El pasado 10 de octubre la Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de la Paz a la joven paquistaní Malala Yousafzai, honrando así su activismo a favor de los derechos civiles, especialmente el de la educación, claramente mancillado en parte de su país bajo el dominio de los talibanes, que anulan esta posibilidad a miles de niñas.

Malala, con apenas 17 años de edad se convierte en la persona más joven del mundo en recibir un Premio Nobel en cualquiera de sus categorías, y lo comparte con el hindú Kailash Satyarthi, también activista por los derechos de los niños en su país.

Pero sin duda, de ambos es Malala la que ha logrado una notoriedad excepcional en los últimos años, desde que se iniciara como bloguera en 2009 hasta el fatídico atentando contra su vida en 2012 por parte de los talibanes, quienes la bajaron del bus escolar y le dispararon sin ninguna piedad, dejándola malherida, pero no lograron callar su voz.

Con solo 13 años, Malala ya había alcanzado reconocimiento al escribir un blog para la BBC usando el seudónimo Gul Makai, en el cual explicaba su vida bajo el régimen del Tehrik e Taliban Pakistan, TTP, durante el cual se habían cerrado escuelas privadas y se prohibió la educación de las niñas entre 2003 y 2009.

Precisamente en ese año, el documental Pérdida de clases, la muerte de la educación de la mujer, dirigido por Adam Ellick e Irfan Asharaf, del New York Times, mostraba a Malala y a su padre, Ziauddin Yousafzai, quien es educador, y cómo la educación de las mujeres es difícil o imposible en esas áreas.

Luego del atentado contra su vida en 2012 Malala saltó aun más ante la opinión pública mundial, que siguió de cerca la lenta recuperación de la niña, quien debió ser trasladada al Reino Unido y pasar por varias cirugías reconstructivas, que incluyeron un implante de titanio en su cráneo y un dispositivo auditivo.

A pesar de que las amenazas contra su vida continuaron, lejos de amilanarse, en el 2013 la joven paquistaní publicó su libro “Yo soy Malala”, y ese mismo año recibió dos importantísimos galardones, el Premio Simone de Bouvoir y el Sajarov, además de ser nominada al Premio Nobel de la Paz, el cual recibió hace unos días.

Empecé a seguir a Malala a raíz del atentado contra su vida y al igual que a millones de personas, me maravilla el valor, la determinación y la claridad de esta joven, quien desde su niñez empezó a dar una lucha por la defensa de derechos civiles esenciales, poniendo en riesgo su vida.

Ser Malala ya era difícil en su natal Pakistán, pero debe ser mucho más difícil ahora con la expansión del Estado Islámico en Medio Oriente y su reclutamiento de seguidores en distintas naciones del mundo, sobretodo en Europa.

Su integridad física está y estará siempre pendiente de un hilo aun en el Reino Unido, donde hoy viven millones de musulmanes, muchos de estos radicales y seguidores del Estado Islámico.

Quisiera pensar que Malala podrá darle al mundo muchas cosas importantes que saldrán de su sobrada voluntad e inteligencia, que la podremos ver crecer y llenarnos de orgullo como ya lo ha hecho, con sus claras exposiciones y su defensa del derecho a la educación.

Pero lo cierto es que Malala está en peligro.

Haber ganado este Premio Nobel la hace aun más vulnerable y las amenazas contra su vida cobran mayor fuerza por parte de quienes quisieron acallarla la primera vez.

Malala es el símbolo de lo que todas las niñas y mujeres deben aspirar y lograr, ya que educarse es el camino que les garantiza un mejor futuro a ellas y también a sus hijos.

Pero la imposición de la sharia y el avance del Islam radical son una sentencia de muerte para jóvenes como Malala.

Yo no quiero que ella sea una mártir asesinada por el fanatismo religioso, quiero que se convierta en la mujer que el mundo espera y necesita, para que lidere desde todos los foros el avance de la educación.

Con su ejemplo podemos esperar que surja un ejército de jóvenes valientes que luchen por sus derechos y su dignidad.

Pero esto no sucederá a menos que se de una verdadera lucha contra el fanatismo islámico y  grupos como los talibanes, Al Qeda, Boko Haram, Hamas o el Estado Islámico se conviertan en una pesadilla del pasado.

Imagen de perfil de Mariana Lev
Sígueme

Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
Imagen de perfil de Mariana Lev
Sígueme

Ultimos artículos de Mariana Lev (Ver todos)