El pequeño tomaba la mano de su padre mientras visitaban el memorial creado en honor de las víctimas de los atentados del pasado 13 de noviembre en París.

Su madre, una joven periodista, estaba entre las víctimas mortales del Club Bataclan, donde 89 personas fueron masacradas a sangre fría por una célula terrorista vinculada a Isis, en una noche de viernes aciaga para parisinos y personas con sentido de humanidad.

Estas 89 víctimas fueron parte de los 132 seres humanos de diversas edades y nacionalidades acribillados en ese club, calles y restaurantes, dejando un recuento terrible que se suma a más de 350 heridos, algunos con enorme gravedad hasta hoy.

El niño, temeroso, le decía al padre ante las cámaras de la televisión mundial que los hombre malos vendrían con sus armas a matarlos y éste, tratando de consolarlo, le hablaba del poder de las flores y que con ellas se detiene la terrible fuerza de los asesinos.

Pero el pequeño no se mostró nada convencido y el padre, buscando su propia fuerza arrebatada por el inmenso dolor de su inesperada viudez y la orfandad de su hijo, le insistió en este argumento hasta convencerlo.

Tanto así que días después, en una entrevista con el periodista de CNN Anderson Cooper, este mismo niño afirmó con absoluta convicción que las flores derrotan a las armas, sin duda alguna.

Sería hermoso que fuera así, que una flor o un ramo o una avalancha de estas pudiera aniquilar el odio que emana de las balas y bombas de los terroristas islamistas radicales, pero sabemos bien que no es así.

En este momento Europa, y la civilización occidental que cobija muchas posturas ideológicas y religiosas, basados en el respeto a las diferencias, toma conciencia de que efectivamente hay una guerra declarada por parte de Isis contra ésta como un todo.

Con horas de diferencia antes de los atentados  de París hubo otros terribles hechos en Beirut, Líbano, con más de 40 víctimas mortales.

Además, la atribución de Isis de haber volado con una bomba interna el avión ruso siniestrado en la península de Sinaí en Egipto a fines de octubre, con 224 personas a bordo, fue confirmada también en los días de estos atentados.

A esto podemos sumar que los apuñalamientos y otros tipos de agresiones mortales por parte de terroristas palestinos vinculados a Hamas e incluso a Isis contra ciudadanos de todas las edades y condiciones en Israel, siguen aumentando cada día, aunque por supuesto los medios no hagan mención de esto como es usual, para verguenza de estos supuestos informadores.

Y ni hablar de la senda de horror dejada en Africa desde el 2002 por otro grupo vinculado al extremismo islámico, el terrible y sanguinario Boko Haram que suma miles de víctimas en Nigeria, Chad, Níger y parte de Camerún.

En estas semanas, que siguieron a los atentados parisinos -debemos recordar tenían como objetivo primario el estadio de fútbol donde Francia y Alemania enfrentaban un partido amistoso, con casi 80000 espectadores, incluido el presidente Hollande y el ministro de relaciones exteriores alemán- Rusia y Francia intensificaron acciones militares aéreas contra los dominios de Isis, impactando sus bases pero no a sus grandes líderes.

Por otra parte una Europa atemorizada está viviendo una movilización policial inédita en la búsqueda del supuesto líder de los atentados, el único superviviente de una célula terrorista de nueve, mayoritariamente ciudadanos franceses y belgas con frecuentes viajes a Siria donde al parecer fueron entrenados para esta “misión sagrada”.

Bégica se ha convertido en zona de redadas y servicios como el metro y las escuelas han sido cerrados temporalmente.

Francia vive un estado de excepción que el presidente solicitó por tres meses y luego pidió ampliar. Esa nación está devastada por dos atentados de enorme impacto en un solo año y tanto la inteligencia como otros servicios, buscan día y noche otras células que puedan realizar acciones similares.

Recordemos que los terroristas se inmolaron al igual que lo hizo una mujer durante la primera redada que hizo la policía, solo uno falleció en manos de ésta y eso nos lleva al quid de la cuestión.

La lucha contra Isis es posiblemente la más difícil que haya enfrentado Occidente y lo es porque sus militantes no solo quiren matar a los que consideran “infieles” o enemigos, sino porque sus propias vidas no les importan, por el contrario, se definen como mártires que prefieren morir por su causa.

Hay reportes de que cada día Isis recibe unos 50 nuevos militantes, y hoy su ejército cuenta con más de 20000 miembros, la mayoría jóvenes que por diversas razones se radicalizan y que son reclutados en todo el mundo no solo en Medio Oriente. Jóvenes que según otros informes consumen grandes cantidades de drogas alucinógenas que los llevan a sentirse poderosos e invencibles, además de paranoicos y con alucinaciones.

Ahora veamos un poco que podemos hacer los occidentales ante esta amenaza que afecta a todas las naciones y nacionalidades ajenas al Estado Islámico.

Los países europeos, en primer término los más afectados, deben y deberán mejorar sus controles fronterizos y revisar concienzudamente el libre tránsito entre las naciones de la Unión Europea. Las medidas policiales y la atención prioritaria de los lugares sensibles a este tipo de ataques deben mantenerse permanentemente, así como las investigaciones tecnológicas que conduzcan a desmembrar estas redes de terror.

Europa no está para melindres acerca de libertades y derechos cuando cada ciudadano puede ser una víctima, y otros europeos, sus victimarios.

Alerta, control, pérdida de inocencia. No les queda de otra y ni aun así es seguro que puedan evitar nuevos atentados, pero al menos deben intentarlo de manera coordinada y con el apoyo de sus habitantes.

Con respecto a las acciones militares supongo que continuarán como hasta ahora, con cierta efectividad y demostración de poderío aéreo y unión occidental contra un enemigo común, como hemos visto. Pero recordemos que es un enemigo fuerte, inescrupuloso, armado y con dinero suficiente para continuar su guerra de terror por mucho tiempo.

De este lado del charco tampoco sintamos que la cosa es ajena o lejana. Los vínculos de Irán con gobiernos latinoamericanos como Argentina (hasta ayer esperamos con la derrota de Fernández), Venezuela y Nicaragua, sumado a las precarias condiciones de vida de millones de ciudadanos, hacen caldo de cultivo para el reclutamiento de seguidores y seguidoras en nuestros países, dispuestos a sembrar terror en esta parte de Occidente.

No hay en este momento sitios seguros ante el terror, el reciente atentado en Mali del 20 de noviembre en el hotel Radisson de la capital dejó 19 rehenes muertos durante el rescate de 170 de manos de una célula yihadista vinculada a Al Qaeda, que sigue actuando aunque el protagonista hoy sea Isis.

Entre las víctimas, nuevamente, ciudadanos de diversos países del mundo, que pensaban vacacionar en el paradisíaco sitio.

Estados Unidos también está redoblando su seguridad en aeropuertos y sitios clave, ¿pero podrá evitar esto acciones de terroristas solitarios como los hermanos Tsarnaev durante la maratón de Boston del 2013, con un saldo de tres muertos y casi 300 heridos, algunos de ellos con serias mutilaciones?

Lo cierto es que el mundo cambió, no puedo decir que empeoró porque cuando revisamos la historia de la humanidad estamos ante un escaparate de odios, dominaciones y masacres en todos los capítulos de esta.

Pero sí cambió en términos de una polarización total, sin medios planos, acerca del tipo de vida que queremos para nuestros hijos y nietos, y quienes vengan después.

Yo quisiera decirles que las flores vencerán las balas, incluso cuando estas provengan de niños como ellos.

Pero no es cierto, y ellos, como nosotros, deben aprender a vivir en este nuevo mundo que sin duda impone incómodas restricciones y controles, para que otras inocentes vidas no sean segadas por el terror.

 

 

 

 

 

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Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
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