Recientemente, en Costa Rica el Presidente de la República se quejó del maltrato y desinformación que afecta a su novel gobierno por parte de los medios nacionales, y solicitó abrir un debate acerca del rol del llamado cuarto poder en esta nación.

La queja presidencial no es nueva, y hasta donde me da la memoria todos los presidentes de esta vanagloriada democracia se han manifestado contra los medios informativos en algún momento de su gestión, sin que los gobernantes llegaran a clausurar ninguno, a diferencia de lo que es casi rutinario en otras naciones, aunque pretendan llamarse democracias.

Pero debemos dejarnos de fingir inocencia,  o peor aun sobrestimar la objetividad de los medios informativos por encima de la que tengan los gobiernos.

En Costa Rica todos los gobiernos se forman a partir del gane de un determinado partido político, que tiene su agenda planteada durante la campaña electoral y responde a una determinada ideología, o al menos así lo vende a los votantes, quienes los eligen por mayoría para dirigir la nación durante cuatro años.

En ese período, cada gobierno enfrenta el reto de cumplir con la agenda planteada y tratar de realizar algunas de las propuestas electorales, en medio de la batalla con la oposición y  muchas veces con los miembros más cercanos de su propia agrupación política, tal como sucede con la administración actual, pero también ha acontecido en otras anteriores.

Gobernar no es fácil y en una democracia es mucho más difícil, porque son muchas las voces, y la libertad de acción y expresión garantizan derechos esenciales a estos grupos o personas que diariamente expresan sus opiniones, muchas contrarias a las de quienes detentan el poder.

Dentro de estas voces las más fuertes aun son los medios informativos, y cada uno de estos también responde a posiciones económicas o políticas determinadas, ya  que en su mayoría se trata de empresas privadas creadas por un grupo de personas con intereses similares.

Con esto no quiero decir que los medios en general responden solamente a los intereses de sus accionistas, pero sí que en última instancia hay una definición ideológica detrás de cada uno de estos, lo cual fue evidente en la reciente campaña electoral, cuando el principal medio escrito del país decidió no publicar la última encuesta antes de las elecciones.

Muchos protestaron y se desataron conjeturas de todo tipo, pero en última instancia el medio es una empresa privada y como tal decidió hacer lo que consideró conveniente a sus intereses.

Entonces, el debate acerca de la objetividad periodística no debería darse, porque es claro que tarde o temprano la posición del medio se impondrá, y esto no está mal si hay claridad en las reglas del juego y sus seguidores  pueden saber de antemano que hay una determinada ideología detrás de cada uno.

En ese sentido, la prensa europea o la israelí juegan con reglas mucho más claras que la costarricense, porque cada medio se identifica ideológicamente, sin disfraces de objetividad que encubren estos matices en otras naciones.

Para quienes hemos ejercido el periodismo e incluso detentado algún grado de poder dentro de los medios informativos, es claro que aunque no haya una censura abierta a nuestras investigaciones u opiniones, sí hay una barrera de hasta donde podemos llegar o no con estas.

Por decirlo de manera más clara, en un medio de centro derecha o derecha que no se define como tal pero lo es, artículos periodísticos que aboguen por tesis más izquierdistas en algunos temas podrían no ser publicados, y  viceversa, en un medio más de izquierda una nota muy favorable a la libre empresa tampoco.

Sin embargo, en medio de estos ejemplos extremos hay muchos matices, por lo que los medios informativos costarricenses se nutren de estas notas que le dan cara progresista a la derecha, o bien de apertura a la izquierda, por supuesto que sin llegar a extremos en ambos casos.

Por otra parte, los periodistas, que viven en esta balanza ideológica sin poner gran atención al tema, sí están obligados -porque es una norma del ejercicio profesional- a presentar la mayor cantidad de posiciones ante un determinado hecho, para que sus seguidores formen criterio propio, pero generalmente los titulares y encabezados reflejan la posición del medio al presentar una misma noticia.

En casos extremos hemos visto cómo los medios tergiversan noticias para adecuarlas a su posición ideológica o también sonados casos de corrupción, sobornos, mentiras y demás, nada muy distinto a lo que sucede con los gobiernos, porque tratándose de poder la tentación siempre es grande.

Con todo esto lo que trato de mostrar es que no hay santos inocentes en ninguna parte, que tanto los gobernantes de turno como los medios informativos responden a sus intereses, y que cuando estos se enfrentan económica o políticamente se da una verdadera lucha de poder.

Lo que me gustaría ver es que finalmente se desenmascaren las ideologías que respaldan a la prensa de mi país para que nadie se rasgue las vestiduras apelando a una objetividad que a luces no ha existido, no existe y no existirá.

Imagen de perfil de Mariana Lev
Sígueme

Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
Imagen de perfil de Mariana Lev
Sígueme

Ultimos artículos de Mariana Lev (Ver todos)