La conmemoración del Día de la Mujer se ha convertido en tema de felicitaciones y cursilerías sin sentido que abundan hoy en las redes sociales.

Pero lo que recordamos cada 8 de marzo es la decisión valiente de un grupo de obreras de Nueva York que decidieron salir a las calles para protestar por las pésimas condiciones, de casi esclavitud, en las que trabajaban.

Estas pioneras alzaron sus voces y generaron un movimiento reactivo donde otras mujeres se sumaron a huelgas similares en los años siguientes.

El 5 de marzo de 1908, 51 años después de ese primer incidente y sin que aun se conmemorara nada, más de 100 obreras fallecieron en un macabro incendio dentro de una fábrica en Sirtwoot Cotton, el cual se atribuyó al dueño del inmueble como respuesta a los reclamos de las trabajadoras de su plantel.

Ellas pedían igualdad salarial, la disminución de la jornada laboral y un tiempo para amamantar a sus bebés.

Han pasado 109 años de esa fatídica fecha en que estas mujeres fueron asesinadas y 160 desde las primeras protestas de las trabajadoras en Nueva York.

En 1910, hace 107 años, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras celebrada en Copenhague, Dinamarca, más de 100 mujeres aprobaron declarar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Bonita fecha y nombre, pero no nos engañemos para nada y mucho menos nos demos palmaditas y besitos para sentirnos bien.

La inmensa mayoría de mujeres en el mundo sigue trabajando en condiciones deplorables y la igualdad salarial es aun inexistente, incluso para las féminas que ocupan cargos gerenciales o políticos del más alto nivel, ni hablar de los millones que sobreviven con menos de $1 diario.

El informe “Las Mujeres en el Mundo 2015”, de la ONU, divulgado en octubre pasado se suma a oros cinco emitidos por el máximo organismo mundial en estos 30 años, en el que se establecieron las estadísticas de género, antes inexistentes.

Uno de los datos positivos de este informe es que las mujeres tienen vidas más largas, con una media de 72 años con respecto a 68 años de los hombres.

Pero vivir más no significa necesariamente vivir mejor, si recordamos que millones de mujeres siguen en condiciones de salud deplorables, sin acceso a agua potable y otros servicios básicos, y mucho menos han alcanzado la mediana igualdad en el plano laboral.

Solo el 50% de las mujeres en edad de trabajar integran la fuerza laboral, en comparación con el 76% de los hombres, dice este reciente documento.

Además, el estudio indica que en la mayoría de las sociedades las mujeres no tienen las mismas posibilidades que los hombres, sea en el plano de la vida pública como en la privada.

Sólo 19 mujeres son jefas de Estado, una ligera mejoría en comparación con las 12 que ocupaban ese cargo en 1995.

Por otro lado, la ONU señala que persiste la violencia basada en el género y el matrimonio infantil, además, siguen siendo las mujeres quienes cargan con las onerosas obligaciones domésticas.

Siempre he considerado que la única vez que podremos celebrar este día es cuando deje de existir, cuando no necesitemos una fecha para recordar que la lucha por los derechos de la mujer trabajadora continúa más de un siglo después.

Solo podremos felicitarnos cuando se haya alcanzado la verdadera igualdad y este día desaparezca del calendario mundial, pero parece que el camino es largo y tortuoso.

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Mariana Lev

Periodista, relacionista pública, poeta
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