Solamente 25 naciones fueron consideradas como democracias plenas por el Indice de Democracia de The Economist para el 2012. La mayoría de estas, encabezadas por Noruega, se encuentran en  el centro y norte europeo, y se suman Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, Canadá, Uruguay y Costa Rica.

El Indice de Democracia evalúa a los 167 países del mundo, y resulta dramático constatar que solo una minoría se califica suficientemente democrática, mientras que en el medio figuran 54 naciones señaladas como democracias defectuosas, y otras 36 denominadas regímenes híbridos.

Dentro de las democracias defectuosas encontramos la mayoría de naciones latinoamericanas como Argentina, Brasil, Colombia, México, Panamá y Perú. Como parte de las híbridas tenemos a Nicaragua, Venezuela, Honduras, Bolivia y Ecuador.

Al final del índice se listan los regímenes autoritarios que suman 52 países y que culmina con Corea del Norte como el peor de todos, pero incluye a otros como Irán, Afganistán, Siria, Emiratos Arabes, Arabia Saudita, Rusia, Cuba y Haití.

Viendo estos datos la simple matemática nos permite afirmar que en este siglo XXI el mundo no avanza hacia la consolidación de la democracia, sino que por el contrario, retrocede, a menos que consideremos ingenuamente que este régimen se sostiene con votaciones.

Pero la democracia es mucho más que cumplir con el deber ciudadanos de elegir a nuestros gobiernos, aunque esto sea sumamente importante sabemos que en muchos casos las votaciones no garantizan siquiera la vida democrática, más bien se usan para encubrir regímenes autoritarios que toman las instituciones en pantomimas electorales para luego acallar todo tipo de libertades.

Según  el sitio web del gobierno de Estados Unidos America.gov,  para que un  sistema sea verdaderamente democrático debe cumplir varios requisitos fundamentales, que al parecer la mayoría de naciones en el mundo omiten de una o varias maneras.

El control ciudadano encabeza esta lista de requisitos, ya que en una verdadera democracia todas las ramas y divisiones del gobierno deben responder a  estos y sus funcionarios responden en última instancia a quienes los llevaron ahí, y no me refiero a sus amigos o votantes, sino a todos los electores e incluso quienes no votaron.

Pareciera que incluso en democracias plenas como la costarricense esta primera demanda se incumple de muchas maneras, o no tendríamos sonados casos de corrupción, compadrazgo e instituciones ineficientes, donde muchos servidores públicos parecen interpretar la palabra como servirse y no servir a los demás.

Por eso, si una democracia espera subsistir o mejorar, debe reforzar las instancias de control ciudadano en lugar de reducirlas o ignorarlas.

Otros requisitos fundamentales que deben cumplir las democracias son el respeto por los derechos humanos como la libertad de expresión, libertad de culto religioso e igualdad de protección ante la ley, así como el derecho de todos los ciudadanos a organizarse y participar plenamente de la vida política, económica y cultural de la sociedad,según indica el sitio del gobierno estadounidense.

En este sentido, es claro que en una sociedad democrática todo ciudadano debe poder participar políticamente, trabajar o ser parte de la vida pública, sin ser discriminado por su raza, religión o género.

Sin embargo, aun en las democracias plenas esto sigue siendo difícil de cumplir, ya que si bien la legislación protege estos derechos,  se dan violaciones flagrantes en muchos casos, como es la menor remuneración por el mismo tipo de trabajo en el caso de mujeres, las dificultades patrimoniales y civiles para la parejas homosexuales, y  los problemas de atención para los enfermos de VIH, entre otras.

Una democracia será realmente plena cuando todos sus ciudadanos sientan que gozan de total protección ante la ley y verdadero acceso a las oportunidades, ya sean educativas, políticas, económicas o sanitarias.

Por otra parte, la posibilidad de que las naciones tengan elecciones libres y justas es otra de las características que deben tener las democracias, pero muchas veces se incumplen los mecanismos que permiten la igualdad de exposición de los candidatos durante los procesos electorales, aunque en teoría todos tienen los mismos derechos de participación esto se reduce al aporte económico que puedan tener durante sus campañas.

Aunque  es cierto que toda persona o grupo de individuos debe poder votar,  y todo partido o candidato debe estar en la boleta de votación y hacer campaña libremente, el peso económico de estos procesos, sobretodo para los partidos minoritarios, hace que esta regla no se cumpla.

De hecho, en la reciente contienda electoral costarricense este año, durante la primera vuelta tuvimos 13 candidatos presidenciales, pero la atención de los medios en términos generales se centró en los cinco principales, a pesar de la protesta de aquellos con menos oportunidad, lo que demuestra claramente que esta equidad no existe.

Otro de los aspectos vitales para la supervivencia de la democracia es la participación ciudadana, entendida como un deber de los habitantes de una nación, quienes reciben a cambio la protección de sus libertades y derechos civiles.

Posiblemente uno de los principales errores que se cometen en las democracias es no inculcar esta obligada participación desde la formación educativa de los niños, yendo más allá de los textos que bien apuntan hacia esto, pero que en la práctica se realiza poco o nada.

Los niños deben aprender que tienen el privilegio de vivir en una sociedad que vela por su bienestar, pero que a cambio demanda de ellos, de sus padres y formadores una activa participación en las distintas instancias de la sociedad civil o del servicio público.

Aprender desde la primaria que esta sociedad no es algo gratuito ni que se debe dar por sentando, permitirá que las nuevas generaciones valoren mucho más la historia de su nación y busquen preservar el sistema que protege sus libertades y derechos fundamentales.

Pero nada se gana si en el aula se dice una cosa y en la casa se desacredita o ignora el mensaje, y peor aun si los maestros son los primeros en faltar a las aulas largas semanas defendiendo muchas veces lo indefendible, y privando a los niños de su derecho esencial al conocimiento.

Otra de las características que debe tener una democracia es la tolerancia y el compromiso, posiblemente el tema más difícil en todo régimen, y por eso hay tantas democracias defectuosas o híbridas en el mundo, así como regímenes autoritarios.

Un sistema que promueve la pluralidad política, así como el y respeto a mayorías y minorías, debe basarse en la tolerancia para buscar acuerdos, y en el compromiso de las distintas partes para que estos cuajen en realidades, anteponiendo el bienestar del país por encima de los egoísmos o revanchismos partidistas.

Durante la última campaña electoral los costarricenses escuchamos a todos los candidatos exponer la necesidad de acuerdos nacionales, agendas de consenso y otras linduras, para que ganara quien ganara, el país pudiera avanzar. Pero al cabo de cinco meses de gobierno esto parece más una guerra de guerrillas que otra cosa.

Al margen de las razones que cada grupo político tenga para confrontar, oponer o atrasar estos acuerdos, lo cierto es que están sembrando vientos de tempestad, que más allá de lo que arrastren en lo inmediato, ponen en jaque un sistema que tal vez no sea el mejor del mundo, pero es por mucho mejor que otros.

Las democracias del siglo XXI enfrentan tantas amenazas internas y externas que da miedo.

Solo podrán sobrevivir si hay una verdadera toma de conciencia en las naciones que aun se pueden llamar de esa manera. De otra forma el listado de democracias plenas será cada vez más pequeño o inexistente.

 
Referencias: America.gov Archive: Characteristics of Democracy (Características de la democracia)

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Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
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