La reciente noticia de que nuestro país avanzó poco en el Indice de Desarrollo Humano, IDH, de este año y se coloca incluso por debajo de Venezuela y Cuba nos desalienta y no es para menos, ya que estamos apenas en el lugar 68 de 187 países estudiados por las Naciones Unidas. Aunque en expectativa de vida Costa Rica ocupa el puesto 29 del ranking con 79.9 años y muy cerca de países desarrollados, lo cierto es que en otros aspectos como educación somos el 96, y en nivel de vida digno el 82.El estudio señala que si bien los indicadores sociales de Costa Rica no han dejado de crecer hay otras naciones de la región que han avanzado más rápidamente tomando mejores posiciones en el IDH.

¿Qué nos está pasando como nación?

Antes de las década de 1940 poco había avanzado nuestro país en muchas de las áreas de desarrollo, teníamos una sociedad dedicada en su mayoría a cultivos como café, banano y otros, servicios de salud rudimentarios, escolaridad gratuita pero pocos colegios y ninguna universidad pública. Una oligarquía cafetalera y comercial tenía el mayor peso político y se consolidaba una clase obrera fuertemente influenciada por el comunismo. El país recibió inmigrantes judíos europeos, chinos y africanos, y estas minorías, junto con las indígenas, vivieron momentos de discriminación y crueldad en distintos capítulos de la historia. Las mujeres no votaron en nuestro país hasta 1953 y teníamos uno de los mayores índices mundiales en mortalidad infantil. Pero la década de 1940 es un punto de inflexión histórico ya que las reformas sociales que se dan como producto de la alianza caldero-comunista y que originan la Caja del Seguro Social, la Universidad de Costa Rica y otros cambios dimensionan una sociedad distinta. Y esta visión de país no la corta la Junta de Gobierno que encabeza Figueres, ni los gobiernos posteriores que, con algunas diferencias mantuvieron el modelo agroexportador y la rectoría de un Estado más bien paternalista, bajo el cual se fortalecieron otros sectores como el industrial y profesional. La educación se masifica, los servicios públicos progresan y se construye la mayor parte de la infraestructura nacional.

Todo esto como digo, bajo el amparo de un modelo estatal paternalista que tambén se va convirtiendo en uno de los principales empleadores del país y en algunos casos fallido empresario.

A partir de los años 80 el modelo de desarrollo y la visión del país dan un giro y entramos de lleno a un modelo impuesto desde afuera, donde la globalización marca lo que cada nación puede aportar a la economía mundial en una descarnada competencia donde deberán sobrevivir los más fuertes, basicamente aquellas naciones que tienen bienes como petróleo, metales y demás. Los productores de postres como nosotros empezamos a competir por unos dólares más y poco a poco nuestro agro se debilita y en muchos casos la producción desaparece totalmente y se compran hoy a otras naciones.

Con esto no quiero decir que el cambio de modelo fuera malo sino diferente y marcó una nueva inflexión en la sociedad costarricense, donde la globalización llevó a varios gobiernos hacia una reinvención de la visión país y hoy somos una sociedad enfocada en servicios y maquila de alta tecnología que sustituyó a la textil. Aunque aun exportamos café, banano, piña y otros productos agrícolas, esencialmente recibimos turistas y empresas de high tech.

No somos una nación barata y eso dificulta la inversión extranjera, además que hace más de 20 años dejamos de ser considerados parte del Tercer Mundo, por lo que no tenemos las inyecciones de ayuda internacional, sobretodo estadounidense, que tuvimos en los años 60 con la Alianza para el Progreso o en los 80 por las guerras en Centroamérica.Tampoco somos una nación aliada particularmente a nadie, lo que nos deja fuera de ayudas que algunos vecinos reciben. Viendo todo esto, me parece que en general venimos haciendo solos muchas de las tareas y no nos ha ido mal, aunque por supuesto debería irnos mejor.

En la pasada campaña electoral todos los candidatos a la Presidencia de la República hablaron de la necesidad de lograr acuerdos nacionales y definir una agenda de consenso acerca de los grandes temas como combate a la pobreza extrema, infraestructura, y otros, pero al parecer privan más los intereses partidistas o personales que la visión del país que debemos ser en este siglo XXI, y es uno muy distinto al que dejamos en el anterior.

Pocos lugares en el mundo tienen las condiciones geográficas, políticas y humanas para lograr que todos los años los índices de desarrollo humano estén cerca de las naciones del primer mundo o mejor aun ser parte de estas. Otros líderes, con muchas más limitaciones que los actuales pudieron tomar las decisiones que Costa Rica se merece.

¿Qué esperan quienes ocupan curules y sillas ministeriales para poner el país por delante?

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Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
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