Odiar es tan fácil como encender un fósforo y hacer arder una llamarada que se extiende y aniquila todo alrededor.

El odio que lleva a estas atrocidades, parte de la ignorancia, el rumor y otros factores, que aglutinan los nefastos sentimientos de una persona o grupo contra otros.

Cada segundo algún ser humano sufrirá ultrajes físicos, verbales o sicológicos que mancillarán su dignidad y lo catalogarán como ese algo que debe ser odiado o vilipendiado.

Estas agresiones que surgen de la intolerancia y la discriminación se denominan crímenes de odio, y se dirigen contra determinados grupos sociales sea por racismo, homofobia, xenofobia, etnocentrismo, religión, entre otros factores, todos absurdos y aberrantes.

Como mujer, judía y latina, tengo altas probabilidades de ser víctima de un crimen de odio, pero por suerte, hasta este día no he padecido agresiones de este tipo, y aunque me reconforta, me coloca dentro de una extraña minoría de no agredidos.

Pero lo cierto es que todos los días miles de personas mueren en el mundo por este tipo de crímenes, que en muchos casos  llevan a asesinatos masivos, violaciones y otras barbaridades que dicen poco del género humano o más bien, dicen mucho de la enorme capacidad que mantenemos de odiar visceralmente y sin explicación lógica a nuestros semejantes.

Como ejemplo, un informe del año pasado acerca de la discriminación e intolerancia en la Unión Europea, señala que los romaníes o gitanos siguen siendo víctimas de una gran intolerancia y las mujeres de este grupo humano son las más afectadas.

Recordemos que durante la Segunda Guerra Mundial los romaníes fueron una de las minorías étnicas más perseguidas y masacradas por el nazismo, con cerca de medio millón de víctimas mortales.

La Unión Europea aprobó en setiembre de 2015 acciones legales contra la República Checa, ya que esa nación no ha eliminado la segregación de los niños romaníes en las escuelas del país.

Los romaníes suman cerca de 12 millones y viven principalmente en el centro de Europa, pero también en Estados Unidos y América Latin

Por otra parte, en enero de este año, el Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa (CdE), Nils Muižnieks, advirtió del creciente antisemitismo en Europa, dados los incidentes acaecidos recientemente, que incluyeron el ataque armado en un museo judío en Bruselas que dejó cuatro muertos, y el asesinato en una tienda de comidas kosher en París.

También se ha señalado un aumento en las denuncias de violencia antisemita e incidentes en Alemania y el Reino Unido.

A estas situaciones que sufren las minorías en Europa, debemos agregar las constantes vejaciones que viven los hombres, mujeres y niños que por distintas razones, muchas de estas debidas al hambre, la guerra o falta de oportunidades, deben abandonar sus tierras natales.

Cerca de 150 millones de personas, un 3% de la población del mundo, según señala las Naciones Unidas, ONU, son las principales víctimas actuales o potenciales de estos crímenes de odio.

En el mundo de hoy, todos los continentes y regiones tienen migrantes, quienes mayoritariamente buscan asentarse en lugares distintos y muchas veces distantes de sus naciones de origen.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, la mayor cantidad de estas personas se concentra en Asia; Europa y América del Norte tienen más o menos el mismo número y les siguen, en orden decreciente, África, América Latina y Oceanía.

Además, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que unos 80 millones del número mencionado son trabajadores migratorios. Aunque la migración y sus dificultades no son recientes, la globalización que se vive lleva a una movilidad sin precedentes y la migración genera cada vez más presiones.

Según explica la ONU, las mujeres y los niños componen más de la mitad de los refugiados y desplazados internos. El 96% de los niños que trabajan y duermen en las calles son migrantes, y cerca de la mitad son niñas de 8 a 14 años de edad.

Aunque los grupos humanos de migrantes pertenecen a distintas etnias y religiones, por su sola condición de extranjeros sufren maltratos constantes y reciben múltiples ataques xenofóficos.

Millones de ellos son indocumentados, no hablan los idiomas y aceptan condiciones de vida que difícilmente pueden catalogarse como humanas, lo que genera círculos de violencia que a su vez llevan a repercusiones similares.

No  en vano grupos terroristas como Isis reclutan sus adeptos entre los millones de jóvenes musulmanes, frustrados por su falta de oportunidades en países donde nacieron o llegaron como niños de familias migrantes.

Sin justificación de sus actos debemos entender que el rechazo genera odio y puede tener terribles consecuencias como las que vivimos ya en casi todo el mundo con atentados de todo tipo.

En el caso de las mujeres todo se agrava, ya que son víctimas constantes de la intolerancia y discriminación, y millones caen en redes de trata de personas, prostitución y otras situaciones degradantes que las llevan a la miseria o la muerte.

La ONU estima que todos los años son introducidas clandestinamente de 300 000 a 600 000 mujeres en la Unión Europea y en algunos países de Europa central, y que el problema está muy generalizado también en África y América Latina.

Como mujeres y personas que migran, las trabajadoras son víctimas de violencia y abuso, tanto en el plano doméstico como en el laboral.

No menos terribles son los crímenes de odio por razones sexuales, los cuales se dirigen contra las personas y comunidades homosexuales, lésbicas y transgénero. Estos grupos humanos son víctimas de todo tipo de atrocidades homofóbicas y son uno de los que registran mayor cantidad de muertes en todo el mundo.

En la última década y con el respaldo de las llamadas redes sociales, se han incrementado la intolerancia, la discriminación, el racismo y la xenofobia, prácticamente en todas las regiones del orbe.

A la distancia de un click usted puede decidir a quién odiar y una vez que lo resuelve con otro sencillo click incita a otros que, como usted, están buscando canalizar sus frustraciones, ignorancia y estupidez hacia aquél o aquellos que decidieron victimizar.

Los casos de bullyng que llevan al suicidio de miles de adolescentes se desarrollan muchas veces en las redes sociales, que también están repletas de páginas xenofóbicas, homofóbicas, antisemitas, y demás.

Como dije al inicio, odiar es tan sencillo como encender un fósforo o y alzar una llamarada. Pero cada vez que usted se sienta tentado a dejarse llevar por estos sentimientos espantosos que pueden causar daño irreparable en la vida de otro, reflexione y trate de ponerse en ese lugar, el de su prójimo.

Luego, sencillamente, apague el fósforo.

 

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Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
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