instituciones en pantomimas electorales para luego acallar todo tipo de libertades.

Según  el sitio web del gobierno de Estados Unidos America.gov,  para que un  sistema sea verdaderamente democrático debe cumplir varios requisitos fundamentales, que al parecer la mayoría de naciones en el mundo omiten de una o varias maneras.

El control ciudadano encabeza esta lista de requisitos, ya que en una verdadera democracia todas las ramas y divisiones del gobierno deben responder a  estos y sus funcionarios responden en última instancia a quienes los llevaron ahí, y no me refiero a sus amigos o votantes, sino a todos los electores e incluso quienes no votaron.

Pareciera que incluso en democracias plenas como la costarricense esta primera demanda se incumple de muchas maneras, o no tendríamos sonados casos de corrupción, compadrazgo e instituciones ineficientes, donde muchos servidores públicos parecen interpretar la palabra como servirse y no servir a los demás.

Por eso, si una democracia espera subsistir o mejorar, debe reforzar las instancias de control ciudadano en lugar de reducirlas o ignorarlas.

Otros requisitos fundamentales que deben cumplir las democracias son el respeto por los derechos humanos como la libertad de expresión, libertad de culto religioso e igualdad de protección ante la ley, así como el derecho de todos los ciudadanos a organizarse y participar plenamente de la vida política, económica y cultural de la sociedad,según indica el sitio del gobierno estadounidense.

En este sentido, es claro que en una sociedad democrática todo ciudadano debe poder participar políticamente, trabajar o ser parte de la vida pública, sin ser discriminado por su raza, religión o género.

Sin embargo, aun en las democracias plenas esto sigue siendo difícil de cumplir, ya que si bien la legislación protege estos derechos,  se dan violaciones flagrantes en muchos casos, como es la menor remuneración por el mismo tipo de trabajo en el caso de mujeres, las dificultades patrimoniales y civiles para la parejas homosexuales, y  los problemas de atención para los enfermos de VIH, entre otras.

Una democracia será realmente plena cuando todos sus ciudadanos sientan que gozan de total protección ante la ley y verdadero acceso a las oportunidades, ya sean educativas, políticas, económicas o sanitarias.

Por otra parte, la posibilidad de que las naciones tengan elecciones libres y justas es otra de las características que deben tener las democracias, pero muchas veces se incumplen los mecanismos que permiten la igualdad de exposición de los candidatos durante los procesos electorales, aunque en teoría todos tienen los mismos derechos de participación esto se reduce al aporte económico que puedan tener durante sus campañas.

Aunque  es cierto que toda persona o grupo de individuos debe poder votar,  y todo partido o candidato debe estar en la boleta de votación y hacer campaña libremente, el peso económico de estos procesos, sobretodo para los partidos minoritarios, hace que esta regla no se cumpla.

De hecho, en la reciente contienda electoral costarricense este año, durante la primera vuelta tuvimos 13 candidatos presidenciales, pero la atención de los medios en términos generales se centró en los cinco principales, a pesar de la protesta de aquellos con menos oportunidad, lo que demuestra claramente que esta equidad no existe.

Otro de los aspectos vitales para la supervivencia de la democracia es la participación ciudadana, entendida como un deber de los habitantes de una nación, quienes reciben a cambio la protección de sus libertades y derechos civiles.

Posiblemente uno de los principales errores que se cometen en las democracias es no inculcar esta obligada participación desde la formación educativa de los niños, yendo más allá de los textos que bien apuntan hacia esto, pero que en la práctica se realiza poco o nada.

Los niños deben aprender que tienen el privilegio de vivir en una sociedad que vela por su bienestar, pero que a cambio demanda de ellos, de sus padres y formadores una activa participación en las distintas instancias de la sociedad civil o del servicio público.

Aprender desde la primaria que esta sociedad no es algo gratuito ni que se debe dar por sentando, permitirá que las nuevas generaciones valoren mucho más la historia de su nación y busquen preservar el sistema que protege sus libertades y derechos fundamentales.

Pero nada se gana si en el aula se dice una cosa y en la casa se desacredita o ignora el mensaje, y peor aun si los maestros son los primeros en faltar a las aulas largas semanas defendiendo muchas veces lo indefendible, y privando a los niños de su derecho esencial al conocimiento.

Otra de las características que debe tener una democracia es la tolerancia y el compromiso, posiblemente el tema más difícil en todo régimen, y por eso hay tantas democracias defectuosas o híbridas en el mundo, así como regímenes autoritarios.

Un sistema que promueve la pluralidad política, así como el y respeto a mayorías y minorías, debe basarse en la tolerancia para buscar acuerdos, y en el compromiso de las distintas partes para que estos cuajen en realidades, anteponiendo el bienestar del país por encima de los egoísmos o revanchismos partidistas.

Durante la última campaña electoral los costarricenses escuchamos a todos los candidatos exponer la necesidad de acuerdos nacionales, agendas de consenso y otras linduras, para que ganara quien ganara, el país pudiera avanzar. Pero al cabo de cinco meses de gobierno esto parece más una guerra de guerrillas que otra cosa.

Al margen de las razones que cada grupo político tenga para confrontar, oponer o atrasar estos acuerdos, lo cierto es que están sembrando vientos de tempestad, que más allá de lo que arrastren en lo inmediato, ponen en jaque un sistema que tal vez no sea el mejor del mundo, pero es por mucho mejor que otros.

Las democracias del siglo XXI enfrentan tantas amenazas internas y externas que da miedo.

Solo podrán sobrevivir si hay una verdadera toma de conciencia en las naciones que aun se pueden llamar de esa manera. De otra forma el listado de democracias plenas será cada vez más pequeño o inexistente.

 
Referencias: America.gov Archive: Characteristics of Democracy (Características de la democracia)

Ser Malala

El pasado 10 de octubre la Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de la Paz a la joven paquistaní Malala Yousafzai, honrando así su activismo a favor de los derechos civiles, especialmente el de la educación, claramente mancillado en parte de su país bajo el dominio de los talibanes, que anulan esta posibilidad a miles de niñas.

Malala, con apenas 17 años de edad se convierte en la persona más joven del mundo en recibir un Premio Nobel en cualquiera de sus categorías, y lo comparte con el hindú Kailash Satyarthi, también activista por los derechos de los niños en su país.

Pero sin duda, de ambos es Malala la que ha logrado una notoriedad excepcional en los últimos años, desde que se iniciara como bloguera en 2009 hasta el fatídico atentando contra su vida en 2012 por parte de los talibanes, quienes la bajaron del bus escolar y le dispararon sin ninguna piedad, dejándola malherida, pero no lograron callar su voz.

Con solo 13 años, Malala ya había alcanzado reconocimiento al escribir un blog para la BBC usando el seudónimo Gul Makai, en el cual explicaba su vida bajo el régimen del Tehrik e Taliban Pakistan, TTP, durante el cual se habían cerrado escuelas privadas y se prohibió la educación de las niñas entre 2003 y 2009.

Precisamente en ese año, el documental Pérdida de clases, la muerte de la educación de la mujer, dirigido por Adam Ellick e Irfan Asharaf, del New York Times, mostraba a Malala y a su padre, Ziauddin Yousafzai, quien es educador, y cómo la educación de las mujeres es difícil o imposible en esas áreas.

Luego del atentado contra su vida en 2012 Malala saltó aun más ante la opinión pública mundial, que siguió de cerca la lenta recuperación de la niña, quien debió ser trasladada al Reino Unido y pasar por varias cirugías reconstructivas, que incluyeron un implante de titanio en su cráneo y un dispositivo auditivo.

A pesar de que las amenazas contra su vida continuaron, lejos de amilanarse, en el 2013 la joven paquistaní publicó su libro “Yo soy Malala”, y ese mismo año recibió dos importantísimos galardones, el Premio Simone de Bouvoir y el Sajarov, además de ser nominada al Premio Nobel de la Paz, el cual recibió hace unos días.

Empecé a seguir a Malala a raíz del atentado contra su vida y al igual que a millones de personas, me maravilla el valor, la determinación y la claridad de esta joven, quien desde su niñez empezó a dar una lucha por la defensa de derechos civiles esenciales, poniendo en riesgo su vida.

Ser Malala ya era difícil en su natal Pakistán, pero debe ser mucho más difícil ahora con la expansión del Estado Islámico en Medio Oriente y su reclutamiento de seguidores en distintas naciones del mundo, sobretodo en Europa.

Su integridad física está y estará siempre pendiente de un hilo aun en el Reino Unido, donde hoy viven millones de musulmanes, muchos de estos radicales y seguidores del Estado Islámico.

Quisiera pensar que Malala podrá darle al mundo muchas cosas importantes que saldrán de su sobrada voluntad e inteligencia, que la podremos ver crecer y llenarnos de orgullo como ya lo ha hecho, con sus claras exposiciones y su defensa del derecho a la educación.

Pero lo cierto es que Malala está en peligro.

Haber ganado este Premio Nobel la hace aun más vulnerable y las amenazas contra su vida cobran mayor fuerza por parte de quienes quisieron acallarla la primera vez.

Malala es el símbolo de lo que todas las niñas y mujeres deben aspirar y lograr, ya que educarse es el camino que les garantiza un mejor futuro a ellas y también a sus hijos.

Pero la imposición de la sharia y el avance del Islam radical son una sentencia de muerte para jóvenes como Malala.

Yo no quiero que ella sea una mártir asesinada por el fanatismo religioso, quiero que se convierta en la mujer que el mundo espera y necesita, para que lidere desde todos los foros el avance de la educación.

Con su ejemplo podemos esperar que surja un ejército de jóvenes valientes que luchen por sus derechos y su dignidad.

Pero esto no sucederá a menos que se de una verdadera lucha contra el fanatismo islámico y  grupos como los talibanes, Al Qeda, Boko Haram, Hamas o el Estado Islámico se conviertan en una pesadilla del pasado.

Paredes agresoras

Un secreto a voces se destapa con los gritos de cientos de supervivientes.

Son mujeres jóvenes y brillantes, quienes en los últimos años fueron aceptadas en algunas de las más prestigiosas universidades de los Estados Unidos, a las que ingresaron confiadas en que cumplirían sus metas educativas en un ambiente seguro y protector.

Pero lejos de esto, esos gloriosos y ancestrales campus se convirtieron en el escenario de sus peores pesadillas, lo que resulta inexplicable pero sucede diariamente en los recintos universitarios, no solo en esa nación.

Hoy, estas jóvenes norteamericanas alzan sus rostros y pancartas para denunciar su abuso, enfrentando un sistema depredador, que durante mucho años calló estas violaciones o bien inculpó a las víctimas, denunciando que estas lo habían provocado de alguna manera, lo cual es tan absurdo como doloroso.

Ellas muestran su valentía ante el mundo porque no se se sienten débiles o vulnerables, por el contrario, quieren que sus historias sirvan de ejemplo y puedan escarmentar a quienes cerraron sus ojos y callaron estos terribles agravios.

Y veamos que las estadísticas son espantosas en este sentido, ya que una de cada cinco alumnas de enseñanza superior en Estados Unidos es víctima de abusos sexuales en su campus.

Las más reconocidas  universidades y college de ese país vienen sufriendo hace años estas agresiones hacia sus estudiantes, pero aunque era un tema reconocido internamente las autoridades prefirieron callarlo para no afectar el “prestigio” del centro educativo. Pero en 2012,  Angie Epifano, quien fue violada por un conocido el año anterior en Amherst College, tuvo el valor de salir a la opinión pública con una carta en la centenaria revista  Amherst Student, denunciando este terrible abuso y esto cambió el curso de la historia.

Su misiva desató una verdadera ola de denuncias donde miles de estudiantes la contactaron para apoyarla y sumar sus propios dramas, lo que obligó a las universidades a enfrentar esta dura realidad, a misma que habían callado durante muchos años. Y sus voces llegaron incluso a la Casa Blanca donde el Presidente Obama durante un acto solemne realizado este año convirtió la lucha contra los ataques sexuales en una prioridad de su gobierno.

“Cuando una está siendo violada el tiempo se convierte en un enemigo. Se desacelera a un ritmo tan insoportable que cada segundo se convierte en una hora; cada minuto, en un año, y la violación, en toda una vida”.

Así señalaba la carta de Angie Epifano el horror y la angustia de esos momentos que cambiaron su  existencia y la convirtieron en lo que es hoy: una mujer valiente que sobrevivió este ataque y no se detuvo ahí sino que con su cabeza en alto da la pelea para que estas situaciones sean denunciadas y los agresores, en su mayoría reincidentes, enfrenten lo que merecen.

Sabemos que las violaciones y otros tipos de abusos contra mujeres no son nuevos en las universidades, lo que sí es nuevo es la actitud de quienes han pasado por esto, de no considerarse víctimas ni dejarse intimidar por el sistema que no hizo nada para protegerlas.

Para la experta en violencia sexual de la Universidad de Cincinnati, Bonnie Fisher,  al haber hoy más mujeres que hombres matriculadas en las universidades,  estas situaciones están saliendo finalmente a la luz.

Aunque  existen detractores de estos abusos , para quienes se trata de problemas relacionados con alcohol y pubertad, sus argumentos se caen cuando vemos las escalofriantes cifras: un informa de la Casa Blanca muestra que del 20% de jóvenes agredidas el 80% conocía a sus atacantes, y el 98% de estos son hombres. Si bien es cierto que la mayor parte de los asaltos se producen cuando las jóvenes están bajo efecto de alcohol o drogas, también es cierto que muchas veces llegan a este estado porque sus atacantes utilizan estos recursos para someterlas, contra su voluntad.

En la actualidad 74 centros educativos están siendo investigados por las autoridades federales, ya que aunque el porcentaje de jóvenes que ha sufrido estos abusos se mantiene en cerca del 20% desde la década de los 80, hoy un 58% de los estudiantes son mujeres, pasando de 5,4 millones en 1980 a más de 10 millones en 2012.

Algunas de las universidades bajo la lupa son Harvard, Princeton, Berkeley, Columbia o UCLA. Penn State University, con 45.000 alumnos, tiene el mayor número de denuncias por sexo no consentido desde 2012 (84). Le sigue Harvard (83), con 28.000 estudiantes, y la University of Michigan-Ann Arbor, con 64 y 43.000 matriculados. El 55% de los 1.579 centros con más de 1.000 alumnos recibió al menos una denuncia por agresiones sexuales en 2012.

Cuando  Dana Bolger fue violada en 2011 también en el  Amherst College de Massachusetts denunció este hecho pero su decano le pidió que más bien tomara tiempo libre en su casa, para evitar coincidir con su agresor y que este pudiera graduarse. A su regreso solicitó, junto con otras víctimas, que el centro universitario las atendiera pero fue en vano. Esto las llevó a romper el silencio y con la carta de Angie Epifano se inició este movimiento que hoy sacude los cimientos de las añosas universidades.

A la iniciativa de la Casa Blanca se han sumado campañas de figuras reconocidas o bien otras que promueven víctimas de estas violaciones, pero insisto en que nada será suficiente mientras las universidades prefieran proteger su llamado prestigio y una banda de criminales.

Las jóvenes también deben extremar sus cuidados en estos centros educativos sobretodo cuando se trata de fiestas, poniendo toda la atención a lo que consumen en estas y vigilando quién se los sirve, pero con esto no quiero decir que ellas sean las responsables de estos abusos ni mucho menos.

“Al margen del alcohol, la clave de este tema es el consentimiento. Si una persona no puede dar su permiso para una relación sexual porque está drogada o bebida, es una violación. El consentimiento es al tema crucial”, afirma la experta Bonnie Fisher

Por su parte, la socióloga del Occidental College de Los Angeles, Danielle Dirks, en un reciente articulo que publicó en The New York Times afirmó categórica: “La violación es el delito violento más común no reportado en los campus universitarios. Es evidente que los funcionarios incumplen de forma sistemática la ley y no informan de los delitos. No estamos hablando de chicos borrachos practicando sexo. Estamos hablando de depredadores calculadores. En cualquier otro ámbito, un agresor sexual sería repudiado, pero por alguna razón, en las universidades se les quiere y protege”.

Y las noticias no son buenas, ya que muchas universidades no acatan  la ley federal que obliga a investigar con personal formado las denuncias de abusos y a informar de ellas. En 236 centros analizados, un 21% no dispone de ese personal y el 31% ni siquiera había proporcionado información a los alumnos. El 41% no ha llevado a cabo una investigación sobre abusos sexuales en los últimos cinco años

Lo más doloroso es que este desinterés u ocultamiento, desprotege totalmente a las jóvenes que cada año ingresan a los centros educativos superiores, con gran sacrificio económico de su parte o de sus familias, Una de cada cinco sufrirá algún tipo de abuso en esos dos primeros años de ingreso, a menos que las autoridades traten estos delitos con el vigor que corresponde.

Muchos de estos violadores se pavonean hoy impunes, y lo peor del caso es que, si se les pregunta acerca de estos delitos dirán que no los cometieron, que todo fue consensuado o que ellas los sedujeron.

Mientras tanto, los rostros valientes de Angie Epifano, Dana Bolger y cientos más nos recuerdan que este círculo de violencia debe romperse, aunque al hacerlo caigan a pedazos las imágenes sonrientes de los abusadores, los mismos que hasta la fecha han tenido mucha más protección en los centros educativos que cualquiera de sus víctimas.

Nada, absolutamente nada, justifica una violación, y menos aun la impunidad.

 

*Información tomada de El País, de España.

El país por delante

La reciente noticia de que nuestro país avanzó poco en el Indice de Desarrollo Humano, IDH, de este año y se coloca incluso por debajo de Venezuela y Cuba nos desalienta y no es para menos, ya que estamos apenas en el lugar 68 de 187 países estudiados por las Naciones Unidas. Aunque en expectativa de vida Costa Rica ocupa el puesto 29 del ranking con 79.9 años y muy cerca de países desarrollados, lo cierto es que en otros aspectos como educación somos el 96, y en nivel de vida digno el 82.El estudio señala que si bien los indicadores sociales de Costa Rica no han dejado de crecer hay otras naciones de la región que han avanzado más rápidamente tomando mejores posiciones en el IDH.

¿Qué nos está pasando como nación?

Antes de las década de 1940 poco había avanzado nuestro país en muchas de las áreas de desarrollo, teníamos una sociedad dedicada en su mayoría a cultivos como café, banano y otros, servicios de salud rudimentarios, escolaridad gratuita pero pocos colegios y ninguna universidad pública. Una oligarquía cafetalera y comercial tenía el mayor peso político y se consolidaba una clase obrera fuertemente influenciada por el comunismo. El país recibió inmigrantes judíos europeos, chinos y africanos, y estas minorías, junto con las indígenas, vivieron momentos de discriminación y crueldad en distintos capítulos de la historia. Las mujeres no votaron en nuestro país hasta 1953 y teníamos uno de los mayores índices mundiales en mortalidad infantil. Pero la década de 1940 es un punto de inflexión histórico ya que las reformas sociales que se dan como producto de la alianza caldero-comunista y que originan la Caja del Seguro Social, la Universidad de Costa Rica y otros cambios dimensionan una sociedad distinta. Y esta visión de país no la corta la Junta de Gobierno que encabeza Figueres, ni los gobiernos posteriores que, con algunas diferencias mantuvieron el modelo agroexportador y la rectoría de un Estado más bien paternalista, bajo el cual se fortalecieron otros sectores como el industrial y profesional. La educación se masifica, los servicios públicos progresan y se construye la mayor parte de la infraestructura nacional.

Todo esto como digo, bajo el amparo de un modelo estatal paternalista que tambén se va convirtiendo en uno de los principales empleadores del país y en algunos casos fallido empresario.

A partir de los años 80 el modelo de desarrollo y la visión del país dan un giro y entramos de lleno a un modelo impuesto desde afuera, donde la globalización marca lo que cada nación puede aportar a la economía mundial en una descarnada competencia donde deberán sobrevivir los más fuertes, basicamente aquellas naciones que tienen bienes como petróleo, metales y demás. Los productores de postres como nosotros empezamos a competir por unos dólares más y poco a poco nuestro agro se debilita y en muchos casos la producción desaparece totalmente y se compran hoy a otras naciones.

Con esto no quiero decir que el cambio de modelo fuera malo sino diferente y marcó una nueva inflexión en la sociedad costarricense, donde la globalización llevó a varios gobiernos hacia una reinvención de la visión país y hoy somos una sociedad enfocada en servicios y maquila de alta tecnología que sustituyó a la textil. Aunque aun exportamos café, banano, piña y otros productos agrícolas, esencialmente recibimos turistas y empresas de high tech.

No somos una nación barata y eso dificulta la inversión extranjera, además que hace más de 20 años dejamos de ser considerados parte del Tercer Mundo, por lo que no tenemos las inyecciones de ayuda internacional, sobretodo estadounidense, que tuvimos en los años 60 con la Alianza para el Progreso o en los 80 por las guerras en Centroamérica.Tampoco somos una nación aliada particularmente a nadie, lo que nos deja fuera de ayudas que algunos vecinos reciben. Viendo todo esto, me parece que en general venimos haciendo solos muchas de las tareas y no nos ha ido mal, aunque por supuesto debería irnos mejor.

En la pasada campaña electoral todos los candidatos a la Presidencia de la República hablaron de la necesidad de lograr acuerdos nacionales y definir una agenda de consenso acerca de los grandes temas como combate a la pobreza extrema, infraestructura, y otros, pero al parecer privan más los intereses partidistas o personales que la visión del país que debemos ser en este siglo XXI, y es uno muy distinto al que dejamos en el anterior.

Pocos lugares en el mundo tienen las condiciones geográficas, políticas y humanas para lograr que todos los años los índices de desarrollo humano estén cerca de las naciones del primer mundo o mejor aun ser parte de estas. Otros líderes, con muchas más limitaciones que los actuales pudieron tomar las decisiones que Costa Rica se merece.

¿Qué esperan quienes ocupan curules y sillas ministeriales para poner el país por delante?

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