Month: febrero 2018

Ahora vivo aquí

 - by Mariana Lev

Vine a Israel por primera vez a mis 18 años en 1976, en una visita de 12 días acompañando a mi mamá, que había sido enviada por el gobierno de Costa Rica a varios países europeos y también acá para conocer las emisoras de radio y televisión estatales, con el fin de establecer la Radio Nacional, que ella fundó y dirigió por varios años.

Fue un viaje un poco alucinante ya que nos incorporaron a un grupo de periodistas latinoamericanos y nuestro recorrido turístico incluyó mayoritariamente los sitios de importancia para la religión católica.

También pude encontrarme con varios amigos y amigas de Costa Rica que estudiaban acá y quienes trataron de convencerme de que me quedara, lo que pude haber hecho si problema, ya que mi papá me había dicho antes de viajar que si quería estudiar en alguno de los países que iba a visitar él me pagaría la universidad.

Pero bueno, ya tenía más de un año de carrera en Periodismo y una relación de noviazgo que ese mismo año terminaría en matrimonio, así que desistí, pero durante esos 12 días tuve un gran debate interno, porque una parte de mí quería quedarse en Israel.

En ese entonces, este país tenía apenas 28 años de existencia, era básicamente una nación agrícola basada en la filosofía de comunidades y cooperativas conocidas como kibutzim, produciendo para el auto abastecimiento, lo que en esa época era un modelo de desarrollo a escala mundial, donde la globalización aun no jugaba el rol que ha tenido en las últimas décadas.

Para ese momento Israel había librado las guerras de Independencia en mayo de 1948, la de los Seis Días en 1967, y la de Yom Kippur en 1973. En estas conflagraciones había recuperado territorios y también capturado otros a sus enemigos, que en ese entonces eran todos los países árabes circundantes.

Para 1976, también un comando israelí de élite había logrado liberar 103 pasajeros judíos, de los 248 secuestrados por terroristas palestinos en una aeronave de Air France, quienes la desviaron al aeropuerto de Entebbe en Uganda, donde contaron con la colaboración del ejército del dictador Idi Ammin. Los 145 pasajeros no judíos de la aeronave fueron liberados al aterrizar y los rehenes quedaron en manos de los terroristas bajo amenaza de muerte si no se cumplían sus demandas. Luego de una semana de secuestro y en una operación que duró 53 minutos el ejercito israelí pudo rescatar a la mayoría, ya que hubo tres rehenes muertos y el comandante de la operación, hermano del actual primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.

A Israel se le reconocía como un nación pujante, valiente y emprendedora, que ya contaba con uno de los ejércitos mejor entrenados y más estratégicos del mundo, en apenas 26 años de existencia.

Recordemos que el Estado de Israel había sido creado oficialmente por las Naciones Unidas luego del genocidio nazi contra el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial, pero que en realidad fue fundado por los judíos sionistas que retornaron a su tierra ancestral desde finales del siglo XIX y mayoritariamente a partir del siguiente siglo.

En mayo de 1948, luego de la salida de los ingleses de este minúsculo territorio, las Naciones Unidas decide partirlo en una nación judía y otra árabe, lo cual Israel acepta y sus vecinos no, librándose la llamada Guerra de Independencia.

Muchos de los que pelearon y murieron en esta primera guerra eran sobrevivientes del Holcausto, que habían llegado acá durante la Segunda Guerra Mundial o al final de esta, pensemos que no tenían ni 10 años de haber sobrevivido a una de las mayores hecatombes de la historia humana, y en su mayoría eran personas que habían perdido a todos sus familiares.

Volviendo a mi historia personal, luego de esa breve estadía y por muy distintas razones, no regresé a Israel sino en 2013, cuando mi hija menor pasaba un año aquí como parte de un programa mundial para jóvenes líderes.

El país que encontré luego de 37 años no tenía ningún parecido con el que conocí en mi juventud, que yo describía “como lleno de hermosas ruinas, muchos kibutzim y pocas ciudades”.

Me encontré una nación moderna, desarrollada en grado extremo, con ciudades hermosas y gente de muchísimos países radicada aquí  o como turistas.

Con pocos kibutzim, y un enorme enfoque hacia la educación y la creatividad, principalmente en el área de la alta tecnología, ya que de este pequeño y próspero país han salido algunas de las mayores innovaciones que el mundo utiliza hoy. Ni se diga de los avances científicos en medicina y otras áreas, que hacen de Israel una potencia en el conocimiento.

Ese viaje turístico me permitió relacionarme con el actual Israel y luego de que mi hija confirmara su decisión de vivir acá, los otros dos viajes que hice para verla, empezaron a alimentar nuevamente ese deseo de permanencia surgido a mis 18 años.

En Israel existe la llamada Ley del retorno, que le permite a toda persona que demuestre que uno de sus cuatro abuelos fue judío, vivir en este país mediante el proceso conocido como Aliah, implementado por el gobierno israelí desde la creación del Estado judío, como respuesta a las políticas antisemitas del nazismo, que utilizaron la misma fórmula para asesinar a seis millones de judíos.

Mi decisión de vivir en Israel tiene entonces muchas ramificaciones, que van desde lo muy personal hasta lo ideológico, y que me llevaron a hacer mi Aliah en noviembre del año pasado.

Aunque aun no he empezado a trabajar ni tengo idea de en qué lo haré, el próximo mes tomaré el curso de hebreo que el gobierno le da gratuitamente a cada nuevo inmigrante durante cinco meses, para que se familiarice con este hermoso idioma y pueda adaptarse a la sociedad israelí.

Mientras tanto, he estado acomodándome en mi nueva casa, disfrutando de pasear por las calles de la ciudad donde vivo, sorprendiéndome cada día con esta sociedad vibrante, abierta, diversa y única.

Israel sigue siendo fuente de noticias casi todo el tiempo, lamentablemente la mayor parte de este, se le retrata solo en función del conflicto con los palestinos, olvidando que como un país próximo a celebrar apenas 70 años de vida, le ha dado al mudo y le sigue dando, aportes invaluables que la mayoría desconoce.

Como actual ciudadana israelí, sé que esta sociedad no es perfecta y que ninguna lo es, pero en las calles la gente camina contenta, los niños van solos a la escuela en autobuses, y las casas no tienen una sola reja, no hay atentados con armas entre israelíes y mucho menos atacantes que entren a instituciones educativas, cines o sitios de culto o entretenimiento, dejando decenas de muertos entre sus conciudadanos.

No dudo que hay un serio conflicto con los palestinos y como muchos, apoyo una una solución de dos estados, pero el peso y repudio internacional que muchas veces recibe Israel acerca de este asunto es descomunal, si se ve lo que han tardado naciones con cerca de 250 años de vida en resolver otros que atañen a sus ciudadanos, como es el caso de la discriminación hacia los afroamericanos, por ejemplo.

Juzgar desde afuera es fácil, ver los errores de otros y señalar es muchas veces una especie de divertimento para no ver los propios. Como todo país, Israel tiene los suyos, pero también tiene mucho, mucho más que eso. Y como todo país tiene derecho a sus decisiones, para eso tiene un sistema democrático y parlamentario.

Ahora que vivo aquí cada día estoy más convencida de que mi decisión fue correcta.

 

 

 

 

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