Un secreto a voces se destapa con los gritos de cientos de supervivientes.

Son mujeres jóvenes y brillantes, quienes en los últimos años fueron aceptadas en algunas de las más prestigiosas universidades de los Estados Unidos, a las que ingresaron confiadas en que cumplirían sus metas educativas en un ambiente seguro y protector.

Pero lejos de esto, esos gloriosos y ancestrales campus se convirtieron en el escenario de sus peores pesadillas, lo que resulta inexplicable pero sucede diariamente en los recintos universitarios, no solo en esa nación.

Hoy, estas jóvenes norteamericanas alzan sus rostros y pancartas para denunciar su abuso, enfrentando un sistema depredador, que durante mucho años calló estas violaciones o bien inculpó a las víctimas, denunciando que estas lo habían provocado de alguna manera, lo cual es tan absurdo como doloroso.

Ellas muestran su valentía ante el mundo porque no se se sienten débiles o vulnerables, por el contrario, quieren que sus historias sirvan de ejemplo y puedan escarmentar a quienes cerraron sus ojos y callaron estos terribles agravios.

Y veamos que las estadísticas son espantosas en este sentido, ya que una de cada cinco alumnas de enseñanza superior en Estados Unidos es víctima de abusos sexuales en su campus.

Las más reconocidas  universidades y college de ese país vienen sufriendo hace años estas agresiones hacia sus estudiantes, pero aunque era un tema reconocido internamente las autoridades prefirieron callarlo para no afectar el “prestigio” del centro educativo. Pero en 2012,  Angie Epifano, quien fue violada por un conocido el año anterior en Amherst College, tuvo el valor de salir a la opinión pública con una carta en la centenaria revista  Amherst Student, denunciando este terrible abuso y esto cambió el curso de la historia.

Su misiva desató una verdadera ola de denuncias donde miles de estudiantes la contactaron para apoyarla y sumar sus propios dramas, lo que obligó a las universidades a enfrentar esta dura realidad, a misma que habían callado durante muchos años. Y sus voces llegaron incluso a la Casa Blanca donde el Presidente Obama durante un acto solemne realizado este año convirtió la lucha contra los ataques sexuales en una prioridad de su gobierno.

“Cuando una está siendo violada el tiempo se convierte en un enemigo. Se desacelera a un ritmo tan insoportable que cada segundo se convierte en una hora; cada minuto, en un año, y la violación, en toda una vida”.

Así señalaba la carta de Angie Epifano el horror y la angustia de esos momentos que cambiaron su  existencia y la convirtieron en lo que es hoy: una mujer valiente que sobrevivió este ataque y no se detuvo ahí sino que con su cabeza en alto da la pelea para que estas situaciones sean denunciadas y los agresores, en su mayoría reincidentes, enfrenten lo que merecen.

Sabemos que las violaciones y otros tipos de abusos contra mujeres no son nuevos en las universidades, lo que sí es nuevo es la actitud de quienes han pasado por esto, de no considerarse víctimas ni dejarse intimidar por el sistema que no hizo nada para protegerlas.

Para la experta en violencia sexual de la Universidad de Cincinnati, Bonnie Fisher,  al haber hoy más mujeres que hombres matriculadas en las universidades,  estas situaciones están saliendo finalmente a la luz.

Aunque  existen detractores de estos abusos , para quienes se trata de problemas relacionados con alcohol y pubertad, sus argumentos se caen cuando vemos las escalofriantes cifras: un informa de la Casa Blanca muestra que del 20% de jóvenes agredidas el 80% conocía a sus atacantes, y el 98% de estos son hombres. Si bien es cierto que la mayor parte de los asaltos se producen cuando las jóvenes están bajo efecto de alcohol o drogas, también es cierto que muchas veces llegan a este estado porque sus atacantes utilizan estos recursos para someterlas, contra su voluntad.

En la actualidad 74 centros educativos están siendo investigados por las autoridades federales, ya que aunque el porcentaje de jóvenes que ha sufrido estos abusos se mantiene en cerca del 20% desde la década de los 80, hoy un 58% de los estudiantes son mujeres, pasando de 5,4 millones en 1980 a más de 10 millones en 2012.

Algunas de las universidades bajo la lupa son Harvard, Princeton, Berkeley, Columbia o UCLA. Penn State University, con 45.000 alumnos, tiene el mayor número de denuncias por sexo no consentido desde 2012 (84). Le sigue Harvard (83), con 28.000 estudiantes, y la University of Michigan-Ann Arbor, con 64 y 43.000 matriculados. El 55% de los 1.579 centros con más de 1.000 alumnos recibió al menos una denuncia por agresiones sexuales en 2012.

Cuando  Dana Bolger fue violada en 2011 también en el  Amherst College de Massachusetts denunció este hecho pero su decano le pidió que más bien tomara tiempo libre en su casa, para evitar coincidir con su agresor y que este pudiera graduarse. A su regreso solicitó, junto con otras víctimas, que el centro universitario las atendiera pero fue en vano. Esto las llevó a romper el silencio y con la carta de Angie Epifano se inició este movimiento que hoy sacude los cimientos de las añosas universidades.

A la iniciativa de la Casa Blanca se han sumado campañas de figuras reconocidas o bien otras que promueven víctimas de estas violaciones, pero insisto en que nada será suficiente mientras las universidades prefieran proteger su llamado prestigio y una banda de criminales.

Las jóvenes también deben extremar sus cuidados en estos centros educativos sobretodo cuando se trata de fiestas, poniendo toda la atención a lo que consumen en estas y vigilando quién se los sirve, pero con esto no quiero decir que ellas sean las responsables de estos abusos ni mucho menos.

“Al margen del alcohol, la clave de este tema es el consentimiento. Si una persona no puede dar su permiso para una relación sexual porque está drogada o bebida, es una violación. El consentimiento es al tema crucial”, afirma la experta Bonnie Fisher

Por su parte, la socióloga del Occidental College de Los Angeles, Danielle Dirks, en un reciente articulo que publicó en The New York Times afirmó categórica: “La violación es el delito violento más común no reportado en los campus universitarios. Es evidente que los funcionarios incumplen de forma sistemática la ley y no informan de los delitos. No estamos hablando de chicos borrachos practicando sexo. Estamos hablando de depredadores calculadores. En cualquier otro ámbito, un agresor sexual sería repudiado, pero por alguna razón, en las universidades se les quiere y protege”.

Y las noticias no son buenas, ya que muchas universidades no acatan  la ley federal que obliga a investigar con personal formado las denuncias de abusos y a informar de ellas. En 236 centros analizados, un 21% no dispone de ese personal y el 31% ni siquiera había proporcionado información a los alumnos. El 41% no ha llevado a cabo una investigación sobre abusos sexuales en los últimos cinco años

Lo más doloroso es que este desinterés u ocultamiento, desprotege totalmente a las jóvenes que cada año ingresan a los centros educativos superiores, con gran sacrificio económico de su parte o de sus familias, Una de cada cinco sufrirá algún tipo de abuso en esos dos primeros años de ingreso, a menos que las autoridades traten estos delitos con el vigor que corresponde.

Muchos de estos violadores se pavonean hoy impunes, y lo peor del caso es que, si se les pregunta acerca de estos delitos dirán que no los cometieron, que todo fue consensuado o que ellas los sedujeron.

Mientras tanto, los rostros valientes de Angie Epifano, Dana Bolger y cientos más nos recuerdan que este círculo de violencia debe romperse, aunque al hacerlo caigan a pedazos las imágenes sonrientes de los abusadores, los mismos que hasta la fecha han tenido mucha más protección en los centros educativos que cualquiera de sus víctimas.

Nada, absolutamente nada, justifica una violación, y menos aun la impunidad.

 

*Información tomada de El País, de España.

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Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
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