Al momento de escribir este artículo sumábamos 7 350 501 395 seres humanos y el marcador continuaba avanzando, mientras nacían casi 400 000 personas morían unas 150 000, y todo esto en cuestión de segundos.

Así de avasalladora es la vida humana, que viene y va sin parar.

La mayoría de la población mundial se concentra actualmente en China, pero en unos seis años será superada por India, que para el 2030 habrá alcanzado los 1 500 millones de habitantes.

No es ninguna casualidad ni un tema de sensibilidad que China esté permitiendo una mayor reproducción de sus habitantes, dejando atrás la estricta política maoísta de un único hijo por pareja.

Para el 2100, Africa habrá aumentado su población en un 270%, creciendo continua y velozmente, mientras Europa mantendrá su tasa descendente de fertilidad y será la única región del mundo que perderá habitantes en lo que queda del siglo XXI, sobretodo en el este de ese continente.

Según estimaciones de las Naciones Unidas, países como Alemania, Reino Unido, Italia o Francia, que en 1950 y aun hoy están entre los 20 más poblados del mundo, serán desbancados por Nigeria (que en 2050 ya tendrá más habitantes que Estados Unidos) o la República Democrática del Congo, que para el 2100 será el quinto país por número de habitantes del mundo.

Estas cifras son alarmantes si comprendemos que una gran mayoría de habitantes del mundo nacerán en regiones donde predominan la pobreza extrema y una absoluta falta de oportunidades.

Todo parece indicar que a menos que haya decisiones políticas y humanitarias sin precedentes, nuestro globo terráqueo afrontará los retos de enormes hambrunas, epidemias y posibles desastres en aquellas zonas de mayor riesgo y sobrepobladas.

Nada de esto es nuevo, porque lamentablemente vivimos en un mundo de terribles desigualdades e injusticias, y estos males aquejan a la humanidad desde siempre.

Al otro extremo de esta ecuación tenemos un mínimo porcentaje de naciones y personas que concentran la mayoría de riqueza del mundo.

Hace exactamente un año, la organización caritativa contra la pobreza Oxfam advirtió en Londres que en este 2016 el 1% de la población tendrá en sus manos la mitad de la riqueza mundial, con lo cual se acentuará fuertemente la desigualdad global.

El reporte de Oxfam se reveló en la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, y en este se alertó que los más acaudalados aumentaron su proporción de riqueza del 44% en 2009 al 48% en 2014, y que la proporción superará el 50% en 2016.

En esa oportunidad, su directora ejecutiva, Winnie Byanyima -que copresidió la reunión del Foro Económico Mundial-, dijo que la explosión en desigualdad estaba impidiendo el avance en la lucha contra la pobreza.

Oxfam afirmó que miembros del 1% más rico del planeta tenían una riqueza promedio de $2,7 millones por adulto, mientras una de cada nueve personas del mundo no tiene suficiente para comer, y 1000 millones tienen que sobrevivir con menos de $1,25 al día.

“Que las cosas sigan igual no es una opción libre de costos para la élite. El fracaso a la hora de lidiar con la desigualdad hará que la lucha contra la pobreza se retrase décadas”, declaró Byanyima.

Por su parte, el Papa Francisco viene exhortando fuertemente a las naciones y personas para que se comprometan en la lucha contra la pobreza y la desigualdad.

En su reciente visita a Africa, a finales de noviembre de 2015, el Sumo Pontífice de la iglesia católica, hizo un vehemente llamado en este sentido; “La experiencia demuestra que la violencia, el conflicto y el terrorismo se alimentan del temor, la desconfianza y la desesperación que surgen de la pobreza y la frustración”.

En un mundo donde el terror organizado se expande diariamente de muy distintas formas, pero casi siempre encuentra seguidores en los más necesitados, la pregunta que surge es si lo que estamos viviendo es la dolorosa respuesta a siglos de oídos sordos ante los gritos de los más hambrientos.

No puedo decir a ciencia cierta que esto sea así en su totalidad, porque el terrorismo se nutre de otros aspectos como odios raciales y supuestas supremacías religiosas, que logran aglutinar a personas de distintas situaciones económicas, culturales o sociales.

Pero lo que sí es cierto, sin duda alguna, es que un mundo donde los pobres se multiplican cada segundo y unos pocos concentran la mayoría de recursos y oportunidades es el escenario perfecto para todo tipo de desastres.

Un 2016 que tiene la terrible etiqueta de iniciar un incremento aun mayor de la desigualdad y la falta de oportunidades para millones de seres humanos debe hacernos reflexionar seriamente acerca de la clase de personas que somos y las que debemos ser.

Por un segundo, lo que tarda en nacer otro habitante de este planeta, pensemos en lo que debemos hacer para frenar este aumento de la injusticia con verdaderos compromisos individuales, colectivos y políticos.

De otra manera el mundo entrará en una división cada vez mayor entre miserables y privilegiados, lo que es una verdadera vergüenza para la humanidad de estos tiempos.